Se cumplió un centenario de la cuestionada muerte de la notable poeta uruguaya Delmira Agustini

Al cumplirse ayer el centenario de la muerte de Delmira Agustini, EL PUEBLO tiene el privilegio de haber incursionado con las rememoraciones de este trágico episodio que por décadas fue contado desde una sola mirada, la de su familia. Sin embargo, cuando el pasado mes de mayo realizamos la presentación en el Ateneo de Salto del libro del destacado escritor uruguayo, Diego Fischer, uno de los aspectos más importantes de la historia salió a luz, con el resultado de una investigación profunda, seria y reveladora que Fischer hizo libro.
“Serás mía o de nadie”, la verdadera muerte de Delmira Agustini se denomina la publicación que ya va por su séptima edición y que dio lugar a un nuevo punto de vista sobre el trágico final de la vida de una las poetas más emblemáticas de la literatura uruguaya y de una de las más conocidas del continente.
Ante el aniversario del brutal episodio donde la historia oficial cuenta como su esposo, de apellido Reyes habría matado a su amada para luego quitarse la vida, la historia cambia a pacto suicida, donde ambos, ante la batalla de los padres de Agustini por separarlos, optan por hacer un pacto suicida a lo Romeo y Julieta, el que cumplen a cabalidad.
LA RESEÑA
DEL LIBRO
Hace pocos días el cronista Carlos Reyles del diario El País, destacó que en el libro Fischer promete contar la historia de la poeta uruguaya como nadie la contó, poniendo en entredicho tanto aspectos de su vida familiar como el contexto de su trágica muerte. Para eso hurgó en numerosos archivos, donde halló más de una sorpresa.
«Las fuentes fueron muchas y variadas, fundamentalmente documentos, muchos de ellos inéditos: cartas y hasta textos de Delmira que nunca habían sido publicados hasta hoy. Algunos se encuentran en manos de descendientes de personas que tuvieron un vínculo muy estrecho con las familias Agustini y Reyes. Otros estuvieron, desde siempre, en el Archivo Literario de la Biblioteca Nacional, donde se encuentra el archivo de Delmira Agustini, pero fueron obviados. También repasé con mucho detenimiento la prensa de la época y allí encontré material muy interesante», comentó el popular escritor a El País.
«Entre los documentos inéditos, casi todo me sorprendió. Porque allí asoma otra historia sobre la vida y la muerte de Delmira. Si algo me quedó claro, es que la vida de Delmira (y recalco lo de la vida, y no su obra) fue estudiada dando por cierta una cantidad de información que fue difundida después de la tragedia por la propia familia Agustini. Información parcial y deliberadamente sesgada por parte de los padres y el hermano de Delmira».
«Poco y nada se investigó sobre Reyes, su marido, y tampoco se ahondó en los Agustini. Serás mía o de nadie pone sobre el tapete una trama familiar terrible. Y el libro retrata además a la sociedad rioplatense del Novecientos. Y aporta también una autopsia histórica y un análisis psicológico de los protagonistas, así como un estudio grafológico de las figuras centrales».
Claro que detrás de este libro hay horas en archivos y bibliotecas. «Es una tarea que dura todo el tiempo que le dediques. Me explico: con Serás mía o de nadie tuve que auto- imponerme un límite, porque si seguía hurgando en archivos, podría continuar seis o siete meses más. Pero creo que rescaté lo que necesitaba, lo más relevante».
Sobre cómo es moverse en los archivos públicos uruguayos, el autor señala: «Nunca tuve problemas. Quizás, hace unos años, cuando recién empecé, me miraban con desconfianza. Pero con el transcurso del tiempo logré que me atendieran muy bien en todos lados. Es más, a veces los funcionarios de algunas dependencias estatales se han compenetrado tanto con mis investigaciones que -me consta- me han dedicado más tiempo del que yo mismo hubiera imaginado».
«Siempre pongo como ejemplo al Archivo Literario de la Biblioteca Nacional. Allí, su responsable, la señora Virginia Friedman, posee un enorme y admirable conocimiento de todo lo que está bajo su custodia, y tiene siempre una enorme disposición a colaborar con los investigadores», consigna Fischer, quien sintetiza en pocas palabras el objetivo que busca a la hora de concretar su propia prosa: «Intento hacerlo de la manera más amena posible y tratando de mantener la atención del lector».
La personalidad literaria de la poeta, y también su propia biografía, destacan con nitidez en el panorama cultural del Novecientos, dejando desde entonces una obra cuya vigencia está fuera de todo cuestionamiento.
Quizá ese lugar tan original que la escritora ocupa en las letras nacionales tenga que ver, además de lógicamente con su talento, con su familia, puesto que fue criada en un ambiente estricto y conservador, que por otro lado le dio la posibilidad de cultivarse culturalmente y desarrollar su creatividad, que ya asomó en su infancia.
Componer versos desde muy chica sin duda se vincula a sus estudios de francés, música y pintura, actividades en las que reflejó su exquisita sensibilidad. Su precocidad tuvo por contrapartida una vida breve, que acabó a los 27 años, cuando ya tenía publicado tres libros que la ubican definitivamente entre las grandes voces femeninas de la poesía nacional: El libro blanco (de 1907), Cantos de la mañana (de 1910) y Los cálices vacíos (de 1913).
En esas obras y otras editadas póstumamente (como El rosario de Eros o Los astros del abismo), la artista expresó las profundidades del erotismo femenino, transitando su obra desde la estética modernista hasta su incursión vanguardista. Desde esa singular escritura concretó poemas de fuerte carga erótica, cargados de simbolismo y sensualidad.
Tamaña revolución literaria no pasó inadvertida: ejemplo de eso son las palabras que Rubén Darío (quizá el mayor poeta modernista), le dedicó: «De todas cuantas mujeres hoy escriben en verso, ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini, por su alma sin velos y su corazón en flor. Es la primera vez que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de la verdad de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa en su exaltación divina.»
Si su obra no ostentaba ya suficiente motivo de renombre, su trágica y prematura muerte le terminó de infundir un halo de misterio. Como es sabido, la poeta contrajo matrimonio con Enrique Job Reyes en agosto de 1913, pero por desavenencias lo abandonó un mes y medio más tarde, divorciándose el 5 de junio de 1914: en julio del mismo año murió asesinada, según la versión oficial, por su exesposo el 6 de julio.
Ahora se cumple un siglo exacto de aquel triste episodio, y por eso, ayer a las 11 horas en el Cementerio Central de Montevideo se le rindió tributo junto al Panteón Nacional, contándose con la presencia del director de la Biblioteca Nacional, Carlos Liscano, quien a su vez estará en representación del Ministro de Educación y Cultura, Ricardo Ehrlich.
También ayer, en la página web de la Biblioteca Nacional se celebró el día colgando material poco conocido sobre la actividad plástica de la egregia poeta. Entrando a www.bibna.gub.uy, todavía se puede visitar un catálogo de unas 40 piezas realizadas por Agustini, entre las que hay pinturas, dibujos y postales de su cosecha.
También la Biblioteca Nacional está gestionando una conferencia para este mes (con fecha aún no confirmada), que reuniría a tres destacados investigadores en el Anexo del Palacio Legislativo, para tratar aspectos específicos de la literatura de la artista. También habrá lectura de poemas y exhibición de sus obras plásticas.
Por su parte, la Academia Nacional de Letras también se sumó a la celebración, con una mesa redonda que tendrá lugar en la Sala de Conferencias del Teatro Solís. Integrarán el panel los académicos Jorge Arbeleche, Ricardo Pallares y Rafael Courtoisie.
APORTE
En ese marco Fischer aportó a EL PUEBLO una serie de fotografías con las que contó para elaborar su libro sobre Delmira Agustini.

Al cumplirse ayer el centenario de la muerte de Delmira Agustini, EL PUEBLO tiene el privilegio de haber incursionado con las rememoraciones de este trágico episodio que por décadas fue contado desde una sola mirada, la de su familia. Sin embargo, cuando el pasado mes de mayo realizamos la presentación en el Ateneo de Salto del libro del destacado escritor uruguayo, Diego Fischer, uno de los aspectos más importantes de la historia salió a luz, con el resultado de una investigación profunda, seria y reveladora que Fischer hizo libro.

“Serás mía o de nadie”, la verdadera muerte de Delmira Agustini se denomina la publicación que ya va por su séptima edición y quedelmira dio lugar a un nuevo punto de vista sobre el trágico final de la vida de una las poetas más emblemáticas de la literatura uruguaya y de una de las más conocidas del continente.

Ante el aniversario del brutal episodio donde la historia oficial cuenta como su esposo, de apellido Reyes habría matado a su amada para luego quitarse la vida, la historia cambia a pacto suicida, donde ambos, ante la batalla de los padres de Agustini por separarlos, optan por hacer un pacto suicida a lo Romeo y Julieta, el que cumplen a cabalidad.

LA RESEÑA DEL LIBRO

Hace pocos días el cronista Carlos Reyles del diario El País, destacó que en el libro Fischer promete contar la historia de la poeta uruguaya como nadie la contó, poniendo en entredicho tanto aspectos de su vida familiar como el contexto de su trágica muerte. Para eso hurgó en numerosos archivos, donde halló más de una sorpresa.

«Las fuentes fueron muchas y variadas, fundamentalmente documentos, muchos de ellos inéditos: cartas y hasta textos de Delmira que nunca habían sido publicados hasta hoy. Algunos se encuentran en manos de descendientes de personas que tuvieron un vínculo muy estrecho con las familias Agustini y Reyes. Otros estuvieron, desde siempre, en el Archivo Literario de la Biblioteca Nacional, donde se encuentra el archivo de Delmira Agustini, pero fueron obviados. También repasé con mucho detenimiento la prensa de la época y allí encontré material muy interesante», comentó el popular escritor a El País.

«Entre los documentos inéditos, casi todo me sorprendió. Porque allí asoma otra historia sobre la vida y la muerte de Delmira. Si algo me quedó claro, es que la vida de Delmira (y recalco lo de la vida, y no su obra) fue estudiada dando por cierta una cantidad de información que fue difundida después de la tragedia por la propia familia Agustini. Información parcial y deliberadamente sesgada por parte de los padres y el hermano de Delmira».

«Poco y nada se investigó sobre Reyes, su marido, y tampoco se ahondó en los Agustini. Serás mía o de nadie pone sobre el tapete una trama familiar terrible. Y el libro retrata además a la sociedad rioplatense del Novecientos. Y aporta también una autopsia histórica y un análisis psicológico de los protagonistas, así como un estudio grafológico de las figuras centrales».

Claro que detrás de este libro hay horas en archivos y bibliotecas. «Es una tarea que dura todo el tiempo que le dediques. Me explico: con Serás mía o de nadie tuve que auto- imponerme un límite, porque si seguía hurgando en archivos, podría continuar seis o siete meses más. Pero creo que rescaté lo que necesitaba, lo más relevante».

Sobre cómo es moverse en los archivos públicos uruguayos, el autor señala: «Nunca tuve problemas. Quizás, hace unos años, cuando recién empecé, me miraban con desconfianza. Pero con el transcurso del tiempo logré que me atendieran muy bien en todos lados. Es más, a veces los funcionarios de algunas dependencias estatales se han compenetrado tanto con mis investigaciones que -me consta- me han dedicado más tiempo del que yo mismo hubiera imaginado».

«Siempre pongo como ejemplo al Archivo Literario de la Biblioteca Nacional. Allí, su responsable, la señora Virginia Friedman, posee un enorme y admirable conocimiento de todo lo que está bajo su custodia, y tiene siempre una enorme disposición a colaborar con los investigadores», consigna Fischer, quien sintetiza en pocas palabras el objetivo que busca a la hora de concretar su propia prosa: «Intento hacerlo de la manera más amena posible y tratando de mantener la atención del lector».

La personalidad literaria de la poeta, y también su propia biografía, destacan con nitidez en el panorama cultural del Novecientos, dejando desde entonces una obra cuya vigencia está fuera de todo cuestionamiento.

Quizá ese lugar tan original que la escritora ocupa en las letras nacionales tenga que ver, además de lógicamente con su talento, con su familia, puesto que fue criada en un ambiente estricto y conservador, que por otro lado le dio la posibilidad de cultivarse culturalmente y desarrollar su creatividad, que ya asomó en su infancia.

Componer versos desde muy chica sin duda se vincula a sus estudios de francés, música y pintura, actividades en las que reflejó su exquisita sensibilidad. Su precocidad tuvo por contrapartida una vida breve, que acabó a los 27 años, cuando ya tenía publicado tres libros que la ubican definitivamente entre las grandes voces femeninas de la poesía nacional: El libro blanco (de 1907), Cantos de la mañana (de 1910) y Los cálices vacíos (de 1913).

En esas obras y otras editadas póstumamente (como El rosario de Eros o Los astros del abismo), la artista expresó las profundidades del erotismo femenino, transitando su obra desde la estética modernista hasta su incursión vanguardista. Desde esa singular escritura concretó poemas de fuerte carga erótica, cargados de simbolismo y sensualidad.

Tamaña revolución literaria no pasó inadvertida: ejemplo de eso son las palabras que Rubén Darío (quizá el mayor poeta modernista), le dedicó: «De todas cuantas mujeres hoy escriben en verso, ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini, por su alma sin velos y su corazón en flor. Es la primera vez que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de la verdad de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa en su exaltación divina.»

Si su obra no ostentaba ya suficiente motivo de renombre, su trágica y prematura muerte le terminó de infundir un halo de misterio. Como es sabido, la poeta contrajo matrimonio con Enrique Job Reyes en agosto de 1913, pero por desavenencias lo abandonó un mes y medio más tarde, divorciándose el 5 de junio de 1914: en julio del mismo año murió asesinada, según la versión oficial, por su exesposo el 6 de julio.

Ahora se cumple un siglo exacto de aquel triste episodio, y por eso, ayer a las 11 horas en el Cementerio Central de Montevideo se le rindió tributo junto al Panteón Nacional, contándose con la presencia del director de la Biblioteca Nacional, Carlos Liscano, quien a su vez estará en representación del Ministro de Educación y Cultura, Ricardo Ehrlich.

También ayer, en la página web de la Biblioteca Nacional se celebró el día colgando material poco conocido sobre la actividad plástica de la egregia poeta. Entrando a www.bibna.gub.uy, todavía se puede visitar un catálogo de unas 40 piezas realizadas por Agustini, entre las que hay pinturas, dibujos y postales de su cosecha.

También la Biblioteca Nacional está gestionando una conferencia para este mes (con fecha aún no confirmada), que reuniría a tres destacados investigadores en el Anexo del Palacio Legislativo, para tratar aspectos específicos de la literatura de la artista. También habrá lectura de poemas y exhibición de sus obras plásticas.

Por su parte, la Academia Nacional de Letras también se sumó a la celebración, con una mesa redonda que tendrá lugar en la Sala de Conferencias del Teatro Solís. Integrarán el panel los académicos Jorge Arbeleche, Ricardo Pallares y Rafael Courtoisie.

APORTE

En ese marco Fischer aportó a EL PUEBLO una serie de fotografías con las que contó para elaborar su libro sobre Delmira Agustini.