Rocío Menoni en la plenitud del vuelo

Escribe José L. Guarino

Maestra y orientadora de Talleres Literarios para niños,- e integrante del Taller Municipal que dirige el Ac. Leonardo Garet-, Rocío Menoni, luego de participar en la publicación colectiva “Los nombres del cuento” (Ed. Aldebarán-Colec.Escarabajo 2004), ha publicado su primer libro, titulado “A la orilla del vuelo”.
Se trata de una colección de nueve cuentos, breves, concisos, con un estilo austero que no se pierde en frondosidades inconducentes, sino que se mantiene en lo esencial, con un marcado sentido del orden que le permite conducir paso a paso al lector, desde los prolegómenos al desenlace.
Los diversos momentos narrativos, se suceden sin forzamientos ni brusquedades, hasta se diría que hay pasajes que son anticipo y anuncio de lo que sigue. Por ejemplo, en el primer cuento de la colección. “El otro viaje”, el “vuelo” de la hamaca y “la clase de geografía” en boca del abuelo, son un estupendo introito al viaje en avión que lleva a la antigua niña al lugar de procedencia del anciano. Otro cuento muy bien logrado es “Nanico”, en donde diversos elementos casuales permiten el encuentro de los dos hombres mayores en la feria de los domingos, y culmina en el descubrimiento de una relación hasta entonces desconocida por ambos.
Rocío maneja muy bien no solo el lenguaje, siempre preciso y sin desvíos ornamentales, sino también los silencios. Ese “buen callar” , más elocuente que muchas palabras. Y que puede observarse en la omisión de detalles secundarios fácilmente entendibles por el lector, la irrupción sin preparación de los diálogos, y sobre todo en los finales sugeridos, o sea, que se dan a entender sin decirlo. Los dos cuentos mencionados son un claro ejemplo de ello. En el primero, el pañuelo rojo colgado a media asta, dice más que mil palabras. En el otro, el comentario de Benítez :”Me parece que la vida nos ató con un lazo mucho más largo que la amistad…” son suficientes para revelar una situación sin ningún añadido que resultaría un verdadero lastre.
Pero también se repite el procedimiento en otros cuentos, como en “Viernes 30, hora 20, en la Catedral”, en donde el secreto se concentra en unas pocas palabras: “…en el que había descubierto su mismo pelo rojizo y sus propios ojos azules”.
Aparte de la maestría en el decir y en el estructurar los textos, Rocío exhibe una gama muy diversa de motivos de inspiración, (lo que podríamos de alguna manera señalar como subgéneros narrativos).
Algunos están basados en los recuerdos de infancia- recuperación proustiana del tiempo psíquico, ya que el físico es irrecuperable-,y que deriva en esa superposición temporal tan común en la poesía de Antonio Machado, por ejemplo. El final de “La vereda de enfrente”, trae a la memoria el verso “Yo voy soñando caminos…
Algún texto es producto de la fantasía, tan propia de los cuentos orientales, como “¡Vuela, Mónica, vuela!”.
Los hay relacionados con conflictos de personalidad, temas tan gratos a Dostoievsky como puede verse en “Cumplí, papá”, y otro ronda lo psicológico y policial, como “Por mandato de duende”.
Algunas piezas tienen un narrador omnisciente (“El otro viaje”), otros están narrados en primera persona (“El color interior”), en otros el narrador inicia y culmina, y lo central está a cargo del personaje ( “El mejor viernes santo”).
En conclusión, un libro que irrumpe ostentando madurez imaginativa y técnica.
“A orillas del vuelo”- nos muestra a Rocío en pleno vuelo creativo
Solo deseamos, que nada detenga esas alas, y que más allá de este primer libro, nuevas páginas enriquezcan esta promisoria trayectoria en el arte narrativo.







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