¿Qué pasa por nuestras cabezas cuando llega la Navidad?

¿Cuándo nace el espíritu navideño? No lo sabemos con exactitud. Sí podemos reaccionar ante el mismo, cuando vemos ese movimiento inusual en los comercios, deseando hacer muchas cosas antes de que llegue Navidad… ¡hasta que llega!
Pensamos dónde vamos a reunirnos con la familia, en la cena, incluso en qué ropa vamos a lucir.
Pero nunca pensamos demasiado en cómo nos sentimos. En nuestro propio estado de ánimo y si realmente estamos preparados para disfrutar de esa gran fiesta.
Con personas en nuestro entorno, que esperan ansiosos por ella, también con algunas deprimidas, que no sintiéndose nada bien, hasta piensan en un suicidio, cuando se acerca esta fecha.
Este es nuestro tema de hoy con la Psicóloga Ana Claudia y esto nos decía:

Con la Psicóloga Ana Claudia Acosta. Psicóloga del Consejo de Educación Inicial y  Primaria

Con la Psicóloga Ana Claudia Acosta. Psicóloga del Consejo de Educación Inicial y Primaria

“Podemos ver en las estadísticas, en donde se producen mayor número de suicidios, es cercano a las fiestas. Y en el consultorio, donde más ocurren las consultas.
Aunque veamos a mucha gente junto al entusiasmo, el consumismo de las compras, tratando de organizarse con quién va a pasar, (que también eso incide en que se estrese), ya que no todos tienen familias unidas o familiares.
Comienzan a fijarse en qué les faltó hacer, qué han logrado.
Siempre viendo ese vaso medio vacío, en vez de comenzar a proyectarse y notar qué fue lo que logró y lo que no pudo, tratando de lograrlo para el año entrante.
Por eso, hay como un borbollón de emociones que se conjugan: hacia afuera con una sonrisa, por dentro, con muchas tristezas, cicatrices y rencores. Allí aparecen las ausencias.
En vez de pensar en lo lindo de reunirse con quienes quiere, comienza a remover sensaciones o situaciones, que pasaron y no le favorece.
Muchas veces sucede cuando la persona tiene conflictos latentes y un entorno que va propiciando porque a veces el hecho de sentarse a la mesa, se comienza a recordar la ausencia de tal o cual persona. No solamente la ausencia por un fallecimiento, sino por distanciamientos o problemas familiares. Hay algún integrante de la familia, que nosotros a simple vista no podemos detectar, que está absorbiendo y absorbiendo toda esa carga emocional, que puede derivar en un intento de autoeliminación o en algún grado de agresividad hacia algún integrante del entorno familiar.
¿El alcohol, influye?
Sí. Al acercarse las fiestas, hay personas que buscan como excusa, refugiarse en él, produciendo tantos problemas.
Hay también un gran alcoholismo encubierto, dando una conducta agresiva, de autoagresión, hacia esa persona y las consecuencias a nivel del comportamiento.
Y allí es donde conlleva el aumento a la violencia doméstica, a los accidentes de tránsito y a sacar muchas veces, lo que ha reprimido.
La euforia y a veces los sentimientos de agresividad hacia otros, comienzan a florar, justamente con que “viene Navidad, y algo vamos a tener que tomar”.
¿Pueden lograr hacer algo los demás integrantes de la familia?
Muchas veces pasa que las personas que exteriorizan lo que sienten hablando de algún integrante, son las personas que lo canalizan.
Aquel otro que está sentado, escuchando, que muchas veces son adolescentes o adultos mayores, que llegan a este estado, ni siquiera queriendo el festejo: “bueno, a esta edad ya no festejo”, como evadiendo el paso de los años.
O siente que ya no tiene “tiempo para”. Comienzan a movilizarse un montón de sentimientos o emociones.
Y muchas veces, como ahora están las redes sociales, se muestra feliz. Para la foto sonríe, pero interiormente, está teniendo una presión que es bastante importante.
¿Qué preguntas surgen en el consultorio?
En estas últimas dos semanas, es cuando la gente me dice que quiere estar entero para pasar “esto”.
Y están las otras, que tienen un carácter más fuerte: “yo no voy a caer en el modismo social de escoltarme o de ir a alguna casa de alguna persona que no quiero”.
Y lo más sano, es no hacerlo.
Porque caemos en lo mismo. En estados depresivos o de intento de autoeliminación, por sentir que otras personas me están obligando a hacer algo que yo realmente no quiero y me siento incómodo. O enfermo: somatizando. Antes de que ocurra de que me obliguen a ir a determinado lugar, “me enfermo”, realmente con síntomas físicos.
Pero denota en una clara situación de estrés a nivel sicológico.
¿Qué se hace en estos casos?
Lo más recomendable es que todo el grupo familiar esté atento con las personas que tienen las características de la que hablamos: se recluyen, escuchan mucho y hablan poco, y que siempre se acuerde con el grupo familiar, el poder expresarse y poder elegir, “si quiero o no quiero compartir con otras personas”.
¿Está bien que se niegue?
Si no quiere ir, es lo más sano que puede hacer.
Ni por “fulanito”, ni por “menganito”. No.
Está bueno que se sepa: que jamás debemos ir a un espacio obligados.
Lamentablemente a los niños, sí los obligamos y muchas veces por estar obligándolos, no se sienten bien.
Pueden en ese caso, tener secuelas. Ya sea porque la persona puede estar en esta situación depresiva que también puede arrastrar al grupo familiar. Y es mejor, si queremos ir a ese espacio, hablar y allanar el camino, antes de llevar al resto de la familia, para que no se produzca un contagio, en relación al estado de depresión.
Cada familia tiene su particularidad, pero no es recomendable cuando sentimos que estamos poniendo en riesgo, en vulneración a un integrante de la familia. Se pasa en discusiones, varios integrantes toman y se producen riñas o dificultades a nivel verbal.
¿Pasa mucho en el adolescente?
Tenemos que ver también de que no sea un capricho.
No quiere ir, porque se quiere ir con sus amigos y en ese caso se le explica, porque allí ya juegan un papel preponderante los valores de la familia.
Llegar a un acuerdo de que: “primero cenas con nosotros y luego te llevo a donde están tus amigos”.
¿Cómo podemos identificar a la persona que piensa en el suicidio?
Está, pero no está.
Participa, porque el cuerpo está en ese espacio, pero hay como una mirada muy perdida y no hay una intervención de su parte en conversaciones.
Si uno conoce a una persona y a lo largo del tiempo, ha habido un deterioro, una inexpresividad, es ahí donde tenemos que poner mayor énfasis.
¿Sucede en todas las edades?
Lamentablemente sí.
Estamos haciendo mucho enfoque en los niños, donde difícilmente el adulto, dé importancia a sus manifestaciones.
Podemos notar en un niño deprimido, las mismas patologías sicológicas que un adulto, manifestándolo diferente.
Con diagnósticos de hiperactividad o déficit de atención.
Hoy podemos notar mucho la autoflagelación o los suicidios parciales: lastimarse con la hoja de un sacapuntas, o tomar algún objeto punzante y comenzar a lastimar su cuerpo.
Se han multiplicado estas situaciones, ya sea por problemas familiares o el típico bullying escolar.
“Nadie me quiere, yo no encajo en el grupo, mi familia me ha abandonado”, sintiéndose solos. También ocurren situaciones a través de las redes sociales, donde niños “cabecillas de grupos” mandan a los otros niños, a lastimarse en la casa.
Estos evitan el contacto con otras personas y la situación se vuelve imperceptible.
Y pasa en todas las esferas sociales. Porque un niño, puede tener una galleta solamente para comer, pero si tiene un abrazo un “te quiero, ¿cómo te fue hoy?”, no sucede.
Aún con el oro del mundo, ropa de marca, no hay un afecto presente y se sienten abandonados.
En Uruguay, el suicidio es la tercera causa de muerte y en Salto, ha habido tres casos en niños en este año.
Suicidios parciales
Son aquellos niños, que con ocho años, andan en moto, (¡un arma!), corriendo picadas.
Hacen que la vida pueda pender de un hilo, porque de alguna manera, hay cosas que no han hecho que ese niño la valorara y quiera morir.
Es una falta de interés total de la vida y somos los adultos los que no estamos propiciándolo. Ya el hecho de permitir que un niño o adolescente tome un vehículo, le estamos entregando un arma cargada. Y ahí está el adulto demostrando que: “no te quiero”.
No es, “te quiero porque te compré una moto o te dejé usar la mía”, es: “tu vida poco me importa, hacé lo que quieras”.
Un cambio social impresionante tenemos que hacer.
¿Un balance de nuestro estado de ánimo?
Valorar que tenemos resiliencia, limpiando rencores. Quiere decir que, liberamos la carga y empezamos a dejar ir, desarraigándonos del pasado”.
Mary Olivera.







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