“Que fuera el mundo entero una juguetería”

Noche en que los niños desean

La noche del 5 de enero, como la que nos espera hoy, es dueña de una magia que a lo largo y ancho del tiempo y del mundo ha inspirado a muchísimos creadores en distintas ramas: pintura, música, poesía. Uno de los más grandes poetas españoles, Miguel Hernández (1919-1942), reflejó la pobreza de un niño –seguramente la propia- cuya ilusión luchaba, cada año por esta fecha, contra la realidad económica de su hogar. Lo que sigue es un fragmento de uno de sus poemas alusivos al tema:
Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría…
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana,
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto,
hasta cubrir de sal mi piel…