“Siempre se puede llegar a donde se quiera”

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En nuestras ediciones anteriores comenzamos a seguir la gran aventura del salteño, Nicolás Godoy, que el pasado 28 de febrero dejó la vida que llevaba en Uruguay, para vivir la que él realmente quería y cumplir su sueño… recorrer el mundo en su bicicleta a la cual llama “La Botija”.
En este tiempo “Nico” ha recorrido muchos países de América Latina. Argentina, Bolivia, Perú. En este momento él se encuentra en Ecuador – Salinas, donde tuvo la oportunidad de reencontrarse con parte de su familia, quienes lo fueron a visitar desde Salto.

 Ya pasaron 10 meses, 10 meses de mi nuevo nacimiento. Ya pasaron muchas personas, miles de momentos, muchas vivencias, caminos que no volveré y recuerdos que no se olvidarán.

Ya pasaron 10 meses, 10 meses de mi nuevo nacimiento. Ya pasaron muchas personas, miles de momentos, muchas vivencias, caminos que no volveré y recuerdos que no se olvidarán.

EL PUEB LO dialogó con Nicolás hace algunos días atrás y él nos comentó que esta es una de las mejores experiencias, que ha conocido personas maravillosas y que hasta le han abierto las puertas de sus casas para que el descanse. Ha pasado cosas buenas y malas, pero él está feliz con su gran aventura.
En todo este tiempo, Nicolás Godoy ha estado escribiendo un diario de viaje, donde escribe sobre las experiencias que vive, las personas que conoce y los caminos que quiere recorrer. A continuación compartimos con nuestros lectores un fragmento de su diario.
“Salí tarde en la mañana de Parque Lago, donde pasé la noche. Desayuné, desarmé la carpa, ordené las alforjas y armé “La Botija”. En teoría iba a ser un día no tan largo pero si unas 6 horas de pedal. Tomé la ruta a las 9 a.m, no salí más temprano por que creí que no era necesario. Los primeros 50km hasta Cerecita fueron por la ciclovía, paralela a la ruta, sin vehículos que molesten, pedaleando tranquilo, primera vez pedaleando en ruta por una ciclovía. Era un día gris, como los últimos por estos lados, de a ratos lloviznaba y había mucho viento en contra soplando del noroeste y de costado, me dificultaba el avance. Entre paradas y pedaleando iba pensando que iba a hacer, sabia que ir a Salinas era

Nicolás en las playas de Punta Sal de Perú

Nicolás en las playas de Punta Sal de Perú

largo, ya que no era tan fácil como me lo habían dicho, no era tan llano y con algunas cuestas no tan pronunciadas pero que me hacían ir mas lento. Llegé a un punto en que la ruta se divide, y hay varios caminos. Tomé el equivocado. Había tardado unos 5 kilómetros en darme cuenta, me molesté y mucho, no me gusta equivocarme, pero a veces pasa y erras el camino. Cuando me di cuenta de mi error, paré y pregunté, me indicaron el camino, no entendía mucho pero nos fuimos. Seguí camino y en determinado momento empiezo a ver que ya había pasado por algunos lugares, estaba en el retorno a Guayaquil. Paro de nuevo, pregunto, la misma historia otra vez, hasta que encontré el camino nuevamente. Seguí por la ruta, me faltaban unos 70km todavía para el destino y ya había recorrido cerca de 60 o 70 km. Trato de ir lo mas rápido que puedo, ya eran las 4:30 p.m. me quedaban 50km para llegar a Salinas. Paro, pienso que hacer por que me quedaba pocas horas de luz, y la ruta en la noche es mas peligrosa, no me gusta pedalear a la noche.
Decido seguir camino a Salinas. Busco lugar para dormir, o armar la tienda, no encuentro nada, ya estaba muy cansado.

Nicolas junto a su hermana y su madre en Ecuador

Nicolas junto a su hermana y su madre en Ecuador

Eran las 6 p.m y comenzaba a anochecer, pongo todas las luces que tengo y reflectivos en “La Botija”, por segunda vez me agarra la noche en la ruta, sin opciones de parar seguimos, nos quedaban 30 kilómetros. Me propongo hacer esos 30 kilómetros en dos horas. Empezaba otro viaje en el mismo día, muy cansado, los autos en la ruta, la noche, las luces, camiones pasando cerca, poca visibilidad, le di lo mas rápido que podía. Nuevamente llevando mi cuerpo y mente al limite, comencé a ver las luces, pienso y digo “Ya llegue” pero no, antes de Salinas había que pasar por dos pueblos y uno cruzarlo entero, mucho trafico, con mucho estrés entre bocinas, gente, autos y ómnibus, pero logré pasar esa locura. Ya llegando a Salinas, mas tranquilo y sin tanto trafico. Llegué al objetivo del día. Ni yo me creía lo que había hecho ese día, por eso digo que las limitaciones las pone uno mismo y siempre se puede llegar a donde se quiera, con ganas y manteniendo el objetivo claro. #RodandoLibre #PorIndio”

 







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