Sin pedir permiso

NNo hay mejor cosa que levantarse un lunes por la mañana y escuchar tranquilamente lo que dicen los informativos para saber con qué nos vamos a encontrar cuando salgamos a la calle. Por lo general no queremos más problemas de los que ya existen, pero sí estar al tanto de las cosas que pasan, porque es algo que lo sentimos como si fuera un deber natural, al menos para darnos cuenta de dónde estamos parados.
Por lo general no sabemos dónde estamos, porque si no, no haríamos ni la mitad de las cosas que  hacemos, eso es así. Aunque nos gusta ser porfiados, hacer alharaca de que sabemos quiénes somos, qué queremos para nuestras vidas, cuando en realidad no tenemos ni la más mínima noción de lo que sería realmente bueno hacer con nuestras pobres e ilusas vidas, que solamente siguen un trabajo, para percibir un salario a fin de mes, con el cual pagar la cuentas y alimentarnos con lo que ese mismo ingreso nos permita comprar durante un lustro.
Y así seguimos alimentando al sistema, el que nos está comiendo y nos demuestra que no debemos ilusionarnos con lo que vemos por televisión, es más, ni siquiera con la televisión en sí porque tenemos que salir corriendo para nuestro trabajo y servir a los demás en nuestra posición, donde lo que hacemos es prestar un servicio a cambio de algo. ¿Estamos de acuerdo con hacerlo? No lo creo, si pensamos un segundo en todo lo que podemos dar, seguro que no lo estaríamos. ¿Pero lo decimos en voz alta? Tampoco, porque nos van a creer desagradecidos, desubicados, atrevidos y que lo único a que apuntamos es a patear el tablero, cuando en realidad piensan que tendríamos que dar mucho más de nosotros mismos.
Sí, aunque pensemos que damos lo suficiente, lo justo, lo necesario como para cumplir con nuestra tarea, siempre habrá alguien desconforme del otro lado que nos dirá todo lo contrario. Que somos holgazanes porque nuestra capacidad nos da para responder mucho más, y que si ellos hacen el esfuerzo de mantenerte a flote, vos tenés que hacer el tuyo, para darle las gracias por la posición en la que te pusieron. Y uno se pregunta ¿es justo? Y la respuesta surge, a esta altura del campeonato, hay compromisos, no hay que cuestionarlo demasiado y actuar.
A qué filosofía de vida barata nos exponemos cuando empezamos a pensar que si nosotros valemos lo que hacemos y lo que hacemos no nos proporciona lo que queremos, entonces valemos poco o estamos mal aprovechando nuestro valor y lo estamos tirando al tacho. ¿O es que nos estamos dejando poner valor por otras personas que quizás no sean las adecuadas para hacerlo?
Hay que repensar todo, es lunes, ¿por qué no hacerlo? Empieza la semana y es una manera de juntar coraje para tomar una decisión que le de un giro a la vida. Yo en este momento podría estar hablando de la economía del país, de la situación política, de los afectados por las inundaciones que en Salto ya se va cobrando más de 500 damnificados y eso es mucho sufrimiento en cualquier parte del mundo.
Sin embargo, estoy pensando que puedo hacer muchas cosas positivas con mi vida y no dejar que el tiempo corra, porque después no tenemos como volver atrás y si regalamos nuestros segundos de vida, haciendo cosas que realmente no nos hacen felices, que nos vuelven gente que no queremos ser, lo único que ganaremos es ser personas infelices y avejentarnos antes de tiempo, volviéndonos obsecados, obsecuentes detrás de un escritorio, contentos porque salimos sorteados para estar dirigiendo algo que no queríamos, o peor aún, cumpliendo órdenes de otros que no saben qué pasa por nuestras cabezas, qué es lo que nos gusta hacer con nuestras vidas y cuáles son nuestras preferencias, pero que tampoco les importa y solamente nos dicen qué hacer porque nos dan parte de su dinero para que lo hagamos.
Esto no es despotricar contra el trabajo per se, ni tampoco contra lo que uno hace, si es que a uno le gusta lo que hace y se siente conforme con la elección de vida que hizo. Pero sí es ayudarnos a poner las barbas en remojo y pensar un poco más en lo que estamos haciendo, para evitar volvernos como el insecto de Kafka, que de tanto estar imbuido en la misma cosa todo el tiempo, toda su vida, no pudo levantarse más de su silla y terminó en eso, mientras otros volaron e hicieron con su vida lo que quisieron.
Somos parte de un sistema del que no podemos despegarnos, pero en el que sí podemos hacer un montón de cosas distintas a las de ser un simple tornillo que ajuste las grandes tuercas, que son las que disfrutan del néctar del aceite que las ayuda a moverse y hacer que las cosas funcionen. No tenemos porqué quedarnos sentados a una silla esperando que el viento vuele y mientras tanto mirar el techo, como si nada pasara a nuestro alrededor y como si el compromiso de tener que ir todos los días al mismo lugar a hacer exactamente lo mismo todos los días, nos llevara de repente por inercia a la misma dejadez que al final del día no nos ayudó a construir nada distinto.
Entonces, ¿hacia dónde vamos a ir hoy?, ¿qué vamos a hacer con nosotros mismos cuando nos levantemos y nos miremos al espejo? ¿Al mismo lugar de siempre, o vamos a intentar hacer algo distinto?
Desde hace tiempo que vengo pensando en el tema, porque llega un momento que uno ya no quiere ver las mismas caras en el mismo lugar todos los días. Esto no es nada contra nadie, es solamente una metáfora, lo aclaro por las dudas, aunque esperando que no sea necesario y que quien haya leído esto, lo haya comprendido como un pensamiento sobre la posibilidad que tenemos cada uno de nosotros de valorarnos y de saber que podemos dar lo mejor de nosotros mismos, en lo que realmente queramos hacer o hayamos soñado algún día.
Sin creer que el dinero es una limitación para no hacer algo y sin dejarnos llevar por la absurda necesidad de tener que cumplir con un sistema que nos absorbe cada día y que nos hace olvidarnos que no somos objetos, sino sujetos que podemos sentirnos distintos y tratar de ser felices, sin pedirle permiso a nadie. Al menos eso.

No hay mejor cosa que levantarse un lunes por la mañana y escuchar tranquilamente lo que dicen los informativos para saber con qué nos vamos a encontrar cuando salgamos a la calle. Por lo general no queremos más problemas de los que ya existen, pero sí estar al tanto de las cosas que pasan, porque es algo que lo sentimos como si fuera un deber natural, al menos para darnos cuenta de dónde estamos parados.

Por lo general no sabemos dónde estamos, porque si no, no haríamos ni la mitad de las cosas que  hacemos, eso es así. Aunque nosfoto gusta ser porfiados, hacer alharaca de que sabemos quiénes somos, qué queremos para nuestras vidas, cuando en realidad no tenemos ni la más mínima noción de lo que sería realmente bueno hacer con nuestras pobres e ilusas vidas, que solamente siguen un trabajo, para percibir un salario a fin de mes, con el cual pagar la cuentas y alimentarnos con lo que ese mismo ingreso nos permita comprar durante un lustro.

Y así seguimos alimentando al sistema, el que nos está comiendo y nos demuestra que no debemos ilusionarnos con lo que vemos por televisión, es más, ni siquiera con la televisión en sí porque tenemos que salir corriendo para nuestro trabajo y servir a los demás en nuestra posición, donde lo que hacemos es prestar un servicio a cambio de algo. ¿Estamos de acuerdo con hacerlo? No lo creo, si pensamos un segundo en todo lo que podemos dar, seguro que no lo estaríamos. ¿Pero lo decimos en voz alta? Tampoco, porque nos van a creer desagradecidos, desubicados, atrevidos y que lo único a que apuntamos es a patear el tablero, cuando en realidad piensan que tendríamos que dar mucho más de nosotros mismos.

Sí, aunque pensemos que damos lo suficiente, lo justo, lo necesario como para cumplir con nuestra tarea, siempre habrá alguien desconforme del otro lado que nos dirá todo lo contrario. Que somos holgazanes porque nuestra capacidad nos da para responder mucho más, y que si ellos hacen el esfuerzo de mantenerte a flote, vos tenés que hacer el tuyo, para darle las gracias por la posición en la que te pusieron. Y uno se pregunta ¿es justo? Y la respuesta surge, a esta altura del campeonato, hay compromisos, no hay que cuestionarlo demasiado y actuar.

A qué filosofía de vida barata nos exponemos cuando empezamos a pensar que si nosotros valemos lo que hacemos y lo que hacemos no nos proporciona lo que queremos, entonces valemos poco o estamos mal aprovechando nuestro valor y lo estamos tirando al tacho. ¿O es que nos estamos dejando poner valor por otras personas que quizás no sean las adecuadas para hacerlo?

Hay que repensar todo, es lunes, ¿por qué no hacerlo? Empieza la semana y es una manera de juntar coraje para tomar una decisión que le de un giro a la vida. Yo en este momento podría estar hablando de la economía del país, de la situación política, de los afectados por las inundaciones que en Salto ya se va cobrando más de 500 damnificados y eso es mucho sufrimiento en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, estoy pensando que puedo hacer muchas cosas positivas con mi vida y no dejar que el tiempo corra, porque después no tenemos como volver atrás y si regalamos nuestros segundos de vida, haciendo cosas que realmente no nos hacen felices, que nos vuelven gente que no queremos ser, lo único que ganaremos es ser personas infelices y avejentarnos antes de tiempo, volviéndonos obsecados, obsecuentes detrás de un escritorio, contentos porque salimos sorteados para estar dirigiendo algo que no queríamos, o peor aún, cumpliendo órdenes de otros que no saben qué pasa por nuestras cabezas, qué es lo que nos gusta hacer con nuestras vidas y cuáles son nuestras preferencias, pero que tampoco les importa y solamente nos dicen qué hacer porque nos dan parte de su dinero para que lo hagamos.

Esto no es despotricar contra el trabajo per se, ni tampoco contra lo que uno hace, si es que a uno le gusta lo que hace y se siente conforme con la elección de vida que hizo. Pero sí es ayudarnos a poner las barbas en remojo y pensar un poco más en lo que estamos haciendo, para evitar volvernos como el insecto de Kafka, que de tanto estar imbuido en la misma cosa todo el tiempo, toda su vida, no pudo levantarse más de su silla y terminó en eso, mientras otros volaron e hicieron con su vida lo que quisieron.

Somos parte de un sistema del que no podemos despegarnos, pero en el que sí podemos hacer un montón de cosas distintas a las de ser un simple tornillo que ajuste las grandes tuercas, que son las que disfrutan del néctar del aceite que las ayuda a moverse y hacer que las cosas funcionen. No tenemos porqué quedarnos sentados a una silla esperando que el viento vuele y mientras tanto mirar el techo, como si nada pasara a nuestro alrededor y como si el compromiso de tener que ir todos los días al mismo lugar a hacer exactamente lo mismo todos los días, nos llevara de repente por inercia a la misma dejadez que al final del día no nos ayudó a construir nada distinto.

Entonces, ¿hacia dónde vamos a ir hoy?, ¿qué vamos a hacer con nosotros mismos cuando nos levantemos y nos miremos al espejo? ¿Al mismo lugar de siempre, o vamos a intentar hacer algo distinto?

Desde hace tiempo que vengo pensando en el tema, porque llega un momento que uno ya no quiere ver las mismas caras en el mismo lugar todos los días. Esto no es nada contra nadie, es solamente una metáfora, lo aclaro por las dudas, aunque esperando que no sea necesario y que quien haya leído esto, lo haya comprendido como un pensamiento sobre la posibilidad que tenemos cada uno de nosotros de valorarnos y de saber que podemos dar lo mejor de nosotros mismos, en lo que realmente queramos hacer o hayamos soñado algún día.

Sin creer que el dinero es una limitación para no hacer algo y sin dejarnos llevar por la absurda necesidad de tener que cumplir con un sistema que nos absorbe cada día y que nos hace olvidarnos que no somos objetos, sino sujetos que podemos sentirnos distintos y tratar de ser felices, sin pedirle permiso a nadie. Al menos eso.