Son muchos más los que vuelven que los que se quedan…

Luis Facundo Osorio Antunez – Formativas de Peñarol capitalino (Primera parte)

esde siempre fue así, el fútbol profesional se nutrió y se nutre de los chiquilines del interior del país, de diferentes maneras, una de ellas es probando a chiquilines que van a la capital y  se presentan en forma espontánea, otra es saliendo al interior realizando los famosos campamentos y de esa manera observando a los chiquilines sin necesidad de que se trasladen, seleccionando a aquellos que insinúen cualidades sobresalientes y la otra es encomendando a personas de confianza quienes “miran” a los jugadores del lugar y recomiendan su traslado a la capital a fines de que lo prueben.
El hecho es “probarse” o hacer la pretemporada, lo que no asegura su permanencia en el club, ya que ello depende de muchos factores, incluso de un poco de suerte. Tan es así, que cada año se prueban cerca de cuatrocientos jóvenes y se quedan unos pocos, que con el correr de los meses van disminuyendo en número. Es un fútbol muy competitivo y el “canibalismo” en el buen sentido de la palabra está a la orden del día, ya que están permanentemente compitiendo por un lugar con compañeros del plantel,  son varios por puestos y la decantación es inevitable.
En cierta oportunidad que viajé a Montevideo con las inferiores de River Plate salteño, se realizo fútbol con las formativas del club capitalino y de cierta manera se les ofreció jugadores que se destacaban en nuestro medio a nivel formativo y en ese momento el encargado de las formativas de River capitalino era nada menos que el Dr Moller.
El DT fue bien claro, y nos explicó la política del club: “Nosotros para traer un jugador juvenil del interior del país lo hacemos justamente con aquellos que realmente sean diferentes, es decir sobresalgan. Todos los años hacemos un llamado y se presentan 500 aspirantes de Montevideo, chiquilines que si son seleccionados no ocasionan gastos importantes, a no ser el pago del pasaje del ómnibus y otras cositas más, en cambio si traemos a un juvenil del interior del país, tenemos que hacernos cargo del alojamiento, comida, traslados e incluso del seguro médico”, Más claro, agregue un chorrito de agua, decía un amigo. Y es así, actualmente está de moda el traslado de chiquilines a la capital a probarse a instituciones capitalinas, llámese Peñarol, Nacional, Defensor, Danubio, River Plate, etc, entre los más comunes, y ello representa una oportunidad muy importante para el joven del interior que quiere triunfar y vivir de la práctica del fútbol, pero no es fácil. Es muy importante que el joven viaje sabiendo la verdad de la “milanesa” y es que se va a probar, y que sea muy consciente de ello, para no sufrir frustraciones importantes, incluso con trastorno de la personalidad  si no tienen la posibilidad de quedarse. Por ello creo que se debería hablar tanto al joven como a sus familiares de la realidad, los que se quedan son unos pocos y los que triunfan son menos, para que lo tengan muy en claro y no sufran. Si van con toda la fe del mundo, bien preparados, tienen posibilidades y a no desperdiciarlas, pero si les toca la mala o no decaerse, y continuar trabajado y estudiando.
LUIS DIAZ
En la oportunidad hablamos con Luis Facundo Osorio Antúnez, un jovencito salteño que está practicando en Peñarol capitalino desde hace tres años, se fue a Montevideo con solo 13 años, hoy está con 16 y nos contó la forma de vida de los jóvenes que se quedan buscando triunfar, el sacrificio que hacen, con la ilusión encendida, sabiendo que todos los días estas rindiendo exámenes y que estás compitiendo con tus propios compañeros.
¿Cómo llegaste a Peñarol?
Yo estaba jugando en la Cat 13 años con Peñarol de Salto, cuando vinieron de Montevideo a realizar un campamento, me vieron y me dijeron que fuera a realizar la pretemporada en Montevideo.
¿Hiciste el Baby en Peñarol?
No, hasta los 12 años jugaba en Chaná.
¿Tenías tan sólo 13 años, con qué te encontraste allá?
Primero me alojaron en una casona que alquilaba Peñarol en la calle Veracierto y 8 de Octubre, fuimos cinco de Salto y en esa oportunidad quedé solo yo, en ese lugar se alojaban una cantidad de jugadores de todas las formativas. Recuerdo que llegamos directamente a realizar la pretemporada.
¿Difícil la pretemporada?
Y sí, porque nunca habíamos tenido una pretemporada tan intensa.
¿Cómo trabajan en pretemporada?
Se hace un trabajo físico muy fuerte, practicábamos desde las 9 de la mañana hasta las 12 con algunas interrupciones cortitas para tomar agua, de tarde volvemos, así practicamos un mes completo sin tocar la pelota, nos hacen evoluciones físicas permanente, corríamos 1200 metros y nos tomaban el tiempo, en varias oportunidades en el día. También nos toman el tiempo en velocidad, 200 metros en la arena, también varias veces al día, el primer mes es trabajo físico a “matar”, esa es la prueba de fuego en la que abandonan muchos, después viene el trabajo con pelota, de la pretemporada son muy pocos los que tiene la suerte o aguantan y se quedan.
¿Con 13 años aguantaste todo eso?
Sí, al principio extrañaba cantidad, estuve por venirme, especialmente cuando mis compañeros se vinieron –uno de ellos volvió y se quedó en River, Agustín Pintos- , pero pensé bien, que me jugaba el futuro y me quedé, ahora ya son tres las pretemporadas y no tengo mayores problemas.
¿En qué categoría ingresaste?
En septima, el primer año jugué muy poco, en el segundo pase a Sexta, me hablaron que me iban a probar, yo era volante o delantero, me hablaron que querían que jugara de lateral izquierdo y acepté y hoy estoy en ese puesto, me adapté bien, este año ascendí a Quinta.
¿Siguen viviendo en la casona de Veracierto y 9 de Octubre?
No, estamos viviendo en una casona en Solymar, somos como 40.
¿Si son tantos, hay problemas entre Uds?
Como en todos lados, solo que se arreglan enseguida, todos estamos para la misma y no podemos andar peleados.
(fin de la 1ª parte)

Desde siempre fue así, el fútbol profesional se nutrió y se nutre de los chiquilines del interior del país, de diferentes maneras, una de ellas es probando a chiquilines que van a la capital y  se presentan en forma espontánea, otra es saliendo al interior realizando los famosos campamentos y de esa manera observando a los chiquilines sin necesidad de que se trasladen, seleccionando a aquellos que insinúen cualidades sobresalientes y la otra es encomendando a personas de confianza quienes “miran” a los jugadores del lugar y recomiendan su traslado a la capital a fines de que lo prueben.

El hecho es “probarse” o hacer la pretemporada, lo que no asegura su permanencia en el club, ya que ello depende de muchos factores, incluso de un poco de suerte. Tan es así, que cada año se prueban cerca de cuatrocientos jóvenes y se quedan unos pocos, que con el correr de los meses van disminuyendo en número. Es un fútbol muy competitivo y el “canibalismo” en el buen sentido de la palabra está a la orden del día, ya que están permanentemente compitiendo por un lugar con compañeros del plantel,  son varios por puestos y la decantación es inevitable.

En cierta oportunidad que viajé a Montevideo con las inferiores de River Plate salteño, se realizo fútbol con las formativas del club capitalino y de cierta manera se les ofreció jugadores que se destacaban en nuestro medio a nivel formativo y en ese momento el encargado de las formativas de River capitalino era nada menos que el Dr Moller.

El DT fue bien claro, y nos explicó la política del club: “Nosotros para traer un jugador juvenil del interior del país lo hacemos justamente con aquellos que realmente sean diferentes, es decir sobresalgan. Todos los años hacemos un llamado y se presentan 500 aspirantes de Montevideo, chiquilines que si son seleccionados no ocasionan gastos importantes, a no ser el pago del pasaje del ómnibus y otras cositas más, en cambio si traemos a un juvenil del interior del país, tenemos que hacernos cargo del alojamiento, comida, traslados e incluso del seguro médico”, Más claro, agregue un chorrito de agua, decía un amigo. Y es así, actualmente está de moda el traslado de chiquilines a la capital a probarse a instituciones capitalinas, llámese Peñarol, Nacional, Defensor, Danubio, River Plate, etc, entre los más comunes, y ello representa una oportunidad muy importante para el joven del interior que quiere triunfar y vivir de la práctica del fútbol, pero no es fácil. Es muy importante que el joven viaje sabiendo la verdad de la “milanesa” y es que se va a probar, y que sea muy consciente de ello, para no sufrir frustraciones importantes, incluso con trastorno de la personalidad  si no tienen la posibilidad de quedarse. Por ello creo que se debería hablar tanto al joven como a sus familiares de la realidad, los que se quedan son unos pocos y los que triunfan son menos, para que lo tengan muy en claro y no sufran. Si van con toda la fe del mundo, bien preparados, tienen posibilidades y a no desperdiciarlas, pero si les toca la mala o no decaerse, y continuar trabajado y estudiando.

LUIS DIAZ

En la oportunidad hablamos con Luis Facundo Osorio Antúnez, un jovencito salteño que está practicando en Peñarol capitalino desde hace tres años, se fue a Montevideo con solo 13 años, hoy está con 16 y nos contó la forma de vida de los jóvenes que se quedan buscando triunfar, el sacrificio que hacen, con la ilusión encendida, sabiendo que todos los días estas rindiendo exámenes y que estás compitiendo con tus propios compañeros.

¿Cómo llegaste a Peñarol?

Yo estaba jugando en la Cat 13 años con Peñarol de Salto, cuando vinieron de Montevideo a realizar un campamento, me vieron y me dijeron que fuera a realizar la pretemporada en Montevideo.

¿Hiciste el Baby en Peñarol?

No, hasta los 12 años jugaba en Chaná.

¿Tenías tan sólo 13 años, con qué te encontraste allá?

Primero me alojaron en una casona que alquilaba Peñarol en la calle Veracierto y 8 de Octubre, fuimos cinco de Salto y en esa oportunidad quedé solo yo, en ese lugar se alojaban una cantidad de jugadores de todas las formativas. Recuerdo que llegamos directamente a realizar la pretemporada.

¿Difícil la pretemporada?

Y sí, porque nunca habíamos tenido una pretemporada tan intensa.

¿Cómo trabajan en pretemporada?

Se hace un trabajo físico muy fuerte, practicábamos desde las 9 de la mañana hasta las 12 con algunas interrupciones cortitas para tomar agua, de tarde volvemos, así practicamos un mes completo sin tocar la pelota, nos hacen evoluciones físicas permanente, corríamos 1200 metros y nos tomaban el tiempo, en varias oportunidades en el día. También nos toman el tiempo en velocidad, 200 metros en la arena, también varias veces al día, el primer mes es trabajo físico a “matar”, esa es la prueba de fuego en la que abandonan muchos, después viene el trabajo con pelota, de la pretemporada son muy pocos los que tiene la suerte o aguantan y se quedan.

¿Con 13 años aguantaste todo eso?

Sí, al principio extrañaba cantidad, estuve por venirme, especialmente cuando mis compañeros se vinieron –uno de ellos volvió y se quedó en River, Agustín Pintos- , pero pensé bien, que me jugaba el futuro y me quedé, ahora ya son tres las pretemporadas y no tengo mayores problemas.

¿En qué categoría ingresaste?

En septima, el primer año jugué muy poco, en el segundo pase a Sexta, me hablaron que me iban a probar, yo era volante o delantero, me hablaron que querían que jugara de lateral izquierdo y acepté y hoy estoy en ese puesto, me adapté bien, este año ascendí a Quinta.

¿Siguen viviendo en la casona de Veracierto y 9 de Octubre?

No, estamos viviendo en una casona en Solymar, somos como 40.

¿Si son tantos, hay problemas entre Uds?

Como en todos lados, solo que se arreglan enseguida, todos estamos para la misma y no podemos andar peleados.

(fin de la 1ª parte)