Quince años en España, aunque “nunca dejé de estar del todo acá”

Daniel Emmenegger nació en Salto, en 1962. Retratista. Nos animamos a sostener que sus dotes artísticas sólo pueden hallarse en Peloduro, si se piensa en dibujantes salteños de todos los tiempos. Hace 15 años está radicado en España y en estos días estuvo en Salto, adonde no había retornado desde su partida. En diálogo con EL PUEBLO cuenta que “Hace quince años me fui a España pero antes estuve otros tantos años vagabundeando por Montevideo, San José… hasta hice un pequeño intento de volver a Salto y después decidimos irnos con mi mujer y nos afincamos allí en Vigo, en Galicia”.
¿Qué contacto
mantiene
con Salto?
Internet siempre me permitió estar conectado al Uruguay y a Salto en especial, estar atento a lo que pasa en mi pueblo, y si bien estuve lejos nunca dejé de estar del todo acá. Por supuesto que es diferente, estar acá es a cada paso una historia, un hecho, sucesos… y la vida cotidiana, que no se puede alcanzar por Internet, es la gran falla de la red. Pero por lo demás, en cuanto a cultura, a movimiento, a todo lo que se ha hecho acá en Salto, que es mucho, siempre estuve atento. Ahora por ejemplo, sumergirme acá es fantástico, es otra dimensión, y veo que Salto ha crecido muchísimo.
En el terreno del dibujo,
¿cómo se define
a sí mismo?
Básicamente me gusta el retrato, es un punto de partida para todo lo demás, es más, siempre que intenté otro tipo de obra  partí del retrato, por todo lo que da, no es solo un retrato, una imagen, sino que es una imagen y una historia detrás, cada retrato, cada historia, cada rostro, es el punto de partida de un montón de caminos, eso es lo que me atrae…
Existen retratos más “realistas”, por llamarlos de alguna manera, y otros que apuntan a una mayor libertad del creador, ¿dónde se ubican los suyos?
En mi caso sin dudas que en lo artístico, al usarlo como punto de partida empezás a explorar tus propias fantasías, tus propias imágenes, y tratás de meterte en el mundo de esa persona y ya perdés la noción de lo que es tuyo y lo que es del otro, entonces te sumergís en un mundo que es increíble. Para mí, del retrato no solo sale el retrato en sí mismo, sino que cobra otra dimensión de esa otra persona, se convierte en un paisaje, un paisaje humano. Como ejemplo podemos nombrar a Arcimboldo que hacía retratos con lechugas, tomates, con hortalizas; fue uno de los que me inspiró en la infancia, entonces detrás de una cara, de un gesto, de una actitud hay otras cosas que van añadidas. Terminé de comprender un poco eso con mi maestro en Montevideo, Jorge Damiani, que me hizo ver ese tipo de visión y fue en lo que más me sumergí. Para mí el retrato es el inicio y el final, pero en el medio hay un paisaje.
Pero además del retrato ha incursionado en otros caminos de creación…
Sí, sí. Me he visto obligado, entre comillas, a incursionar en el diseño gráfico, la ilustración, incluso en el mundo de las computadoras, teníamos una empresa en Montevideo con unos amigos que hacíamos publicidad… y siempre tratás de aplicar lo que se trae a ese tipo de cosas.
¿Algún trabajo en
especial al que
esté dedicado
en este momento?
En este momento lo que estoy haciendo, que me tiene atrapado desde hace unos tres años, son animaciones por ordenador, estoy trabajando básicamente sobre dos cuentos, uno de Onetti y otro de Horacio Quiroga, como no podía ser de otra manera. Eso es un mundo nuevo para mí. De a poco me fue atrapando ese mundo al que le veo muchas posibilidades, sobre todo porque cuando trabajás con animaciones, puede llegar a ser una pintura animada, entonces es también una forma de ilustración. Un cuento, además de ser narrado literariamente, puede estar soportado por imágenes, eso es la ilustración, pero si damos un paso más allá, puede hacerse una animación, que sea respetuosa con el texto, que es lo más importante.
“En Salto tuve una de las aventuras más fantásticas”
Cuando vivió en Salto, ¿tuvo oportunidad de desempeñarse como dibujante?
En Salto tuve una de las aventuras más fantásticas que puede tener una persona. En mi propia ciudad, en mi pueblo, estar colaborando en una página que marcó, se podría decir con modestia, una época del Uruguay, que fue la Página Literaria de Tribuna Salteña, que dirigió brillantemente Leonardo Garet, y tuve la fortuna de estar a su lado, ser compañero de él siendo yo muy joven. Fue mi auténtico maestro y quien me hizo creer en las posibilidades que todos tenemos y reconocerme como alguien que puede expresar lo que siente. Fue algo inesperado, fue un año pero parecieron diez, fue algo fantástico, una experiencia increíble.
Recuerdo un retrato suyo del pintor y poeta Artigas Milans Martínez, ¿ese tipo de colaboraciones hacía en la Página de Tribuna?
Sí, sí, una de las tareas de la página era precisamente esa, como contábamos con medios limitados por el tipo de impresión que se hacía, teníamos que buscar una forma de representación que fuera cercana a un grabado, y yo no estaba capacitado para el grabado, era muy joven y sin experiencia, y teníamos que hacerlo con los viejos medios de la Tribuna, que imprimía con plomo, una tarea titánica que no se me olvida más, aquellas máquinas que echaban humo y fuego, era una cosa impresionante. Entonces había que hacer imágenes que fueran muy definidas, porque con la fotografía casi no podíamos contar, y eso me llevó a recrear un montón de personajes, entre ellos Milans Martínez. Recuerdo que se ofendió muchísimos con mi retrato, porque le había dibujado una ampulosa papada que destacaba desde su camisa libertaria,  y se ofendió porque él quería verse joven y fresco, pero mi visión era otra… Fue graciosísimo (risas).
Si tuviera que nombrar referentes uruguayos en su disciplina, ¿quiénes serían?
El retrato ha sido tratado de forma bastante formal por la pintura y la ilustración uruguaya. Tenemos enormes ilustradores, dibujantes, pintores, algunos más clásicos, otros más innovadores; pero mi idea siempre fue Arcimboldo, esa capacidad de crear rostros con objetos, eso me llamaba la atención. En Uruguay, referentes muchos: desde un Figari, lo racional de Torres García, Jorge Damiani, Hermenegildo Sábat, me ayudaron mucho. Sábat sería mi referente en Uruguay si tuviera que elegir un retratista, porque no me animo a llamarle caricaturista, porque lo que hace es mucho más que un retrato y que una caricatura, es una idea que la convierte en caricatura.
Decía que está trabajando con textos literarios, o a partir de ellos, ¿cuáles son sus escritores uruguayos predilectos?
Leonardo Garet el primero, porque fue un maestro, un maestro que me hizo ver y entender la literatura en un momento en que uno está nuevo ante todo, es mi primer referente. Pero tenemos escritores fantásticos en Uruguay, desde el Conde de Lautremont, Onetti, Quiroga por supuesto, figuras que viven con nosotros; Amorim, tan vilipendiado últimamente por un desgraciado escritor peruano que está haciendo leña por estrategias económicas de las editoriales…son escritores universales.
“Todos los que
hemos crecido
después de
Peloduro le
debemos algo”
Consultado sobre la importancia que le asigna al dibujante y escritor salteño Julio E. Suárez, “Peloduro”, Emmenegger reflexiona: “Fue una figura importantísima, constituyó uno de los puntales del dibujo uruguayo y todos los que hemos crecido después de Peloduro le debemos algo. No nos podemos olvidar también de Breccia, que como historietista hizo arte. Son dos figuras enormes, reconoces en ellos esa cosa que nos pasa a todos los que queremos hacer algo: esto es lo que yo quiero hacer, decís. Ves a Peloduro, esa simpleza y esa efectividad en el trazo, y decís: ¿esto cómo se hace?, esto lo pensé, lo soñé. Me pasó también eso con Alberto Breccia (padre), un uruguayo que marcó no solo el comic argentino sino internacional”.

Daniel Emmenegger nació en Salto, en 1962. Retratista. Nos animamos a sostener que sus dotes artísticas sólo pueden hallarse en Peloduro, si se piensa en dibujantes salteños de todos los tiempos. Hace 15 años está radicado en España y en estos días estuvo en Salto, adonde no había retornado desde su partida. En diálogo con EL PUEBLO cuenta que “Hace quince años me fui a España pero antes estuve otros tantos años vagabundeando por Montevideo, San José… hasta hice un pequeño intento de volver a Salto y después decidimos irnos con mi mujer y nos afincamos allí en Vigo, en Galicia”.

¿Qué contacto mantiene con Salto?

Internet siempre me permitió estar conectado al Uruguay y a Salto en especial, estar atento a lo que pasa en mi pueblo, yDaniel Emmenegger si bien estuve lejos nunca dejé de estar del todo acá. Por supuesto que es diferente, estar acá es a cada paso una historia, un hecho, sucesos… y la vida cotidiana, que no se puede alcanzar por Internet, es la gran falla de la red. Pero por lo demás, en cuanto a cultura, a movimiento, a todo lo que se ha hecho acá en Salto, que es mucho, siempre estuve atento. Ahora por ejemplo, sumergirme acá es fantástico, es otra dimensión, y veo que Salto ha crecido muchísimo.

En el terreno del dibujo, ¿cómo se define a sí mismo?

Básicamente me gusta el retrato, es un punto de partida para todo lo demás, es más, siempre que intenté otro tipo de obra  partí del retrato, por todo lo que da, no es solo un retrato, una imagen, sino que es una imagen y una historia detrás, cada retrato, cada historia, cada rostro, es el punto de partida de un montón de caminos, eso es lo que me atrae…

Existen retratos más “realistas”, por llamarlos de alguna manera, y otros que apuntan a una mayor libertad del creador, ¿dónde se ubican los suyos?

En mi caso sin dudas que en lo artístico, al usarlo como punto de partida empezás a explorar tus propias fantasías, tus propias imágenes, y tratás de meterte en el mundo de esa persona y ya perdés la noción de lo que es tuyo y lo que es del otro, entonces te sumergís en un mundo que es increíble. Para mí, del retrato no solo sale el retrato en sí mismo, sino que cobra otra dimensión de esa otra persona, se convierte en un paisaje, un paisaje humano. Como ejemplo podemos nombrar a Arcimboldo que hacía retratos con lechugas, tomates, con hortalizas; fue uno de los que me inspiró en la infancia, entonces detrás de una cara, de un gesto, de una actitud hay otras cosas que van añadidas. Terminé de comprender un poco eso con mi maestro en Montevideo, Jorge Damiani, que me hizo ver ese tipo de visión y fue en lo que más me sumergí. Para mí el retrato es el inicio y el final, pero en el medio hay un paisaje.

Pero además del retrato ha incursionado en otros caminos de creación…

Sí, sí. Me he visto obligado, entre comillas, a incursionar en el diseño gráfico, la ilustración, incluso en el mundo de las computadoras, teníamos una empresa en Montevideo con unos amigos que hacíamos publicidad… y siempre tratás de aplicar lo que se trae a ese tipo de cosas.

¿Algún trabajo en especial al que esté dedicado en este momento?

En este momento lo que estoy haciendo, que me tiene atrapado desde hace unos tres años, son animaciones por ordenador, estoy trabajando básicamente sobre dos cuentos, uno de Onetti y otro de Horacio Quiroga, como no podía ser de otra manera. Eso es un mundo nuevo para mí. De a poco me fue atrapando ese mundo al que le veo muchas posibilidades, sobre todo porque cuando trabajás con animaciones, puede llegar a ser una pintura animada, entonces es también una forma de ilustración. Un cuento, además de ser narrado literariamente, puede estar soportado por imágenes, eso es la ilustración, pero si damos un paso más allá, puede hacerse una animación, que sea respetuosa con el texto, que es lo más importante.

“En Salto tuve una de las aventuras más fantásticas”

Cuando vivió en Salto, ¿tuvo oportunidad de desempeñarse como dibujante?

En Salto tuve una de las aventuras más fantásticas que puede tener una persona. En mi propia ciudad, en mi pueblo, estar colaborando en una página que marcó, se podría decir con modestia, una época del Uruguay, que fue la Página Literaria de Tribuna Salteña, que dirigió brillantemente Leonardo Garet, y tuve la fortuna de estar a su lado, ser compañero de él siendo yo muy joven. Fue mi auténtico maestro y quien me hizo creer en las posibilidades que todos tenemos y reconocerme como alguien que puede expresar lo que siente. Fue algo inesperado, fue un año pero parecieron diez, fue algo fantástico, una experiencia increíble.

Recuerdo un retrato suyo del pintor y poeta Artigas Milans Martínez, ¿ese tipo de colaboraciones hacía en la Página de Tribuna?

Sí, sí, una de las tareas de la página era precisamente esa, como contábamos con medios limitados por el tipo de impresión que se hacía, teníamos que buscar una forma de representación que fuera cercana a un grabado, y yo no estaba capacitado para el grabado, era muy joven y sin experiencia, y teníamos que hacerlo con los viejos medios de la Tribuna, que imprimía con plomo, una tarea titánica que no se me olvida más, aquellas máquinas que echaban humo y fuego, era una cosa impresionante. Entonces había que hacer imágenes que fueran muy definidas, porque con la fotografía casi no podíamos contar, y eso me llevó a recrear un montón de personajes, entre ellos Milans Martínez. Recuerdo que se ofendió muchísimos con mi retrato, porque le había dibujado una ampulosa papada que destacaba desde su camisa libertaria,  y se ofendió porque él quería verse joven y fresco, pero mi visión era otra… Fue graciosísimo (risas).

Si tuviera que nombrar referentes uruguayos en su disciplina, ¿quiénes serían?

El retrato ha sido tratado de forma bastante formal por la pintura y la ilustración uruguaya. Tenemos enormes ilustradores, dibujantes, pintores, algunos más clásicos, otros más innovadores; pero mi idea siempre fue Arcimboldo, esa capacidad de crear rostros con objetos, eso me llamaba la atención. En Uruguay, referentes muchos: desde un Figari, lo racional de Torres García, Jorge Damiani, Hermenegildo Sábat, me ayudaron mucho. Sábat sería mi referente en Uruguay si tuviera que elegir un retratista, porque no me animo a llamarle caricaturista, porque lo que hace es mucho más que un retrato y que una caricatura, es una idea que la convierte en caricatura.

Decía que está trabajando con textos literarios, o a partir de ellos, ¿cuáles son sus escritores uruguayos predilectos?

Leonardo Garet el primero, porque fue un maestro, un maestro que me hizo ver y entender la literatura en un momento en que uno está nuevo ante todo, es mi primer referente. Pero tenemos escritores fantásticos en Uruguay, desde el Conde de Lautremont, Onetti, Quiroga por supuesto, figuras que viven con nosotros; Amorim, tan vilipendiado últimamente por un desgraciado escritor peruano que está haciendo leña por estrategias económicas de las editoriales…son escritores universales.

“Todos los que

hemos crecido

después de

Peloduro le

debemos algo”

Consultado sobre la importancia que le asigna al dibujante y escritor salteño Julio E. Suárez, “Peloduro”, Emmenegger reflexiona: “Fue una figura importantísima, constituyó uno de los puntales del dibujo uruguayo y todos los que hemos crecido después de Peloduro le debemos algo. No nos podemos olvidar también de Breccia, que como historietista hizo arte. Son dos figuras enormes, reconoces en ellos esa cosa que nos pasa a todos los que queremos hacer algo: esto es lo que yo quiero hacer, decís. Ves a Peloduro, esa simpleza y esa efectividad en el trazo, y decís: ¿esto cómo se hace?, esto lo pensé, lo soñé. Me pasó también eso con Alberto Breccia (padre), un uruguayo que marcó no solo el comic argentino sino internacional”.