Talabartero, ¿un oficio con fecha de vencimiento?

Con Eduardo Terechenco 

4En 1950, Baldomero Terechenco tuvo la visión de abrir la “Zapatería y Talabartería Terechenco”, la que soportó a través de los años desastres naturales como sequías en el campo así como también un terrible incendio que le costara la vida a uno de sus hijos, Julio, y que el propio Don Baldomero sufriera terribles quemaduras que le llevó un par de años poder retomar su trabajo. Hoy la Talabartería sigue abierta y sostenida por Eduardo Terechenco, hijo también de Baldomero y de María Pascalina, quien habló con EL PUEBLO, para contarnos de su preocupación porque ve llegar a su fin un noble oficio, no por falta de trabajo, sino porque no se vislumbra una generación de recambio.

¿Cómo es la vida del talabartero?

– Un trabajo para el que hay que ser muy tranquilo, muy prolijo, muy cuidadoso porque lo nuestro lleva horas de trabajo, o sea que si uno pretende hacer algo rápido, no funciona, y ese es uno de los problemas que tenemos actualmente con los muchachos, no quieren aprenderlo, nos estamos quedando sin talabarteros. Es más, me animo a decir que en Salto la situación en ese sentido está muy mal. Acá soy yo, dos o tres muchachos que me dan una mano y luego el resto se jubiló, ha ido muriendo y hay otros muchachos jóvenes que sabían algo y se tentaron con otros rubros y se pasaron para otro oficio.

Además la juventud no quiere aprender, tiene otros intereses, quieren las cosas más rápidas. Los jóvenes se quieren instalar y al otro día el Estado ya los está presionando con la Impositiva, el BPS, los alquileres son caros, entonces se les hace muy difícil poder sostenerse, aparte las importaciones los van corriendo, sobre todo lo chino y ahora Brasil, que tiene una industria del cuero impresionante. Ahora viene de China a bajo precio el calzado, marroquinería, artículos de viaje como bolsos, valija, cartera, lo que sea. Artículos de viaje en Uruguay no queda nada, es todo chino. Artículos escolares como portafolios, mochilas, neceseres, cartucheras, antes era todo nacional y ahora es todo chino, que liquidó toda la industria nacional en ese rubro. Lo poco que subsiste es lo de talabartería, como somos tan chico no les interesamos, pero Brasil si tiene mucho de esto, entonces está entrando.

- ¿Qué implica la talabartería?

– Hacemos monturas, arreos, recados y todo lo que lleva el apero completo, o sea, la estribera, los estribos, las riendas, el cinturón, además de hacer mucho trabajo a pedido.

- ¿El oficio lo aprendió en algún lado o lo aprendió de su padre?

– Lo aprendí acá, con él, con la práctica, lleva años.

- La Talabartería Terechenco tiene muchos años en Salto, ¿cómo fueron esos primeros años?

– Mi padre empezó en 1950 en calle Brasil al 800, ahora hay un edificio grande ahí, donde estuvo hasta el año 57. De ahí se mudó a calle Brasil al 1000, frente al viejo Liceo Osimani, donde estuvo hasta el año 71, que fue cuando nos mudamos para acá (Asencio y 8 de Octubre).

- ¿Cuándo se incorpora usted a la talabartería?

– Ya con trece años estaba trabajando, iba al liceo y ayudaba. Me animo a decir que en aquellos tiempos el negocio se movía más que ahora.

- ¿Trabajaba solo como talabartería?

– Tuvimos fábrica de botas, que era el rubro principal, después teníamos venta de artículos para zapateros, ese era un rubro importante en el negocio, pero en los últimos años se liquidó por completo, casi han desaparecido los zapateros.

- Un triste hecho muy comentado involucra a la talabartería con un importante incendio donde usted perdió un hermano y su padre quedó bastante mal herido.

– Eso fue en el año 69, ya estábamos acá pero aún no funcionaba el local porque esta era una casa y se estaba haciendo la reforma. FUNSA nos vendía tambores de cemento (pegamento) de 200 litros, uno de ellos se había volcado por la presión, mi padre no se dio cuenta y se produjo un cortocircuito prendiéndose fuego los tambores. Fue un incendio grande, acá (señala una entrada por calle 8 de Octubre) a 50 metros.

- Los vecinos vinieron a ayudar, nos dijeron que entre ellos estaba César Quintana tratando de apagar el fuego.

– Fue uno de los que ayudó, pasó a eso de las ocho u ocho y media de la noche y ellos estaban hasta tarde trabajando, él y los hermanos ayudaron. Bueno, en ese accidente murió mi hermano, a los dos días y mi padre estuvo seis meses en el (Hospital de) Clínicas internado, tuvo quemaduras muy importantes, perdió una vista, perdió un oído, le quedaron las manos muy difíciles, los pies también. Después él vino acá al Hospital y no contaban con los medios para atender a un quemado, y se volvió, en vez de mejorar se complicó, le costó después un año salir del hospital.

- Mientras tanto, ¿cómo seguía la talabartería?

– Mi madre marchó para Montevideo con mi padre, y la talabartería quedó en manos de gente de acá, que hicieron lo posible para sacarla adelante y siguió marchando pero con dificultades.

- ¿Cómo se sale de algo tan terrible en la familia?

– Es muy difícil… quedan huellas que son difíciles de superar. Mi madre nunca logró superarlo, y yo creo que él tampoco, no era mucho de hablar de ese tema pero creo que no lo superó nunca.

- ¿Cómo siguió la historia?

– Mi padre a los dos años se incorpora de nuevo al negocio, tenía una voluntad impresionante, unas ganas de trabajar y de salir adelante impresionante y logró salir. Una vista no la tenía más, un oído con mucha dificultad, le hicieron injertos en las manos, le hicieron además unas operaciones que se hicieron por primera vez en Salto que le cortaron una parte de la falange de los dedos de las manos y de los pies porque con el fuego se arrollaron y no había forma de recuperarlo, entonces cortaron una parte del medio de sus dedos y lo juntaron con el extremo de sus yemas. Eso se lo hicieron en varias operaciones, recuperó la movilidad de sus dedos pero le costó muchísimo, increíble lo que fue su fuerza de voluntad.

- ¿Hubieron otras crisis en el camino?

– Los años 90 fueron espantosos, lo grave fue la famosa seca del 88 y 89 que en el norte fue espantosa, esa fue la debacle del campo y cerca del 90% de nuestros clientes es gente del campo. Acá en el norte la lana después se desinfló también así que esos años del 90 fueron espantosos. En el taller llegamos a tener 16 o 18 personas en planilla trabajando porque se hacía mucha bota, mucha talabartería, y en esos años se desinfló. Hubo que empezar a mandar al seguro de paro y despedir gente. Hasta que el 2000 o 2002 empezó a repuntar de nuevo, y hoy diría que ha mejorado muchísimo.

- ¿Cómo ve el futuro de la talabartería?

– Creo que va a seguir marchando, pero va a tener que adaptarse y compartir con algunas importaciones de Brasil, Chile y Argentina. Por otro lado, no se está enseñando el oficio en nuestra UTU, enseñan algo en Montevideo pero tienen un problema, no tienen materiales, por eso dan mucha teoría, pero este oficio es más manualidad que teoría y si no tienen materiales se complica.

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- ¿Una anécdota?

– Hace poco estuvo un cliente que mi padre le hizo un par de botas cuando él se fue en moto a recorrer el mundo. Y hará cosa de unos cuatro o seis meses volvió a Salto y me trajo las botas que mi padre le hizo. Hoy está viviendo por Australia o Nueva Zelanda y volvió a su ciudad y una de las cosas que vino a hacer fue a traer aquellas botas que mi padre le había hecho hace unos 40 años y que recorrieron el mundo con él.

Hor por: Leonardo Silva







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