“Si bien no podemos hacer un mundo mejor, buscamos hacer el mundo de algunas personas un lugar mejor”

“Si bien no podemos hacer un mundo mejor, buscamos hacer el mundo de algunas personas un lugar mejor”

Federico y Verónica son misioneros de la Iglesia Metodista, que decidieron formar una familia adoptando a Kin, un niño que conocieron a través de un video que les llegó de Hong Kong (China). Kin tiene 7 años y posee una leve discapacidad motriz, que contrasta con su arrolladora personalidad que una vez que lo conocés, te mete en el bolsillo. Federico y Verónica nos cuentan su historia de amor.

- ¿Cómo se conocieron?

Federico- Nos conocimos en Argentina, cuando fui a estudiar abogacía a la ciudad de La Plata. Soy de una ciudad al sur de la Provincia de Buenos Aires, se llama Punta Alta, donde está la base naval Belgrano. Justo ese mismo año que fui a La Plata, ella había terminado el Secundario en Estados Unidos y había viajado a Mar del Plata para ir a un instituto bíblico, aparte de aprender español. En la ciudad de La Plata teníamos una conocida en común que nos presentó, eso fue en 2003, cuando comenzamos a escribirnos, recién había salido el Nokia 1100, así que nos texteamos y texteamos y al final de 2003 hablamos de la posibilidad si había algo o no entre nosotros, pero ella consideró que yo era muy inmaduro (risas).
Entonces, ella volvió a Estados Unidos y yo seguí en mi carrera. En 2009, cuando Facebook había comenzado a crecer un montón, había fallecido mi viejo, ella me contactó para ver cómo andaba, eso fue en febrero, ahí nos empezamos a escribir, a los pocos días comenzamos a hablar por Skype. Las charlas eran todas las noches de tres o cuatro horas, a veces nos quedábamos dormidos hablando (risas). Ya en abril nos pusimos de novios a través de internet, y para que no se me escape puse en Facebook que estaba en una relación con Verónica.
Llegué a pensar que no la iba a volver a ver. Yo trabajaba de mesero, de encuestador, viviendo en el centro de estudiantes, ni se me ocurría la posibilidad de salir del país, o sea, yo lo más lejos que había viajado era de Punta Alta a La Plata, 700 kilómetros. Pero en mayo de 2009 ella se graduó en Estados Unidos y vino para Argentina dos semanas, más que nada para ver si esto que sentíamos por internet era real. Después de la primera semana le propuse casamiento, se volvió en enero de 2010 y nos casamos.

- Esta es una historia de amor terrenal, pero también han ido construyendo otra historia de amor.

Verónica- Fui a Argentina después de la Secundaria, donde tuve como un encuentro con Dios en Argentina. La única vez que había salido de Estados Unidos fue a Argentina por dos semanas con mi mamá, y ese viaje fue todo para mí. Puntualmente por ese encuentro con Dios que tuve, sentí como un río de perdón y de amor que me atravesaba. En cierta manera Dios me dijo que estaba perdonada, “yo te perdono, ahora perdónate a vos misma, libérate”. Esto pasó al ir a una conferencia cristiana, donde tuvimos tiempo de mucha oración y alabanzas.FedericoyVerónica

- ¿Cómo llegan a la Iglesia y deciden dar un paso más y trabajar en ella?

Federico- Ella y yo estábamos en dos Iglesias diferentes en esa época. Desde que estamos casados hemos pasado por mucha transición. En la Iglesia en la que estaba, era empezar a ver a Jesús a través de los ojos de un liberador, no solamente espiritual, sino un liberador también político y social, del lado de los oprimidos, de los que menos tienen, no solo de aplicar aquello de “vení a la iglesia y vas a sentirte mejor”, sino de poder conectar la Iglesia con la sociedad y expresar qué vino a hacer Jesús. Ahí fue que sentí esas ganas de participar más en el Iglesia, y al mismo tiempo militar en el gremio de la Facultad. Ahí comenzó a operar en mí un proceso de transición bastante grande en mi vida.

- ¿Y cuándo unifican la Iglesia? ¿Cuándo se casan?

Verónica- Pasa que en ese momento yo ya no sentía la afinidad por ninguna Iglesia específica. Yo sentía que era seguidora de Jesús y coincidimos en eso.
Federico- Se dio una unificación más fuerte cuando estuvimos en Estados Unidos con la Iglesia Metodista.
Verónica- Desde que fui a Argentina en 2003, cuando tenía 16 años, supe que el propósito de mi vida sería servir a Dios y servir a otros, ¿de qué manera? No tenía ni idea. Una vez en la universidad pasé medio año en México, después pasé otro año en Marruecos, como que sentía un fuerte llamado o vocación afuera de Estados Unidos, como que me llamaba mucho las otras culturas, otros idiomas. Entonces digo, servir a Dios y servir a otros pero en otro contexto.

- Los escucho y dan a entender como que han estado en una permanente búsqueda, ¿ya encontraron lo que buscaban?

Federico- Creo que encontramos el lugar correcto, y estamos viendo cómo eso se desarrolla. Una frase clave que nos encanta por el tema de la predicación, es que Jesús no solo hace tu vida mejor sino que te hace mejor en la vida. Eso es una cosa que nos encantó de la Iglesia Metodista, que el Cristianismo no es el punto de vista institucional, el punto de vista de religión organizada sino desde el punto de vista de hacer. Si bien no podemos hacer un mundo mejor, por lo menos hacer el mundo de algunas personas un lugar mejor. Eso fue una de las cosas que nos unió al principio, cuando nos pusimos de novios, el deseo de trabajar en un orfanato o adoptar. Ella trabajó en orfanatos en aquellos países en los que estuvo, yo estuve en Kenia viviendo unos meses trabajando con huérfanos, entonces era siempre ese mismo llamado.

- ¿Cómo llega Kin a sus vidas?
Verónica- Llegó un punto en el matrimonio que nos dijimos que estábamos listos para agrandar la familia, y seguimos con el corazón para con los niños abandonados, entonces nos preguntamos cómo hacíamos. Así que entramos en el proceso de ser una “familia amiga”, pero cuando llegamos al final de ese proceso nos dimos cuenta que eso no lo podíamos hacer porque se nos iba a romper el corazón el día que el niño tuviera que partir. Por eso pensamos que como primera experiencia de padres dijimos que no. Entonces pensamos en adoptar, ahí nos lanzamos a ese proceso, donde vimos a Dios abriendo puertas emocionales, porque la adopción es algo muy caro y largo. Pero dijimos, “Dios dice que se puede”, vamos para adelante, y se pudo. En Estados Unidos es mucho más común que acá, más aún lo que es la adopción internacional.
Una vez que entrás en el proceso de adoptar internacionalmente, surgen dos grupos, o querés esperar un bebé o sos una familia que adopta enseguida a un niño que está esperando a ser adoptado. Esos niños que están en espera, son por lo general niños más grandecitos o con necesidades especiales (con alguna discapacidad). Ahí nos enfrentamos con esa pregunta, ¿estamos dispuestos a adoptar a uno de estos niños en espera? Que quiere decir que va a ser más grandecito o va a tener necesidades especiales. Nos tomó un tiempo de discernimiento, pero decidimos que estábamos dispuestos…
Federico- Nos mandaron un video de este chiquitín (acaricia el pelo de Kin) que nos mató…

- ¿Qué hizo?
Verónica- No entendimos nada porque habló en cantonés, pero nos mataba que estaba en su caminador dando un tour del hogar donde vivía a la persona que estaba filmando, con una avidez y sin parar de hablar, explicando todo, y en un momento te das cuenta que hace una broma, un chiste porque se ríe y se va con los ojitos…

- Veo que Kin ahora habla muy bien inglés y español…
Federico- Así son los niños, el español fue enseguida, al mes ya hablaba español, fue impresionante. Es recharlatán.

- ¿Cómo sigue ahora la vida de ustedes?
Verónica- Tenemos contratos con la organización por tres años. Se llama Ministerios Globales, que básicamente es la rama misionera de la Iglesia Metodista. Vamos a estar los tres años y aún no está confirmado para dónde tenemos que ir después.

Federico- Una de las cosas que nos unió comenzó por el amor a los huérfanos, pero este amor se extiende a las personas marginadas de la sociedad. Ahí fue donde nuestros diferentes deseos y experiencias se unieron. Mi parte era desde la militancia política luchando más que nada por los derechos estudiantiles, ella trabajando al principio en el área de huérfanos que luego trasladó al área de la discapacidad. Lo que más nos une y nos hace sentir en contacto con Dios es cuando podemos hacer un poco mejor la vida de personas que por diversas razones están marginadas o dejadas a un lado por la sociedad.

- ¿Somos una sociedad que prefiere marginar que ayudar a los que necesitan?

Federico- Creo que eso pasa en mayor o menor nivel en todos lados. La tranquilidad de la sociedad viene cuando hay leyes. Por ejemplo, nosotros tenemos muchas leyes que ayudan a la persona con discapacidad, ahí queda la mentalidad de la gente. Como sociedad hicimos cosas buenas, pero cuando nosotros llegamos con Kin que andaba con su andador, notamos lo problemático que es la accesibilidad con rampas.
Nosotros tenemos en nuestra congregación un grupo numeroso de chicos con diferentes discapacidades, y cuando se encontraron con los chicos que van al Colegio Crandon, donde oficio de Capellán, fue como un shock y también, por qué no, alegría, pero fue como raro por notar cómo personas que tienen cierta discapacidad están por afuera de lo que es nuestra sociedad y nadie se ve como culpable de esa división. Lo que más nos llena y nutre como pareja es poder ser útiles, poder decir al final del día que hicimos algo para que la vida de un grupo de personas sea mejor que como empezó ese día.

Verónica- Pensando en la unión con Kin en la adopción, la reacción general en todos lados es, “qué acto tan grande de bondad” o “qué cosa tan buena que hicieron”, casi como alabándonos, pero realmente creemos que Dios quiere vernos viviendo así, recibiendo al otro tan abiertamente como Dios nos recibe a cada uno de nosotros, sin esas barreras en actitud, en mentalidad, derribando esas paredes y viendo al otro sabiendo que es diferente a mí pero entendiendo que la diversidad también es buena, porque es la misma diversidad que Dios creó y hace bien unir esa diversidad.
Federico- Una de las cosas que ella enseña en su taller, es que igualdad no es lo mismo que justicia. Si bien todos somos iguales ante las leyes, muchas veces no es justo para un grupo de la sociedad. Si bien un chico con discapacidad tiene los mismos derechos que el resto, en la sociedad no hay justicia respecto de esa igualdad. La igualdad los pone a todos en el mismo nivel, pero para aquellos que la vienen remando de atrás, esa igualdad los sigue manteniendo atrás, entonces no es justicia.
Ese es el mensaje que tratamos de impulsar en nuestra Iglesia y desde la educación en el Colegio, es que nos demos cuenta aquellos que vivimos con un privilegio que heredamos, que nos fue dado, y que hay muchos que no tienen alcance a ese privilegio.
Que justicia sería que todos podamos ayudar a que el otro pueda subir también a ese privilegio, lo que sería un acto de estricta justicia.







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