Si hablamos de Murgas…

Hablamos con Demócrito “Peluco” Silva. Extenso fue el diálogo con este hombre pasional del Carnaval y sobre todo de las murgas (entrevista irradiada en Radio Libertadores en la mañana del pasado sábado).
Hincha de Diablos Verdes, supo tener su propia murga (y conjuntos afines: Casi una murga y Código de Barras) durante varios años. Fundó Diabla Compañera en 1987. Desde siempre escuchó y miró murgas, luego fue parte de ellas y más tarde comentó espectáculos de Carnaval en radio, en Salto y en Montevideo. Lo que sigue son algunos pasajes de la conversación.
-¿Cómo explica usted aquel auge de murgas en los años 80?
Pienso que esto está dicho y trillado: al salir de la dictadura mucha gente tenía ganas de decir cosas, entonces se encontró una veta en el carnaval para subir al escenario y decir cosas.
Había muy finos letristas en Montevideo, llegaban pocas cosas acá pero llegaban algunas por los medios de comunicación, y después se empezó a viajar y a conversar con los letristas y fue el auge, auge de los años 87, 88, 89 y después ya no.
-¿Por qué después ya no?
Pienso que el murguista vio que si no tenía condiciones no seguía, entonces enseguida pasamos de dieciocho murgas a once, después a diez, después a nueve, porque vos podes ir a jugar al fútbol por jugar nomás y no necesitás nada, pero cuando te profesionalizás es otra cosa. El que no sabía cantar no podía cantar. Se fue haciendo un filtro. A más cantidad menor calidad, fueron quedando los mejores. Otra cosa: también empezó a sentirse el rigor económico. Nosotros comprábamos trajes en Montevideo, yo viajaba a comprar la ropa, la retocábamos acá y el jurado lo permitía. Pero después tenés una moneda y decís: tengo que hacer el sustento en mi casa, ya no puedo, me retiro, porque pasa a ser un lujo.
-¿Qué influencia tiene lo económico en el concurso de murgas?
Lamentablemente a veces gana el que tiene más poder económico, en bravo esto que digo pero hay gente que tiene ingenio y lo vuelca ahí y hay gente que no lo tiene y lo tiene que pagar. Y sucede en Montevideo, se mandan hacer ropa en un lado, zapatos en otro, sombreros…hay cuatro o cinco modistos que de eso viven todo el año. Si no tenés poder económico…
-¿Gana la murga que dispone de más dinero?
A veces… Pero hoy pasa por ejemplo que dicen que Saltimbanquis tiene tremendo poder económico pero yo no la vi bien, hay otras que están cantando mejor, más arregladas. Vamos a ver después. Pero influye sí la condición económica de los dueños. Todas las murgas tienen un dueño, a veces es doloroso decirlo pero todas tienen dueño.
La murga es un bien raíz, es como auto o una casa, tiene papeles. Por ejemplo Diabla Compañera, que al final fue mía, vos no podés ponerle el nombre, está registrado.
Y allá en Montevideo están registrados los nombres. Te hablo de Diablos Verdes: falleció Antonio Iglesias y quedó la hija, pero a su vez tenía dos socios, además un día él le regaló a un nieto una parte, y un día se pelearon los tres… Es una empresa. Tenés que definir bien los puntos en los contratos.
-¿Lo mismo pasa en Salto?
No, acá se respeta mucho. Sin embargo hubo un problema, Uno más Uno fue hasta los juzgados creo porque alguien registró el nombre y alguien la mantuvo 10 o 15 o 20 años, pero no tenía el derecho y lo perdió, no lo tenía registrado.
-¿Existe tan grande diferencia de nivel entre murgas de Montevideo y del interior como siempre se dice?
Sí y se amplió ahora. Habíamos llegado cerca en canto, ropa, voces, pero ahora se amplió la brecha. Imaginate que ellos son un millón y medio de personas.
La gente allá se especializa, estudia, se prepara en invierno, hacen festivales, graban discos, la diferencia es muy grande ahora, muy grande. En los artistas sobre todo, son artistas de teatro que van al teatro popular de la murga y después al otro teatro también.
-Volvamos a Salto. Háblenos de las murgas de aquellos años de auge.
Punto y Coma, Falta la Papa, Los presidiarios, Canta Pueblo y Diabla Compañera fueron las cinco primeras. Pero después hubo una avalancha de muchachos que salieron excelentes cantores y tocadores.
Entonces tenés Vale 4, La Sureña, La Gruta, Los duendes parranderos, La Verde Naranja, Los Charoles, La Coqueta, Verdad Popular, Los graduados, La revancha… ¡Era impresionante! Y todos se mataban por salir bien, bien vestidos, pero se fallaba en el canto, no había tantos arregladores, ahora hay varios y muy buenos.
-También era otro el entorno. Había muchos tablados por ejemplo…
Sí, y eso murió. Con Diabla Compañera nosotros todo el mes hacíamos dos tablados por noche, y otras murgas hacían tres o cuatro por noche. Era una diversión, iba la familia, cantábamos en uno, en otro, y de repente de madrugada surgía otro y allá íbamos también, subíamos al camión e íbamos, comíamos algo por ahí y al otro día de vuelta. No sé… había más tiempo, menos obligaciones parece.
Había tablados solidarios, recuerdo el de las viviendas de 8 de Octubre y Córdoba, mucha finanza se hizo de las murgas para ayudar a las viviendas. Había en todos lados, Lazareto, Salto Nuevo, el Cerro… Los clubes también hacían tablados y ayudaba a las finanzas. Pero después se fue encareciendo todo.
Un poco tenemos la culpa nosotros los murguistas, porque nos fuimos encareciendo.
Nuestra asociación se llamaba Cosmu, ahora es Asac, entonces querés invitar a una murga y tenés que invitar a todas, y todas tienen un costo fijo y a veces el costo no lo desquitás.
-¿Y los desfiles?
Estos dos últimos años los vi por televisión. Me parece que se le quitó la esencia.
La gente lo ve más por la tele, como los partidos de fútbol, Cambiaron las cosas. Antes la gente quería aplaudir al murguista, tocarlo, bailar, el murguista paraba en algunas cuadras y cantaba y eso era un gancho para ir a verlo al Parque. Pero al murguista no le gusta desfilar, se cansa, no lo decimos pero no nos gusta.
Dos cuadras bien, ¿pero después? ¿Y cuando agarrás el repechito de Asencio hasta la Intendencia? (risas).
-¿Qué opinión tiene respecto a que se cobre entrada a los desfiles?
Yo no entro en ese tema. En todo el mundo se cobra. Pero tiene que haber una relación entre cómo es el espectáculo y a dónde va el dinero…no sé… por ahí va a una beneficencia y bienvenido sea.
-¿Qué reflexión le merece la vinculación murga-política?
La murga es de izquierda, pero ahora le están pegando al gobierno, si se equivoca le pegan.
La murga es como tener un calendario del año.
Yo he escuchado murgas que le pegan a gente importante y eso está bien. Ahora…hay que ver cuál es el grado de verdad de lo que se canta, porque si a mí me dicen: fulano metió la mano en la lata, yo digo: bueno, demostrámelo. Pasa de los dos bandos.
La murga lo dice con gracia pero lo dice, entonces cuando le “pega” a alguien hay que seguirlo a ver si es verdad, no es cuestión de tirar las cosas nomás.
Vi una murga chica pero muy bien armada que le cantó a Astori y el mensaje final le decía: tené cuidado, nosotros te vamos a votar pero tené cuidado, abrí los ganchos.







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