Suspender el fútbol no mata la violencia

El viernes al mediodía, la Organización del Fútbol del Interior, apuntó a reprogramar las fechas de la Copa de Selecciones del Interior, la que fuese suspendida el miércoles, cuando la agresión a un asistente, se produjo en el juego Sub 18 disputado en Durazno.
La gremial de los árbitros que lidera el maragato Walter Brajús, adoptó la drástica medida de no controlar partidos en el fin de semana que pasó. El año pasado lo hizo con más acentuación, a tal punto que fueron casi tres semanas de paréntesis, con los consiguientes perjuicios deportivos y económicos para las Ligas involucradas.
No se buscó persuadir a la gremial, para que evitara la aplicación de la medida, teniendo en cuenta que ya desde unos meses atrás y por asamblea, el mandato fue lápida: agreden a un componente de la terna, y la paralización del fútbol surge sin más trámite.
En tanto, el cuestionamiento aflora sin más vueltas desde la mayoría de los dirigentes de Ligas, en el entendido que los árbitros emparejan a todos: quienes respetan la esencia del deporte y quienes no, para la gremial, es lo mismo.
Pagan todos.
INCONDUCENTE E IMPOPULAR
A esta altura de los hechos, un aspecto es real: la medida emanada de la gremial de los jueces, es por sobre todo, inconducente e impopular. No soluciona nada.
No limita nada. La gremial no entiende o le cuesta entender que suspender el fútbol no mata la violencia. No la extirpa de los campos de juegos, o de los entornos.
Se admite a rajatabla que es incluso absurdo referirse a “la violencia en el fútbol”, porque simplemente es “la violencia incrustada en la sociedad”.
Queda en claro: no son dos violencias antagónicas. Es la misma violencia.
Al fin de cuentas, es inviable suponer que desde el fútbol se solucionen males como estos, aunque es cierto también que el fútbol podría llegar a establecer diques de contención: que no pasen, los que la esgrimen desde la mismísima estupidez humana.
LA RAZÓN DE LOS TRIBUNALES
En su diálogo con el presidente de la gremial de los árbitros, Walter Brajus, el presidente de la Liga Salteña de Fútbol, Walter Martínez, le susurró la interrogante a distancia: “Si estos hechos vuelven a sucederse, ¿se suspende el fútbol otra vez?”
Ocurre que la gremial, se metió de cuerpo y alma, es una espiral demasiado peligrosa.
En tanto, cuesta admitir la acción-reacción de la gremial, desde el momento que OFI dispone de sus tribunales y un código de penas, que contempla situaciones como estas.
Frente a quien incurre en tropelías o conductas aberrantes (el lanzamiento de una piedra que impacte en la humanidad de un árbitro asistente, naturalmente lo es), la sanción es elemental. Penas deportivas y sanciones económicas.
Desde el Consejo Ejecutivo de la Organización del Fútbol del Interior, ya el año pasado, se les apuntó a la gremial, respecto al endurecimiento en la aplicación del código. Una manera de desalentar a los antisociales, en la medida que se pueda.
No hay parte en el mundo, donde no se obre en esta dirección: a más brotes de violencia, más sanciones, incluso que al propio causante se lo pueda desafiliar de OFI o suspender por uno o dos años como mínimo. O decididamente, el pago de Unidades Reajustables, que impliquen un impacto real. O la clausura del estadio.
El abanico no deja de ser amplio. Lo es.
Es por eso que los árbitros pegan en la herradura. Nadie con dos dedos de frente, avalaría la violencia en el fútbol, pero que la gremial no desborde sus potestades, porque caería mansamente en las penosas garras de la trampa mayor: ponerse a la gente en contra.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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