Sobre José Pedro Varela, a 168 años de su natalicio

Anteayer se cumplieron 168 años del natalicio del mayor reformador de la escuela uruguaya: José Pedro Varela. Cabe recordar que Salto le rinde homenaje con una calle (que nace al finalizar la cuadra del 200 de calle Colón y se extiende al Este hasta calle Oficial 2º) y una escuela (Nº 3, en Brasil y Feliciano Viera) que llevan su nombre. Asimismo, existe un busto ubicado en Plaza Treinta y Tres Orientales, que durante algún tiempo estuvo en la intersección de las calles Uruguay y Florencio Sánchez, y desde el año 1974 hasta la actualidad en Florencio Sánchez y Artigas.
José Pedro Varela nació en Montevideo el 19 de marzo de 1845. Es principalmente a sus ideas y realizaciones que se debe la gran reforma en la escuela uruguaya iniciada durante los últimos veinticinco años del siglo XIX. Su ideal era la escuela obligatoria, gratuita y laica. Su pensamiento fue desarrollado en dos obras fundamentales: “La Educación del Pueblo” y “La Legislación Escolar”. Entre los hechos más destacados que se lograron en la enseñanza, se destacan:
-Creación del Instituto normal de Señoritas
-Creación del Instituto Normal de Varones
-Multiplicación de escuelas en los centros urbanos
-Creación de escuelas en el medio rural ley de edificación escolar
-Intensificación de la lucha nacional contra el analfabetismo
-Creación de institutos normales en las capitales departamentales
-Creación de las misiones socio-pedagógicas.
José Pedro Varela falleció en Montevideo en 1879.
TOMÁS DE MATTOS
NOVELÓ SU VIDA EN
“EL HOMBRE DE MARZO”
Hace poco más de dos años, el novelista tacuaremboense Tomás de Mattos noveló la vida de José Pedro Varela en el libro “El hombre de marzo”.  Ocho años después de su última novela, “Las puertas de la misericordia”, sorprendió con esta biografía novelada. No es la primera vez que de Mattos escribe narraciones donde fusiona lo histórico y lo ficticio (baste recordar que una de sus novelas más famosas es “Bernabé, Bernabé”, sobre la matanza de los charrúas en Salsipuedes).
Ha confesado el autor, que Varela le parece “la mente más revolucionaria del siglo XIX”, y en su novela intenta mostrar un personaje histórico diferente, “de carne y hueso” y mucho más complejo que el pensador cuyos preceptos quedaron “esculpidos en piedra”.
Respetamos pero
no compartimos
Respetamos este tipo de narraciones, máximo viniendo de un gran narrador como Tomás de Mattos, pero también nos preguntamos: ¿Vale la pena intentar descubrir aspectos privados de la persona más allá de lo que significó como personaje histórico?, ¿es válido, éticamente, mostrar una faceta tan personal y en algunos caso íntima, incluso con afirmaciones que carecen de respaldo histórico? Pensamos que no. Creemos, por otra parte, que no necesita Tomás de Mattos del nombre de Varela para generar “gancho” en el público. Pero sin dudas que se trata de una lectura que atrae y despierta curiosidad, independientemente de compartirse o no la propuesta.
“Temo que a los varelianos les disguste” y “me reprocharán que lo expongo a escabrosidades”, sostiene Tomás de Mattos
El propio autor ha reflexionado sobre su novela en estos términos: “Preveo que este libro escandalizará o desilusionará, será despreciado o causará escozores varios a unos cuantos lectores, sean tirios o troyanos.
Por desgracia, unos cuantos seguirán pensando que he asumido ingenuamente la defensa de un reo irredimible. Habrá quienes seguirán considerando que José Pedro Varela Berro fue un colaborador de la dictadura; un pedagogo improvisado, autoritario y plagiario; un varón machista y, para colmo, racista. No fue para convencerlos que escribí esta novela. Ya se han      definido y varias veces.
Únicamente me ha satisfecho navegar contra su corriente y proponerle a la opinión pública un cauce de interpretación diferente, para que cada lector termine elaborando su propio juicio. Temo que a los varelianos les disguste ver a su prócer unas cuantas veces en paños menores.
Me reprocharán que lo expongo a escabrosidades que no tienen (algunas) respaldo histórico. Les respondo que, a mi juicio, el verdadero Varela, el que necesitamos, no fue en vida bronce inerte y herrumbrado, ni un profeta laico que descendió del barco con tres únicos mandamientos pedagógicos esculpidos en piedra. Fue un hombre de carne y hueso y de sangre ardiente, hasta tal punto que el amigo que más lo conoció, Carlos María Ramírez, le puso públicamente el mote de Sacerdote de Venus. Y, sobre todo, fue mucho más que el Reformador de la Educación”.
Los versos de
Víctor Lima
Nuestro poeta salteño Víctor Lima poetizó la figura de Varela en la famosa canción que tituló Sembrador de Abecedario, musicalizada y popularizada por Los Olimareños en ritmo de vals. Estos son sus versos:
Para colmarme la vida,
para llenarme de luz,
imitando a mi bandera
me voy a la escuela
de blanco y azul.
Siempre me dice el maestro
con dulce dejo de amor:
«El fundador de tu escuela
se llama Varela,
quiere, quiérelo».
Sembrador de abecedario,
líder del verbo oriental,
don José Pedro Varela,
pastor de la escuela,
jamás morirá.
Gracias, señor don Varela,
gracias, señor don José,
don Pedro, fiel de los niños
que cantan la letra
que les dio su fe.
Cuando me voy a la escuela,
don José Pedro, qué bien
si viera usted qué contento
me vuela por dentro
pensando en usted.

Anteayer se cumplieron 168 años del natalicio del mayor reformador de la escuela uruguaya: José Pedro Varela. Cabe recordar que Salto le rinde homenaje con una calle (que nace al finalizar la cuadra del 200 de calle Colón y se extiende al Este hasta calle Oficial 2º) y una escuela (Nº 3, en Brasil y Feliciano Viera) que llevan su nombre. Asimismo, existe un busto ubicado en Plaza Treinta y Tres Orientales, que durante algún tiempo estuvo en la intersección de las calles Uruguay y Florencio Sánchez, y desde el año 1974 hasta la actualidad en Florencio Sánchez y Artigas.

José Pedro Varela nació en Montevideo el 19 de marzo de 1845. Es principalmente a sus ideas y realizaciones que se debe la granVARELAreforma en la escuela uruguaya iniciada durante los últimos veinticinco años del siglo XIX. Su ideal era la escuela obligatoria, gratuita y laica. Su pensamiento fue desarrollado en dos obras fundamentales: “La Educación del Pueblo” y “La Legislación Escolar”. Entre los hechos más destacados que se lograron en la enseñanza, se destacan:

-Creación del Instituto normal de Señoritas

-Creación del Instituto Normal de Varones

-Multiplicación de escuelas en los centros urbanos

-Creación de escuelas en el medio rural ley de edificación escolar

-Intensificación de la lucha nacional contra el analfabetismo

-Creación de institutos normales en las capitales departamentales

-Creación de las misiones socio-pedagógicas.

José Pedro Varela falleció en Montevideo en 1879.

TOMÁS DE MATTOS NOVELÓ SU VIDA EN “EL HOMBRE DE MARZO”

Hace poco más de dos años, el novelista tacuaremboense Tomás de Mattos noveló la vida de José Pedro Varela en el libro “El hombre de marzo”.  Ocho años después de su última novela, “Las puertas de la misericordia”, sorprendió con esta biografía novelada. No es la primera vez que de Mattos escribe narraciones donde fusiona lo histórico y lo ficticio (baste recordar que una de sus novelas más famosas es “Bernabé, Bernabé”, sobre la matanza de los charrúas en Salsipuedes).

Ha confesado el autor, que Varela le parece “la mente más revolucionaria del siglo XIX”, y en su novela intenta mostrar un personaje histórico diferente, “de carne y hueso” y mucho más complejo que el pensador cuyos preceptos quedaron “esculpidos en piedra”.

Respetamos pero  no compartimos

Respetamos este tipo de narraciones, máximo viniendo de un gran narrador como Tomás de Mattos, pero también nos preguntamos: ¿Vale la pena intentar descubrir aspectos privados de la persona más allá de lo que significó como personaje histórico?, ¿es válido, éticamente, mostrar una faceta tan personal y en algunos caso íntima, incluso con afirmaciones que carecen de respaldo histórico? Pensamos que no. Creemos, por otra parte, que no necesita Tomás de Mattos del nombre de Varela para generar “gancho” en el público. Pero sin dudas que se trata de una lectura que atrae y despierta curiosidad, independientemente de compartirse o no la propuesta.

“Temo que a los varelianos les disguste” y “me reprocharán que lo expongo a escabrosidades”, sostiene Tomás de Mattos

El propio autor ha reflexionado sobre su novela en estos términos: “Preveo que este libro escandalizará o desilusionará, será despreciado o causará escozores varios a unos cuantos lectores, sean tirios o troyanos.

Por desgracia, unos cuantos seguirán pensando que he asumido ingenuamente la defensa de un reo irredimible. Habrá quienes seguirán considerando que José Pedro Varela Berro fue un colaborador de la dictadura; un pedagogo improvisado, autoritario y plagiario; un varón machista y, para colmo, racista. No fue para convencerlos que escribí esta novela. Ya se han      definido y varias veces.

Únicamente me ha satisfecho navegar contra su corriente y proponerle a la opinión pública un cauce de interpretación diferente, para que cada lector termine elaborando su propio juicio. Temo que a los varelianos les disguste ver a su prócer unas cuantas veces en paños menores.

Me reprocharán que lo expongo a escabrosidades que no tienen (algunas) respaldo histórico. Les respondo que, a mi juicio, el verdadero Varela, el que necesitamos, no fue en vida bronce inerte y herrumbrado, ni un profeta laico que descendió del barco con tres únicos mandamientos pedagógicos esculpidos en piedra. Fue un hombre de carne y hueso y de sangre ardiente, hasta tal punto que el amigo que más lo conoció, Carlos María Ramírez, le puso públicamente el mote de Sacerdote de Venus. Y, sobre todo, fue mucho más que el Reformador de la Educación”.

Los versos de Víctor Lima

Nuestro poeta salteño Víctor Lima poetizó la figura de Varela en la famosa canción que tituló Sembrador de Abecedario, musicalizada y popularizada por Los Olimareños en ritmo de vals. Estos son sus versos:

Para colmarme la vida,

para llenarme de luz,

imitando a mi bandera

me voy a la escuela

de blanco y azul.

Siempre me dice el maestro

con dulce dejo de amor:

«El fundador de tu escuela

se llama Varela,

quiere, quiérelo».

Sembrador de abecedario,

líder del verbo oriental,

don José Pedro Varela,

pastor de la escuela,

jamás morirá.

Gracias, señor don Varela,

gracias, señor don José,

don Pedro, fiel de los niños

que cantan la letra

que les dio su fe.

Cuando me voy a la escuela,

don José Pedro, qué bien

si viera usted qué contento

me vuela por dentro

pensando en usted.







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