Que la inocencia les valga

Caminaba por calle Artigas y Sarandí, era un jueves soleado por la tarde, donde mucha gente iba y venía por distintas razones, además de que era un día ideal para disfrutar de la primavera, cuando de repente veo pasar una camioneta de la Policía. En la caja, iban tres efectivos sentados sobre la baranda, bien agarrados por las dudas que al chofer le de por frenar y en el caso de que se caigan no cuentan el cuento. Ergo, nos quedaríamos con menos policías de los que ya hay, que encima que son insuficientes en cantidad para cubrir las necesidades que tiene la ciudad en materia de seguridad, pasaría a ser un problema más para la institución porque es la responsable del estado de salud de sus funcionarios cuando están en horario de trabajo.
Pero el hecho es que en el medio de estos funcionarios, iba sentado un hombre joven, con rasgos de ‘soy conocido en esta ciudad porque vivo acá y todo el mundo puede saber quien soy’. El tipo tenía cara de ‘no me miren porque soy inocente y esto es una confusión’, pero como dice el dicho marche preso. Iba esposado a la vista de todo el mundo y en ese sentido, era sospechoso para todo el que lo mirara.
Por más que entre y salga porque todo ha sido una confusión, el sujeto tiene que ir esposado porque la policía tiene que cumplir con su traslado hasta la sede policial de esa manera, ya que así lo dice el protocolo que manejan, pero que no les da las herramientas necesarias como para hacerlo sin causarle un daño al detenido. Entonces lo tienen que pasear por el centro de la ciudad, cosa de dejarlo bien escrachado y si se comprueba que el pobre tipo no tiene nada que ver con lo que se lo acusa, ya pasó a ser igualmente un delincuente más.
Así que si va al día siguiente a pedir trabajo a algún lado y por cierta razón, alguien lo vio justito cuando pasaba en el móvil policial, esposado y con tres policías que lo custodiaban como si fuera la hija de éstos que salía a bailar por primera vez, y entonces quedó fichado y seguro que no lo toman ni para servir el agua.
Pero ¿De quién es la responsabilidad de que éstas cosas pasen? ¿Qué necesidad tiene la Policía de exponer a los sujetos que detiene para investigar un caso? ¿Por qué la Policía que tiene una estricta política de limitación de la información pública, dando a conocer apenas las iniciales de las personas que son procesadas por delitos para no estigmatizarlas, hace cosas como éstas de quemar a un pobre diablo, que quizás hasta fue detenido por algo que no tenía nada que ver y tiene que soportar ser puesto ante la vista del público como un delincuente peligroso?
En Uruguay rige un principio que es más conocido que respetado y que básicamente es incumplido todo el tiempo por los poderes públicos, que es el principio de presunción de inocencia. El que dice: todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Pero acá no es así. Para el Estado, cualquiera es culpable hasta que demuestre ser inocente. Y si lo logra, el Estado no se rectifica ni pide disculpas, directamente no dice nada y hace como si nunca hubiera cometido un daño contra nadie, dejando a la viveza de cada uno, la posibilidad de iniciar acciones para hacerlo saber.
Pero además, existe otro principio, el de no estigmatización de las personas para evitar la revictimización de las mismas, en el caso de haber sido víctimas de delitos o incluso victimarios a los que el sistema, por mandato legal, los debería recuperar.
Este tipo de cosas que nos enseñan en la Facultad son las que no se cumplen jamás. Es como los plazos en el proceso, los tiempos que maneja el Código, nunca fueron los que se llevaron adelante en la vida real. El sistema de administración de justicia no es como te lo cuentan en los libros cuando uno estudia abogacía, es mucho más duro, complicado, enredador, complejo y dañino, porque lo que hace es causar un perjuicio al justiciable que con suerte pasará solamente pocos años tratando de obtener un resultado, que cuando llega, si es que llega, ya no sirve porque la realidad en todo ese tiempo cambió tanto, que da lo mismo que el juez se expida o archive todo y a otra cosa.
Aunque volviendo al tema de la estigmatización de las personas y del principio de presunción de inocencia, los poderes públicos hacen todo lo contrario, como la justicia respecto a las normas que la rigen, de lo que debería ser la cuestión.
Porque si por un lado toma medidas para que nadie se entere de quien o quienes han sido procesados, investigados, detenidos o encausados por un hecho determinado, que en algunos casos son eventos de interés público y que a los medios nos interesaría informar, por otro lado, hacen cosas como esas, de detener a una persona, esposarla, tratarla mal y denigrarla, como todo lo que debe significar una detención policial y encima, exponerlo ante la sociedad llevándolos en camionetas descubiertas, esposados a la vista de todo el mundo y ganando en cierta medida, el desprecio público de manera innecesaria.
En ese aspecto, los poderes públicos, deberían ser más cuidadosos por el respeto a sus ciudadanos, porque más allá de que muchas de las personas que se encuentran en esa situación, posiblemente sean autoras de los casos por los que se los investiga, merecen mantener el respeto que el principio invocado para regir este tipo de procedimientos, como el caso de la inocencia o de la no estigmatización.
Porque hasta que se demuestre lo contrario, las personas que son procesados no son culpables sino hasta que en el curso de un juicio penal que comienza a desarrollarse con el procesamiento, sean encontradas culpables del delito que se les tipifica al comienzo de la investigación, por lo tanto, siguen siendo inocentes hasta que se les demuestre lo contrario.
Pero entonces porqué el Estado ejerce prácticas incoherentes como las de pedir por un lado, la reserva de la identidad de las personas, argumentando el interés de no estigmatizarlos y por otro lado, los expone públicamente como si fueran peligrosos.
Son cosas que los encargados de hacer cumplir las normas en nombre de las instituciones deberían revisar antes de poner exigencias y cortapisas al trabajo periodístico, porque están borrando con el codo lo que escriben con la mano y en todo caso, hasta haciéndole honor a nuestro presidente, aplicando la máxima de “como te digo una cosa, te digo la otra”.

Caminaba por calle Artigas y Sarandí, era un jueves soleado por la tarde, donde mucha gente iba y venía por distintas razones, además de que era un día ideal para disfrutar de la primavera, cuando de repente veo pasar una camioneta de la Policía. En la caja, iban tres efectivos sentados sobre la baranda, bien agarrados por las dudas que al chofer le de por frenar y en el caso de que se caigan no cuentan el cuento. Ergo, nos quedaríamos con menos policías de los que ya hay, que encima que son insuficientes en cantidad para cubrir las necesidades que tiene la ciudad en materia de seguridad, pasaría a ser un problema más para la institución porque es la responsable del estado de salud de sus funcionarios cuando están en horario de trabajo.

Pero el hecho es que en el medio de estos funcionarios, iba sentado un hombre joven, con rasgos de ‘soy conocido en estajusticia ciudad porque vivo acá y todo el mundo puede saber quien soy’. El tipo tenía cara de ‘no me miren porque soy inocente y esto es una confusión’, pero como dice el dicho marche preso. Iba esposado a la vista de todo el mundo y en ese sentido, era sospechoso para todo el que lo mirara.

Por más que entre y salga porque todo ha sido una confusión, el sujeto tiene que ir esposado porque la policía tiene que cumplir con su traslado hasta la sede policial de esa manera, ya que así lo dice el protocolo que manejan, pero que no les da las herramientas necesarias como para hacerlo sin causarle un daño al detenido. Entonces lo tienen que pasear por el centro de la ciudad, cosa de dejarlo bien escrachado y si se comprueba que el pobre tipo no tiene nada que ver con lo que se lo acusa, ya pasó a ser igualmente un delincuente más.

Así que si va al día siguiente a pedir trabajo a algún lado y por cierta razón, alguien lo vio justito cuando pasaba en el móvil policial, esposado y con tres policías que lo custodiaban como si fuera la hija de éstos que salía a bailar por primera vez, y entonces quedó fichado y seguro que no lo toman ni para servir el agua.

Pero ¿De quién es la responsabilidad de que éstas cosas pasen? ¿Qué necesidad tiene la Policía de exponer a los sujetos que detiene para investigar un caso? ¿Por qué la Policía que tiene una estricta política de limitación de la información pública, dando a conocer apenas las iniciales de las personas que son procesadas por delitos para no estigmatizarlas, hace cosas como éstas de quemar a un pobre diablo, que quizás hasta fue detenido por algo que no tenía nada que ver y tiene que soportar ser puesto ante la vista del público como un delincuente peligroso?

En Uruguay rige un principio que es más conocido que respetado y que básicamente es incumplido todo el tiempo por los poderes públicos, que es el principio de presunción de inocencia. El que dice: todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Pero acá no es así. Para el Estado, cualquiera es culpable hasta que demuestre ser inocente. Y si lo logra, el Estado no se rectifica ni pide disculpas, directamente no dice nada y hace como si nunca hubiera cometido un daño contra nadie, dejando a la viveza de cada uno, la posibilidad de iniciar acciones para hacerlo saber.

Pero además, existe otro principio, el de no estigmatización de las personas para evitar la revictimización de las mismas, en el caso de haber sido víctimas de delitos o incluso victimarios a los que el sistema, por mandato legal, los debería recuperar.

Este tipo de cosas que nos enseñan en la Facultad son las que no se cumplen jamás. Es como los plazos en el proceso, los tiempos que maneja el Código, nunca fueron los que se llevaron adelante en la vida real. El sistema de administración de justicia no es como te lo cuentan en los libros cuando uno estudia abogacía, es mucho más duro, complicado, enredador, complejo y dañino, porque lo que hace es causar un perjuicio al justiciable que con suerte pasará solamente pocos años tratando de obtener un resultado, que cuando llega, si es que llega, ya no sirve porque la realidad en todo ese tiempo cambió tanto, que da lo mismo que el juez se expida o archive todo y a otra cosa.

Aunque volviendo al tema de la estigmatización de las personas y del principio de presunción de inocencia, los poderes públicos hacen todo lo contrario, como la justicia respecto a las normas que la rigen, de lo que debería ser la cuestión.

Porque si por un lado toma medidas para que nadie se entere de quien o quienes han sido procesados, investigados, detenidos o encausados por un hecho determinado, que en algunos casos son eventos de interés público y que a los medios nos interesaría informar, por otro lado, hacen cosas como esas, de detener a una persona, esposarla, tratarla mal y denigrarla, como todo lo que debe significar una detención policial y encima, exponerlo ante la sociedad llevándolos en camionetas descubiertas, esposados a la vista de todo el mundo y ganando en cierta medida, el desprecio público de manera innecesaria.

En ese aspecto, los poderes públicos, deberían ser más cuidadosos por el respeto a sus ciudadanos, porque más allá de que muchas de las personas que se encuentran en esa situación, posiblemente sean autoras de los casos por los que se los investiga, merecen mantener el respeto que el principio invocado para regir este tipo de procedimientos, como el caso de la inocencia o de la no estigmatización.

Porque hasta que se demuestre lo contrario, las personas que son procesados no son culpables sino hasta que en el curso de un juicio penal que comienza a desarrollarse con el procesamiento, sean encontradas culpables del delito que se les tipifica al comienzo de la investigación, por lo tanto, siguen siendo inocentes hasta que se les demuestre lo contrario.

Pero entonces porqué el Estado ejerce prácticas incoherentes como las de pedir por un lado, la reserva de la identidad de las personas, argumentando el interés de no estigmatizarlos y por otro lado, los expone públicamente como si fueran peligrosos.

Son cosas que los encargados de hacer cumplir las normas en nombre de las instituciones deberían revisar antes de poner exigencias y cortapisas al trabajo periodístico, porque están borrando con el codo lo que escriben con la mano y en todo caso, hasta haciéndole honor a nuestro presidente, aplicando la máxima de “como te digo una cosa, te digo la otra”.

Hugo Lemos