Salto tiene hoy 22 Centros CAIF que atienden a casi 3 mil niños, en una experiencia que califica de muy didáctica

Rosario Rattín de Silva es actualmente secretaria del Centro de Atención de la Familia Policial (CAFPOL), institución a la que pertenece desde hace más de 20 años, siendo testigo privilegiado del inicio de los Centros CAIF en nuestro departamento. Además, representa a Salto como Delegada a la OSC (Organización de Sociedades Civiles).
- El primer Centro CAIF que hubo en el país estuvo en Salto, ¿tiene algún recuerdo?
- Fue en los barrios Williams y Don Atilio o Don Atilio y Williams, porque fueron inaugurados el mismo día como guarderías maternales, y dependían directamente de Presidencia de la República. Esa fue la primera experiencia que hubo, en el año 87. Al año siguiente se creó lo que se llama la Secretaría Ejecutiva del Plan CAIF, por eso hubo una diferencia por lo de los 25 años de festejos de Williams y Don Atilio con los 25 años de festejos del Plan CAIF.
- ¿Cuándo comenzó usted a participar?
- Comencé en el año 90 de lo que fue la vieja comisión de ayuda al hijo del policía, que se transformó después en el Centro de Atención de la Familia Policial (CAFPOL).
- ¿Por qué tomó la decisión de participar en esta comisión?
- Porque en ese momento asumió el Dr. (Néstor) Albisu la Jefatura de Policía y su señora, Juanita Emed, me invitó a participar de esa comisión.
- ¿Y qué le pareció esa primera experiencia?
- Fue muy buena, porque en experiencia en servicios a la comunidad comencé a muy temprana edad con mis padres por Rotary, a mis 14 años.
- ¿Con qué panorama se encontró cuando empezó a trabajar?
- Llevó dos años el trabajo hasta que en 1992 se inaugura el CAIF “Los Gallitos”, que fue el primero casi en simultáneo con el de Durazno de estar en una Jefatura de Policía. Ya ahora hay otros, como el de Trinidad, el de Montevideo, en Durazno. Y la primera experiencia que tuvimos como CAIF, que fuimos el tercero del departamento, fue que atendíamos a niños de hasta 5 años. A lo largo de estos 25 años del Plan y 21 de “Los Gallitos”, fue cambiando a medida que fue cambiando la política del Ministerio de Educación y Cultura también, en atender las edades, en cubrir 5 años, en cubrir 4 años, entonces los CAIF fuimos bajando las edades y a la vez mejorando la calidad de atención.
- ¿Qué necesidades había en aquellos años?
- En aquella época se daba el desayuno, el almuerzo y la merienda, algo que continúa incambiado hasta hoy. Y se daba una enseñanza acorde a niños de 4 y 5 años. Recuerdo que Salto fue el primer departamento que nucleó a los CAIF en lo que fue la Coordinadora Departamental de Salto, que después pasó a llamarse Comité, por los otros Centros, que fue en octubre del año 93. Ahí fue que se creó el primer Comité Departamental, donde nos encontramos los Centros de los barrios Williams, Don Bosco, “Los Gallitos” y el cuarto Centro CAIF que ya se habían firmado los papeles que es el de Don Bosco. Ahora somos 22 Centros CAIF en todo el departamento, incluyendo los rurales.
Durante todos estos años el Comité cumplió 20 años el año pasado. No es lo mismo trabajar con cuatro CAIF que con 22, de todas formas podemos afirmar que hemos trabajado bien. Hemos tenido un trabajo continuo, con el tiempo se han ido incorporando CAIF nuevos a medida que se han ido logrando las aperturas.
- ¿Cuáles son las diferencias entre aquellos primeros Centros CAIF con el trabajo que realizan ahora?
- Primero se incorporó el Plan de Estimulación Oportuna, llamado en aquella época como Plan de Motricidad en el cual “Los Gallitos” supo ser el plan piloto entre 16 CAIF de todo el Uruguay. Salió bien y eso continuó. En ese Plan comienza el niño, podríamos decir, desde la panza porque se trabaja con la mamá embarazada, que es lo que se intenta, captar a esas madres desde el embarazo.
Luego en el 2002 comenzó la asistencia semanal, o sea que los niños iban una vez a la semana para tratar de abarcar la emergencia social que existía. Aquí se hizo un muy buen trabajo donde se trataban a las madres embarazadas y en los lugares de mayor riesgo. O sea, existía un plano de un censo que había hecho el BID (Banco Interamericano para el Desarrollo), que fue cuando se abrieron muchos Centros, en donde CAFPOL, que es la asociación civil sin fines de lucro a la cual pertenezco, pasó a gestionar también el CAIF Santa Filomena y Nuestra Señora del Luján. A veces preguntan, ¿por qué en Salto hay tantos nombres religiosos? Porque en ese entonces fueron las capillas las que nos cedieron los lugares, si bien luego de algunos lugares nos mudamos, conservamos el nombre de aquellos que nos habían prestado el lugar.
- ¿Cómo se financian hoy estos 22 Centros CAIF de Salto?
- Principalmente con aportes de INAU, y en lo alimenticio con aportes del INDA. Esos son los dos grandes proveedores de los CAIF, y nosotros somos los administradores, los socios. También hay convenios con las intendencias municipales, en el caso de Salto también algunos Centros con Jefatura de Policía. Con el MIDES, con el Ministerio de Educación y Cultura ya por otros temas. Y también con Salud Pública y ASSE.
- ¿Cuáles son hoy las principales necesidades que tienen en los Centros?
- La principal necesidad para ampliar los convenios, porque hay convenios Tipo 1 al Tipo 7, tenemos también el problema edilicio y para la apertura de nuevos Centros. Porque si bien INAU hace un aporte por niño, del cual debemos llevar el control, INDA antes aportaba la canasta seca, ahora se aporta el dinero y se tiene que hacer el rendimiento de cuentas de forma mensual, y el dinero que sobra pasa para el mes siguiente. No es comprar por comprar sino también atenernos a las exigencias del Instituto Nacional de Alimentación, que tiene sus personas a cargo para controlar lo contable y también lo alimenticio a través de nutricionistas, porque somos muy estrictos en cuanto a la alimentación, donde el niño tiene que comer tantas veces carnes rojas, blancas, frutas, verduras. Tienen que acostumbrarse a probar todos los sabores, y los hábitos de higiene, lo que ya corre por cuenta de lo que tiene que ver con la enseñanza.
- Los Centros CAIF surgieron en nuestro país para trabajar en una sociedad en crisis. Ahora, si la crisis pasa y nos encontramos en un tiempo de bonanza económica, los Centros CAIF deberían ir cerrándose porque su función ya no tendría razón de ser. Sin embargo, usted acaba de afirmar que en el departamento hay 22 Centros CAIF y existe la necesidad de instalar más. ¿Eso quiere decir que la crisis social en el país no ha mejorado?
- En principio fueron creados para los niños con sus necesidades básicas insatisfechas. Se han abierto también porque tampoco se desea que sean Centros de pobres para pobres, sino que también debemos trabajar en la inclusión de esos niños dentro de la sociedad. Entonces también pueden haber padres o madres, solos o en matrimonio con dificultades, porque el niño puede tener alguna dificultad especial o porque es una situación parental difícil que puedan costear un Jardín privado pero en el cual a veces no le pueden brindar todo lo que ya existe en un CAIF, entonces también esos niños son aceptados. Cada vez hay más requerimientos. O sea, con los años fuimos creciendo y actualmente somos la mayor política sobre la infancia en Uruguay, y seguimos creciendo porque siguen surgiendo las necesidades de atender aquellos niños que tienen problemas en sus necesidades básicas o en sus necesidades familiares.
- Es como una doble sensación, una de tranquilidad porque están los CAIF y por otro lado de preocupación, porque sigue habiendo necesidad de que sigan existiendo.
- Sí, pero siempre va a haber necesidad de que existan, por lo menos hasta que Primaria pueda abarcar todo lo que abarcan los CAIF, que es para que los niños desde la panza ya sean estimulados, porque hoy sabemos que las neuronas se alimentan y desarrollan en los primeros 3 o 4 años de vida.
- ¿Cuántos niños son atendidos en estos 22 Centros CAIF?
- Más o menos unos tres mil niños en Salto.
- ¿O sea que estamos hablando de casi dos mil familias?
- Sí.
- ¿Siente que la sociedad salteña apoya estos emprendimientos?
- Sí, pero se necesitan asociaciones civiles que deseen trabajar en forma honoraria. Ahora pueden hacerlo también, porque fueron admitidos por el Plan, las cooperativas. Aunque sigue rigiendo aquello de que no se puede ser directivo y a la vez funcionario o familiar directo de hasta segunda o tercera generación.
- ¿Cómo define esta experiencia luego de tantos años de trabajo en los Centros CAIF, ayudando a tantos niños y familias?
- Ha sido una experiencia muy didáctica y satisfactoria. Recibo mucho de esos niños y de ese trabajo. Podré dar de mi vida muchas horas, pero también recibo, es lindo ver cuando se acerca por ahí un exalumno y le cuenta que está estudiando una carrera en la universidad. Siempre digo, pocos países del mundo pueden darse el lujo que un niño comience su educación desde la panza hasta ingresar a –por ejemplo en Salto que somos ciudad universitaria- la universidad y llegar a tener un título universitario sin costos de matrícula. Ha habido casos, lo que es una gran satisfacción.
También tiene a veces su parte dolorosa cuando vemos los problemas que existen en la sociedad de hoy, en la inserción de la familia tipo (mamá, papá, el nene y la nena), ya no existe prácticamente porque hay hogares monoparentales… bueno, muchos tipos de familia. Para eso están los técnicos. Un CAIF cuenta con psicomotricistas, psicólogos, trabajadoras sociales, dos maestras especializadas en preescolares, una referente y la otra de apoyo, educadoras especializadas en preescolares, auxiliares de cocina y limpieza. O sea, se trata de cubrir todas las aristas. Y hace dos años se creó el puesto del administrativo de gestión, para sacar un poco de trabajo a la asociación civil.
De toda esta experiencia también nos queda un mensaje de agradecimiento a la sociedad salteña porque siempre hemos contado con su apoyo. Agradecerle porque en épocas duras del país, cuando faltaba un poco la alimentación, se hicieron espectáculos, distintos movimientos y la sociedad siempre ha colaborado. Y aprovechar para decirle que se acerquen a un CAIF porque las puertas están abiertas, que vean la calidad de la alimentación y de educación que se brinda a esos niños y niñas, y a sus padres y familia como en casos puntuales como en las inundaciones, se lleva también el trabajo al lugar donde están, porque el trabajo no termina en el CAIF, se lleva a domicilio también.

Rosario Rattín de Silva es actualmente secretaria del Centro de Atención de la Familia Policial (CAFPOL), institución a la que pertenece desde hace más de 20 años, siendo testigo privilegiado del inicio de los Centros CAIF en nuestro departamento. Además, representa a Salto como Delegada a la OSC (Organización de Sociedades Civiles).

- El primer Centro CAIF que hubo en el país estuvo en Salto, ¿tiene algún recuerdo?

– Fue en los barrios Williams y Don Atilio o Don Atilio y Williams, porque fueron inaugurados el mismo día como guarderías maternales, y dependían directamente de Presidencia de la República. Esa fue la primera experiencia que hubo, en el año 87. Al año siguiente se creó lo que se llama la Secretaría Ejecutiva del Plan CAIF, por eso hubo una diferencia por lo de los 25 años de festejos de Williams y Don Atilio con los 25 años de festejos del Plan CAIF.

- ¿Cuándo comenzó usted a participar?

– Comencé en el año 90 de lo que fue la vieja comisión de ayuda al hijo del policía, que se transformó después en el Centro de Atención de la Familia Policial (CAFPOL).

- ¿Por qué tomó la decisión de participar en esta comisión?

– Porque en ese momento asumió el Dr. (Néstor) Albisu la Jefatura de Policía y su señora, Juanita Emed, me invitó a participar de esa comisión.

- ¿Y qué le pareció esa primera experiencia?

– Fue muy buena, porque en experiencia en servicios a la comunidad comencé a muy temprana edad con mis padres por Rotary, a mis 14 años.

- ¿Con qué panorama se encontró cuando empezó a trabajar?

– Llevó dos años el trabajo hasta que en 1992 se inaugura el CAIF “Los Gallitos”, que fue el primero casi en simultáneo con el deRosarioRattinDurazno de estar en una Jefatura de Policía. Ya ahora hay otros, como el de Trinidad, el de Montevideo, en Durazno. Y la primera experiencia que tuvimos como CAIF, que fuimos el tercero del departamento, fue que atendíamos a niños de hasta 5 años. A lo largo de estos 25 años del Plan y 21 de “Los Gallitos”, fue cambiando a medida que fue cambiando la política del Ministerio de Educación y Cultura también, en atender las edades, en cubrir 5 años, en cubrir 4 años, entonces los CAIF fuimos bajando las edades y a la vez mejorando la calidad de atención.

- ¿Qué necesidades había en aquellos años?

– En aquella época se daba el desayuno, el almuerzo y la merienda, algo que continúa incambiado hasta hoy. Y se daba una enseñanza acorde a niños de 4 y 5 años. Recuerdo que Salto fue el primer departamento que nucleó a los CAIF en lo que fue la Coordinadora Departamental de Salto, que después pasó a llamarse Comité, por los otros Centros, que fue en octubre del año 93. Ahí fue que se creó el primer Comité Departamental, donde nos encontramos los Centros de los barrios Williams, Don Bosco, “Los Gallitos” y el cuarto Centro CAIF que ya se habían firmado los papeles que es el de Don Bosco. Ahora somos 22 Centros CAIF en todo el departamento, incluyendo los rurales.

Durante todos estos años el Comité cumplió 20 años el año pasado. No es lo mismo trabajar con cuatro CAIF que con 22, de todas formas podemos afirmar que hemos trabajado bien. Hemos tenido un trabajo continuo, con el tiempo se han ido incorporando CAIF nuevos a medida que se han ido logrando las aperturas.

- ¿Cuáles son las diferencias entre aquellos primeros Centros CAIF con el trabajo que realizan ahora?

– Primero se incorporó el Plan de Estimulación Oportuna, llamado en aquella época como Plan de Motricidad en el cual “Los Gallitos” supo ser el plan piloto entre 16 CAIF de todo el Uruguay. Salió bien y eso continuó. En ese Plan comienza el niño, podríamos decir, desde la panza porque se trabaja con la mamá embarazada, que es lo que se intenta, captar a esas madres desde el embarazo.

Luego en el 2002 comenzó la asistencia semanal, o sea que los niños iban una vez a la semana para tratar de abarcar la emergencia social que existía. Aquí se hizo un muy buen trabajo donde se trataban a las madres embarazadas y en los lugares de mayor riesgo. O sea, existía un plano de un censo que había hecho el BID (Banco Interamericano para el Desarrollo), que fue cuando se abrieron muchos Centros, en donde CAFPOL, que es la asociación civil sin fines de lucro a la cual pertenezco, pasó a gestionar también el CAIF Santa Filomena y Nuestra Señora del Luján. A veces preguntan, ¿por qué en Salto hay tantos nombres religiosos? Porque en ese entonces fueron las capillas las que nos cedieron los lugares, si bien luego de algunos lugares nos mudamos, conservamos el nombre de aquellos que nos habían prestado el lugar.

- ¿Cómo se financian hoy estos 22 Centros CAIF de Salto?

– Principalmente con aportes de INAU, y en lo alimenticio con aportes del INDA. Esos son los dos grandes proveedores de los CAIF, y nosotros somos los administradores, los socios. También hay convenios con las intendencias municipales, en el caso de Salto también algunos Centros con Jefatura de Policía. Con el MIDES, con el Ministerio de Educación y Cultura ya por otros temas. Y también con Salud Pública y ASSE.

- ¿Cuáles son hoy las principales necesidades que tienen en los Centros?

– La principal necesidad para ampliar los convenios, porque hay convenios Tipo 1 al Tipo 7, tenemos también el problema edilicio y para la apertura de nuevos Centros. Porque si bien INAU hace un aporte por niño, del cual debemos llevar el control, INDA antes aportaba la canasta seca, ahora se aporta el dinero y se tiene que hacer el rendimiento de cuentas de forma mensual, y el dinero que sobra pasa para el mes siguiente. No es comprar por comprar sino también atenernos a las exigencias del Instituto Nacional de Alimentación, que tiene sus personas a cargo para controlar lo contable y también lo alimenticio a través de nutricionistas, porque somos muy estrictos en cuanto a la alimentación, donde el niño tiene que comer tantas veces carnes rojas, blancas, frutas, verduras. Tienen que acostumbrarse a probar todos los sabores, y los hábitos de higiene, lo que ya corre por cuenta de lo que tiene que ver con la enseñanza.

- Los Centros CAIF surgieron en nuestro país para trabajar en una sociedad en crisis. Ahora, si la crisis pasa y nos encontramos en un tiempo de bonanza económica, los Centros CAIF deberían ir cerrándose porque su función ya no tendría razón de ser. Sin embargo, usted acaba de afirmar que en el departamento hay 22 Centros CAIF y existe la necesidad de instalar más. ¿Eso quiere decir que la crisis social en el país no ha mejorado?

– En principio fueron creados para los niños con sus necesidades básicas insatisfechas. Se han abierto también porque tampoco se desea que sean Centros de pobres para pobres, sino que también debemos trabajar en la inclusión de esos niños dentro de la sociedad. Entonces también pueden haber padres o madres, solos o en matrimonio con dificultades, porque el niño puede tener alguna dificultad especial o porque es una situación parental difícil que puedan costear un Jardín privado pero en el cual a veces no le pueden brindar todo lo que ya existe en un CAIF, entonces también esos niños son aceptados. Cada vez hay más requerimientos. O sea, con los años fuimos creciendo y actualmente somos la mayor política sobre la infancia en Uruguay, y seguimos creciendo porque siguen surgiendo las necesidades de atender aquellos niños que tienen problemas en sus necesidades básicas o en sus necesidades familiares.

- Es como una doble sensación, una de tranquilidad porque están los CAIF y por otro lado de preocupación, porque sigue habiendo necesidad de que sigan existiendo.

– Sí, pero siempre va a haber necesidad de que existan, por lo menos hasta que Primaria pueda abarcar todo lo que abarcan los CAIF, que es para que los niños desde la panza ya sean estimulados, porque hoy sabemos que las neuronas se alimentan y desarrollan en los primeros 3 o 4 años de vida.

- ¿Cuántos niños son atendidos en estos 22 Centros CAIF?

– Más o menos unos tres mil niños en Salto.

- ¿O sea que estamos hablando de casi dos mil familias?

– Sí.

- ¿Siente que la sociedad salteña apoya estos emprendimientos?

– Sí, pero se necesitan asociaciones civiles que deseen trabajar en forma honoraria. Ahora pueden hacerlo también, porque fueron admitidos por el Plan, las cooperativas. Aunque sigue rigiendo aquello de que no se puede ser directivo y a la vez funcionario o familiar directo de hasta segunda o tercera generación.

- ¿Cómo define esta experiencia luego de tantos años de trabajo en los Centros CAIF, ayudando a tantos niños y familias?

– Ha sido una experiencia muy didáctica y satisfactoria. Recibo mucho de esos niños y de ese trabajo. Podré dar de mi vida muchas horas, pero también recibo, es lindo ver cuando se acerca por ahí un exalumno y le cuenta que está estudiando una carrera en la universidad. Siempre digo, pocos países del mundo pueden darse el lujo que un niño comience su educación desde la panza hasta ingresar a –por ejemplo en Salto que somos ciudad universitaria- la universidad y llegar a tener un título universitario sin costos de matrícula. Ha habido casos, lo que es una gran satisfacción.

También tiene a veces su parte dolorosa cuando vemos los problemas que existen en la sociedad de hoy, en la inserción de la familia tipo (mamá, papá, el nene y la nena), ya no existe prácticamente porque hay hogares monoparentales… bueno, muchos tipos de familia. Para eso están los técnicos. Un CAIF cuenta con psicomotricistas, psicólogos, trabajadoras sociales, dos maestras especializadas en preescolares, una referente y la otra de apoyo, educadoras especializadas en preescolares, auxiliares de cocina y limpieza. O sea, se trata de cubrir todas las aristas. Y hace dos años se creó el puesto del administrativo de gestión, para sacar un poco de trabajo a la asociación civil.

De toda esta experiencia también nos queda un mensaje de agradecimiento a la sociedad salteña porque siempre hemos contado con su apoyo. Agradecerle porque en épocas duras del país, cuando faltaba un poco la alimentación, se hicieron espectáculos, distintos movimientos y la sociedad siempre ha colaborado. Y aprovechar para decirle que se acerquen a un CAIF porque las puertas están abiertas, que vean la calidad de la alimentación y de educación que se brinda a esos niños y niñas, y a sus padres y familia como en casos puntuales como en las inundaciones, se lleva también el trabajo al lugar donde están, porque el trabajo no termina en el CAIF, se lleva a domicilio también.