Que se respeten todos los derechos

Cuando el año pasado tuve el honor de participar del primer ciclo formativo de periodismo y derechos humanos en el Centro de Formación de la Cooperación Española en Montevideo, pude conocer a varias personalidades que han luchado a lo largo de los años por los Derechos Humanos, esos militantes acérrimos que no han tenido días ni descanso y que se han puesto las pilas para defender lo que creen como algo que va de la mano con los valores que pregonan.derechos
Pero si será así, si lo habrán visto como algo que realmente les preocupa y les ocupaba y hasta les desvelaba el tiempo, que no se han puesto el mote de militantes en defensa de los derechos humanos porque sí nomás, sino que se encargaron de instruirse, hacer cursos, aprender y formarse en derechos humanos para poder defender con fundamento lo que creían que tenían que era un deber de sus vidas.
Entre esas personalidades que encontré durante el curso, había muchos periodistas, que se han formado para ser periodistas, leen, se preparan, aprenden nuevas técnicas sobre cómo mejorar la manera de hacer comunicación y de ejercer el periodismo que no son la misma cosa pero que van de la mano, y también con personas que se han dedicado a formarse cada día en derechos humanos, porque saben que los mismos no se transgredieron hace solamente 40 años, sino que también se transgreden cada día y no solo en Tanzania o en Estados Unidos, también se violan en nuestro país.
Allí pude conocer a gente como Belela Herrera, que fue vicecanciller del primer gobierno de Tabaré Vázquez hoy en sus palabras “más alejada que nunca de la política partidaria”, a Soledad García Muñoz, abogada española especializada en derechos humanos, Juan Miguel Petit, hoy Comisionado Parlamentario para las cárceles, no por casualidad en ese cargo por el cual concursó, entre otros varios que no podría nombrar porque son muchos pero con los que realmente me encantó conocer, charlar, comentar cosas y hacerles planteos.
Como el día en que una de las clases estuvo a cargo de la Directora de DDHH de la Cancillería, Silvana Lesca, actual pareja del vicepresidente Raúl Sendic, a quien le reclamé que hablara con Sendic por la situación que viven los niños que están en estado de reclusión en las cárceles, porque a ellos principalmente les estamos vulnerando todos sus derechos, están aprendiendo códigos de convivencia que no son los mejores para su crecimiento y lo peor de esto, que la situación la viven dentro de la órbita del Estado, donde es el propio sistema el que por acción u omisión avala estas cosas.
Pero un buen día llegué con algo de frío, todavía era invierno y el aire del mar se hacía sentir con fuerza. Los cursos comenzaban a las 9 de la mañana en la Ciudad Vieja, pero yo llegaba de Salto a eso de las 6 a la terminal y tenía que hacer el aguante. Cuando entré saludé a los de siempre y algunos de los que ya mencioné, y estaba ella. No la conocía pero me saludó muy calurosamente, sobre todo cuando Belela le dijo que yo venía cada 15 días desde Salto, haciendo 500 kilómetros para estar presente y era algo loable en estos tiempos que corren. Yo me sentí orgulloso, porque no había notado hasta entonces, cuánto les importaba que un desconocido llegara desde el norte y se sentara en el montón de atrás. Pero me tenían bien identificado.
Pasó el primer panel, el curso constaba de dos panales y una conferencia final, cada clase que se dictaba cada 15 días desde mayo hasta octubre del año pasado. Cuando empieza el segundo panel esa señora, morocha, baja, con voz ronca quizás de tanto fumar y muy bien hablada, pero sobre todo por la simpleza con la que manejaba conceptos profundos, cautivó al auditorio.
Se llamaba Silvia Izquierdo, abogada del Ministerio de Relaciones Exteriores, especializada por formación y convicción de toda una vida en derechos humanos. Lo primero que nos fue su historia y recordó cuando a principios del año 85 consiguió una beca y un permiso para viajar junto con varios de los que allí estaban a Costa Rica, a formarse en Derechos Humanos. Uruguay salía de la dictadura y seguían marcando gente, y tanto a Silvia como al resto los tenían bien identificados. Pese a ello, no bajaban los brazos y cuando volvían al país había un agente de inteligencia militar, que tan inteligente no era porque lo conocían todos, que contaba con la planilla de pasajeros en la mano y los iba tachando de a uno.
Más allá de todo, todos ellos sabían que Uruguay tenía un gran debe con los derechos humanos y que era muy importante seguir formándose. Lo hicieron y junto a movimientos sociales, lograron en el devenir de los años conquistas importantes en esta área.
Pero Silvia contó una anécdota digna de ser recordada y fue cómo se gestó el discurso de pedido de perdón del Estado Uruguayo, luego de la sanción internacional de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, por el caso de Macarena Gelman. Ella era asistente y amiga del actual ministro del Interior, Eduardo Bonomi y así empezó todo.
“Era sábado de tarde, estábamos en casa tomando mate con él y Susana (esposa de Bonomi) y el Bicho (así le apodan al ministro) estaba mirando a Nacional que jugaba no me acuerdo con quién. ¿Y le dije, viste eso de la Corte Interamericana (la sanción al país por el caso Gelman)?”. Y me dijo “sí, qué cagada”. Bueno, yo tengo un articulito que escribí, si te sirve, te lo paso. Es una idea, le dije. “Dale, pasámelo”.
Izquierdo contó que a los cuatro días más o menos, recibió una llamada. Era de la Presidencia de la República. “Me van a echar pensé”, nos dijo. La citaron a una reunión en la que estaban Bonomi, Almagro (entonces canciller), el entonces secretario de la Presidencia, Homero Guerrero y otros más que ella citó pero que yo no me acuerdo. Allí le hicieron hablar y explicar qué había pretendido decir con esa declaración. Ella reafirmó que Uruguay debía pedir perdón por lo actuado en la dictadura, exigir verdad y justicia, y comprometerse a un nunca más. Y por altoparlante siente una voz que no estaba en el cuarto, “me gusta, dejémoslo así y eso es lo que voy a decir”.
Era José Mujica, el presidente, quien estaba escuchando desde su despacho todo lo que se hablaba allí. Silvia Izquierdo, manifestó que quedó asombrada y que esa voz que venía “como de ultratumba me hizo temblar, pero también me dejó contenta, porque teníamos una deuda menos con la humanidad y yo había sido sin quererlo, la redactora oficial”.
En noviembre del año pasado nos dejó Silvia, una gran militante de los derechos humanos que creí justo homenajear hoy 27 de junio, día en que se dio el Golpe de Estado, pero en el que recuerdo también a mi abuelo José que falleció un día como hoy pero de 1991, trabajador incansable. Y también es un día para pedirle al gobierno que termine con las inequidades y que actúe para que los niños y niñas que están siendo vulnerados en sus derechos humanos más elementales, como el de tener una casa digna, acceso a la educación, la salud y la alimentación, puedan tenerlo de una buena vez.

Hugo Lemos

 







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