Qué importante es darse cuenta

«A ver José, atendé a la señora. Ah ¿entonces consulta pero solo está mirando? Entonces no vengas  José, porque la señora no va a comprar nada”, fueron las palabras de una joven empleada de uno de los comercios más importantes del centro de la ciudad, que ofrece todo tipo de productos para la casa.

Por esa razón, la mujer que había ingresado al comercio en busca de regalos para una tía abuela suya, a la que iría a visitar en Montevideo y por ende, pensaba en llevarle un obsequio, se dio media vuelta y siguió, azorada con la contestación al preguntar por un precio.  Aunque ese infortunio vivido con un empleado del lugar, no le detuvo y eligió para su pariente, lo que se había propuesto.

Este tipo de cosas son las que distinguen a una persona de su condición de pobre diablo, traumado, o resentido. No es elcarteramero hecho de ser empleado de otro y no haber tenido la capacidad suficiente de soltarse por sí mismo lo que lo hace mejor, sino sus ganas de superarse en la vida, su forma de conducirse, su manera de hablar con la gente y de tratar con los demás lo que lo distingue.

Yo estoy convencido de que la pobreza es mental, y de que en este momento de la historia por la que estamos atravesando, solamente quien se limita a sí mismo, es quien  sella su propia suerte.

En ese aspecto, al escuchar ese comentario me pareció muy vago, muy fuera de lugar y pensé que esa persona era alguien de pocos modales que no merece estar en el lugar en el que se encuentra, porque cuando uno ocupa un rol en la vida debe tratar de hacerlo en serio, con responsabilidad y compromiso, de lo contrario, debe quedarse en casa tomando mate y viendo pasar las cosas sin mover un dedo, que es mejor. Porque expone la misma pobreza de vida que la manifestó tratando de esa manera a una persona.

No me interesa el consumismo, ni el nombre de esta empleada en particular, sino  tratar de aportar a una discusión que como sociedad deberíamos tener todos, y es ¿hacia dónde vamos? ¿Qué queremos de la vida? ¿Por qué nos encorsetamos y vivimos castrados con las limitaciones que nosotros mismos nos ponemos porque pensamos que soñar y querer alcanzar las cosas que hay en el mundo son una ambición que no merecemos?

Por otro lado, deberíamos pensar si lo que hacemos nos hace felices. Si no es poco cuando en realidad podemos dar más. Si no estamos afectando a lo demás con esa decisión de ser parcos, negativos y poco inteligentes que hemos tomado y que marca el ritmo de nuestras vidas.

Por supuesto que no lo hacemos. Nunca pensamos en parar del todo y volver a empezar, en dejar de hacer lo que consideramos que no nos aporta y que solamente nos genera una mochila que se hace cada vez más pesada y difícil de llevar, que no queremos compartir con nadie, y que no deseamos tener más sobre los hombros.

Sin embargo, lo seguimos haciendo. Vamos y venimos todos los días como si nada pasara. Como si hubiera que empujar del carro todos los días, durante años, esperando jubilarnos para empezar a quejarnos más de que nada nos alcanza, porque en realidad no hemos hecho nada con nuestra vida para tener lo que queremos y entonces eso nos frustra del todo al final del camino, porque lo único que hicimos fue trabajar y trabajar, ¿para qué? ¿Para quién?

Seguramente que si lo único que hicimos fue trabajar, aportar, darle todo nuestro tiempo a alguien, y no nos ocupamos de ser felices, haciendo lo que nos gusta, alcanzando nuestros sueños y cumpliendo nuestras metas, iremos a terminar como la pobre muchacha esa que le contestó a la mujer que no la atendían porque no iba a comprar nada en la empresa para la cual ella trabaja, y entonces entendió que esa mujer podía ser objeto de destrato.

Con el paso de los años estoy cada vez más convencido de que cada uno es dueño de su propio destino. Si uno quiere estar parado en el mismo lugar durante años y perder su vida de esa manera, después no habrá tiempo para lamentos, porque el tiempo es hoy. Y si no lo aprovechamos siendo buenos con nosotros mismos, valorándonos, haciendo respetar nuestro lugar en el mundo, nuestras decisiones y dejando claro qué es lo queremos, seremos rehenes de las decisiones de los demás, y eso lejos de hacernos libres, nos hará esclavos, y si llegamos a ese estado, entonces no habremos aprendido nada de la vida y eso es algo muy triste.

Por eso, la actitud de esta joven me dio vueltas en la cabeza y me hizo pensar dónde quiere estar parada una persona que actúa así para con los demás, con dejo de mezquindad, siendo tan endeble su lugar en el mundo y su rol en nuestra sociedad, debería tratar de ocuparse de reforzarlo, de mejorarlo, de superarse y de generarse para sí misma mejores condiciones de vida, porque si lo logra, si se ayuda a sí misma, seguramente que ayudará mucho más a quienes le rodean y su paso por el mundo no será tan minúsculo, como quizás lo sea hoy.

Las cosas materiales, el consumismo, el tener cada vez más, el apellido, el ser el hijo de, esas cosas no importan, son absurdas, lo que sí importamos somos nosotros mismos hoy y mañana, de lo contrario habremos vivido sin sentido alguno y lo triste, es que nos daremos cuenta recién al final del camino.