“Es natural que un artista que respete éticamente el arte termine siendo disidente, apoyando o no apoyando la revolución”

Rafael Fernández Pimienta disertó sobre literatura cubana

Fernández PimientaComo anunciáramos la semana anterior, el pasado viernes estuvo en Salto Rafael Fernández Pimienta (32), profesor de literatura y poeta, que llegó desde Montevideo especialmente a realizar una ponencia sobre Literatura Cubana. La misma, organizada por el CERP, se desarrolló finalmente en el salón de actos de la Escuela de Administración y Servicios. Una vez finalizada, EL PUEBLO dialogó con el disertante sobre diversos aspectos del tema abordado.

¿Dónde nació?

En una ciudad que se llama Montenegro, en Río Grande do Sur; mis padres se habían ido a trabajar y por eso nací ahí, pero accidentalmente. Viví muchos años en el departamento de Canelones, pero mi origen de nacimiento es brasileño, accidentalmente, pero es brasileño.

¿Se siente uruguayo, por eso la insistencia con lo de “accidentalmente”?

Sí, sí, sin duda, hace treinta años que estoy acá. Ahora estoy radicado en Montevideo y ejerciendo la docencia en el Liceo 38 de La Teja.

Además de la labor en docencia y la poesía, tengo entendido que fue columnista en algún programa radial de la capital…

Sí, tuve el agrado de hacer la columna literaria del programa que se llamó Juguetes perdidos, por AM Libre, en Montevideo, donde de alguna manera el programa trataba de recuperar cosas muy caras para los uruguayos, por eso lo de “juguetes perdidos”, era un tono nostalgioso pero de festejo de cosas perdidas como carnavales de antaño y otras cuestiones culturales nuestras, rescate de determinados aspectos culturales. Yo me encargaba de la columna literaria de ese programa. Y por ahí fue también que surgieron mis primeras investigaciones sobre literatura cubana ahora que recuerdo…

¿Cómo surge ese interés por la literatura cubana?

El interés surgió a partir de un viaje que realicé a la isla. Formaba parte de un grupo de viaje y en ese grupo se me pidió si podía hablar un poco de literatura cubana. Yo en forma muy kamikaze dije que sí, cuando en realidad sólo conocía lo que conocíamos todos: Nicolás Guillén, José Martí, un poco de Alejo Carpentier y basta. Pero el tema me desbordó, era demasiado amplio, entonces traté de acotarlo a algunos narradores posteriores a la revolución y ahí fue la primera charla que di sobre literatura cubana.

En algún momento de la conferencia dijo que los escritores cubanos siempre son “disidentes”, ¿cómo se explica esto?

En principio porque el término “disidente” creo que le cabe a cualquier escritor o artista, en el sentido de ir en contra de alguna norma. El escritor maneja el lenguaje de una forma distinta, sin utilidad práctica, y en eso ya va en contra de alguna norma. Y después en el sentido que los escritores cubanos están en un contexto que les exige ser disidentes o que les exigió ser disidentes. Si están a favor de la revolución están en contra de un sistema político y económico predominante en el mundo, y si están en contra son disidentes con respecto al propio sistema comunista, que aparte implementó importantes restricciones a nivel de la expresión artística. Es natural que un artista que respete éticamente el arte termine siendo disidente, apoyando o no apoyando la revolución.

Su conferencia no estuvo centrada en esos autores cubanos más conocidos sino que presentó otros…

Me concentré en dos principalmente, que al principio me parecieron con propuestas opuestas. Uno es Reinaldo Arenas, que últimamente es más conocido por una película llamada “Antes que anochezca” y que representa su vida. Ese autor tenía todos los ingredientes para ser disidente: era homosexual, ateo, en un principio apoyó la revolución y después descreyó de ella justamente cuando la revolución intentó limitar la expresión artística, y exiliado después; era disidente por donde se lo viera. Y el otro, Pedro Juan Gutiérrez, que practica lo que se llama realismo sucio, un intento de describir la realidad cubana explícitamente y muy provocador en cuanto a las descripciones sexuales, por ejemplo. Vive en Cuba y se atreve a criticar la Cuba de los años 90, que fue extremadamente pobre y que sufrió realmente las consecuencias de la caída del bloque socialista europeo, que era su principal cliente y abastecedor. Viviendo en la isla, Gutiérrez es disidente por reflejar eso, por eso no se vende en la isla y su éxito está en el exterior.

También habló de un uruguayo-cubano…

Sí, Daniel Chavarría, excelente escritor uruguayo nacido en San José, profesor de literatura, una eminencia cultural, maneja cinco idiomas, entre ellas griego y latín, es especialista en literatura griega y latina. Vive desde hace muchos años en Cuba, desde los años 70, y él ha dicho que se considera “un escritor cubano que nació en Uruguay”. Y si bien no olvida sus lazos con Uruguay y con el Río de la Plata, que aparece en muchos de sus libros, se nota que ya ha absorbido un montón de la cultura cubana, que escribe con un tono cubano y atreviéndose a hablar por ejemplo de cuestiones sexuales también de una manera mucho más natural, me parece, que como lo haría un narrador estrictamente uruguayo. Aparte es un especialista en renovar la literatura policial, en agregarle un matiz o un sabor cubano y en escapar a determinados cánones de la literatura policial, como el detective clásico, sino que hay un descubrimiento que va por otros lados y con personajes que no son los del canon de la novela policial.

En algún momento explicó algunos altibajos en el nivel de aquella literatura…

Hay algunos críticos que hablan que desde el inicio de la revolución habría un movimiento pendular. Al principio un pico muy alto, con una tradición literaria bastante importante, con autores como Alejo Carpentier, al que se suman otros nuevos como Cabrera Infantes o el propio Reinaldo Arenas. Después caería en una especie de pozo precisamente porque la revolución exige que haya una especie de realismo socialista que difunda la política. Y después levantaría otra vez el nivel a partir de los años 80, y llegaría ese levante hasta hoy, con autores nuevos y con cierta libertad que se ha abierto en la isla para que la expresión artística no esté tan controlada.

En una nota que le realizamos la semana anterior, nos decía que el viaje a Cuba le provocó encantos y desencantos. ¿Cuáles por ejemplo?

Hay algo interesante que es que no viajé como viajan muchos, con la postura de que Cuba es un infierno o es un paraíso. Yo viajé pensando en un término medio, digamos. Comprobé algunos de esos logros que se destacan tradicionalmente, como la educación y la salud, y también comprobé las limitaciones de la libertad de expresión. Generalmente los cubanos critican mucho el régimen en cuanto a sus libertades, a sus posibilidades. Cuando se discute con un cubano, los que somos de otro lado le decimos sobre algunas ventajas que tienen, y ellos dicen siempre una sentencia que es lapidaria: “ustedes pueden venir y visitarnos y nosotros no podemos ir a visitarlos a ustedes”. Y ahí ya no hay más nada que contestar. Cosas que me encantaron y me desencantaron fueron, por ejemplo, una escuela de música que visité, que reúne lo que es la escuela nuestra y los tres años de ciclo básico, donde se enseña a interpretar instrumentos musicales aparte de la educación tradicional, y la parte de música es brillante, vi niños de siete u ocho años tocando música clásica con total naturalidad, con instrumentos que se les brinda gratuitamente y se los llevan a la casa. Y comprobé también, visitando la biblioteca de la escuela, que no había casi libros de literatura, y que las materias de lengua y de literatura se estudian básicamente con textos políticos o periodísticos. Claro, la literatura siempre es disidente como dije al principio, provoca, cuestiona, y eso a veces no es conveniente…

¿De qué manera haber visto la realidad de ese país contribuyó al entendimiento de su literatura?

Hay un montón de referencias que al leer la literatura y no conocer esa realidad, resultan exóticas o que pueden resultar en una imagen que uno se crea del caribeño y quizás es una imagen que se vende al exterior. Pero pude comprobar esa alegría, esa vitalidad que tienen. Y ese respeto también dentro de la alegría, algo que me asombró también es que el cubano es muy lanzado, ve una mujer y tiene que decirle algo, pero es siempre algo gracioso y de buen gusto. Y todo lo que se publicita de la fiesta, la salsa, el ron, es verdad. Pero también hay un tono melancólico o nostalgioso detrás de todo eso. Es que hay un montón de exiliados y cada cubano tiene un pariente o conoce a alguien que está afuera…