Tenemos que ser autocríticos e ir por el camino de la autorregulación, manifestó el director de “En Perspectiva”

Los medios de comunicación y los periodistas tenemos que analizarnos a nosotros mismos, tenemos que ser autocríticos e ir por el camino de la autorregulación”
El periodista Emiliano Cotelo está íntimamente relacionado a su trabajo en el programa En Perspectiva de radio El Espectador, con una trayectoria de casi 28 años al aire. Aprovechando su reciente visita a Salto, EL PUEBLO dialogó con él sobre diversos temas, entre ellos, el planteo del gobierno de regulación de contenidos en los medios de comunicación.
- Usted no pensaba ser periodista, estudiaba ingeniería civil y por esas vueltas de la vida lo llevaron a descubrir una vocación periodística oculta…
- Sí, fue de algún modo una sorpresa. Tenía las dos vocaciones juntas, la de la ingeniería y otra más humanística, no necesariamente periodismo, ese dilema lo tenía diría que ya a fines de Preparatorio, principios de Facultad. Pero bueno, una circunstancia casual, política y económica que resultó determinante que trabajando como trabajaba en una empresa constructora como ayudante de ingeniero, al llegar noviembre de 1982 cuando se rompe la tablita, tuvo una cantidad de consecuencias, y una de ellas fue que el boom de la construcción de aquella época se termine y yo me quede sin trabajo. Ahí se cerraron todas las puertas para estudiantes de ingeniería, incluso en empresas públicas donde había cargos muy interesantes, tuve entonces que buscarme otra forma de ganarme la vida y más allá que intenté alguna cosa, opté por intentar transformar en una fuente de trabajo el gusto que yo tenía por la radio y que me había llevado unos años antes a hacer unos programas de música de forma totalmente amateur.
Se me abrieron las puertas en aquel momento en CX 30, era un momento muy apasionante del país, era todo el final de la dictadura, había mucho para cubrir, analizar, estaba la censura a desafiar. En fin, estábamos acompañando la historia y eso hizo que se produjera el vuelco. En mi casa tenía un ambiente vinculado con lo periodístico, mi padre fue periodista buena parte de su vida, así que ese mundo no me era ajeno, pero digamos que aquella circunstancia del país precipitó el vuelco. Si bien fue muy difícil la decisión, obviamente dejar una carrera universitaria a la altura de 4º año terminado no es obvio, bueno, lo hice bastante convencido y con los años, no me arrepiento para nada.
- Cuando lo invitan a incorporarse al programa En Perspectiva, que por ese entonces se emitía en Emisora del Palacio, ¿pensó que iba a transformase en uno de los programas referentes del periodismo uruguayo?
- No, seguramente no. Era una apuesta bastante modesta además, empezando por lo presupuestal, por lo que la radio podía pagar. Estábamos además enfrentando a programas radiales y emisoras muy consolidadas en lo periodístico. Por ejemplo, radio Sarandí con Néber Araújo. Así que la posibilidad que este programa tuviera la duración que ha terminado teniendo y la penetración y el impacto que terminó teniendo no estaba en los planes. Es cierto también que el programa nunca se planteó como un programa para público masivo, si así lo hubiésemos pensado el contenido hubiese sido otro, habríamos hecho una cantidad de concesiones que no tuve dispuesto a hacer. O sea, en ningún momento apostamos a un éxito de multitudes, de todos modos la respuesta que terminamos teniendo sobre la fidelidad, el entusiasmo de muchos y determinados tipos de oyentes superó las expectativas iniciales.
- Esta situación que se le planteó para el crecimiento del programa lo llevó también a explorar no solo el terreno periodístico sino también el empresarial.
- Sí, en una etapa de la historia del programa me convertí en empresario radiofónico o empresario de coproducciones porque en Emisora del Palacio hubo un momento en que el tipo de convenio que teníamos con la radio por el cual nuestros ingresos dependían de la publicidad que la radio vendiera para el programa, esos ingresos eran muy bajos y directamente nos enfrentábamos a la decisión de tener que bajar la cortina. La única manera de no hacerlo fue animarnos a proponerle a la radio otro tipo de contrato en el cual nosotros vendiéramos, es decir, hacer algo que hasta ese momento nunca se nos había pasado por la cabeza que era salir a buscar anunciantes y además a partir de ese riesgo, financiar el equipo, los gastos del programa.
Es delicado ser al mismo tiempo periodista y productor comercial, no es lo aconsejable, no es lo ideal, pero a mí me sirvió para entender una cantidad de asuntos y de problemas de la economía del mundo empresarial, de la relación entre el gobierno y los empresarios, que me colocaron en una mejor posición para seguir siendo periodista después.
- Hasta hace unos años los problemas del país eran adjudicados a la Constitución de la República, entonces se decía que para que el país mejore se debía reformar la Constitución. Parece que últimamente los problemas del país son generados por el periodismo, o al menos eso se dice, ¿cómo observa esta situación?
- Mal, la veo mal, pero al mismo tiempo con cierta sonrisa en los labios porque esto no es nuevo tampoco. Cada tanto un gobierno descubre que tiene un problema con los medios y que los medios lo tratan mal. En la historia del país después de la dictadura ha habido varios ejemplos de esto, no en todos los gobiernos hubo estas pataletas pero hemos visto varias. La diferencia quizás esté en que hay como una intención, que en otras épocas no hubo, de legislar, se amenaza con legislar. Aparecen proyectos o anuncios de legislación, esa es una diferencia con otras épocas. Pero al mismo tiempo da la impresión que son intenciones muy forzadas y que van andando a los golpes que no terminan conduciendo a nada concreto. Hay como un ruido en esa materia, claro, en otros países de la región se ha legislado, y después ese ruido no termina por aterrizar. Creo francamente que ese no es el camino.
También es cierto que los medios de comunicación y los periodistas tenemos que analizarnos a nosotros mismos, tenemos que ser autocríticos e ir por el camino de la autorregulación. Creo que la comunicación es un derecho y al mismo tiempo es una responsabilidad, implica las dos cosas, no se puede hacer con un micrófono lo que a uno se le cante, es obvio que no se puede, ¿cuál es el límite? Creo que cada medio y cada periodista se lo tiene que plantear para que no vengan a plantearlo desde afuera, para que no venga alguien a imponer rígidamente -vaya uno a saber por qué capricho o por qué mayoría circunstancial- un determinado tipo de límite.
- ¿Esto implica la autocensura?
- No, no, no estoy hablando de autocensura, estoy hablando de hasta dónde tiene sentido que llegue la comunicación. Por mencionar un ejemplo bien reciente. Estos colegas –entre comillas- radiales australianos que inventaron esta burla con ese hospital de Londres donde estaba internada la princesa Kate, se hicieron pasar por miembros de la familia real para engañar a una enfermera y llegar a no sé qué habitación por teléfono… ¿qué es eso? Miremos las consecuencias que tuvo esa bromita (la enfermera que dio información a ese programa de radio se terminó suicidando). Entonces, ¿hay o no hay límites? ¿Debería haber límites o no?
- Sin ir tan lejos, tenemos el ejemplo de cuando se pasó más de 60 veces la imagen de cómo asesinaban a un trabajador de un restaurante.
- Ahí está, eso fue un buen ejemplo de exceso. Que la consecuencia sea la prohibición de la difusión de imágenes como esa no me parece que sea la conclusión. Pero no debemos, nosotros que estamos en la comunicación, abusar de esa forma del derecho o del privilegio que tenemos de tener un micrófono o tener un canal de televisión. Entonces, tenemos que analizarlo críticamente. Programas de televisión de entretenimiento que sus lectores obviamente se van a dar cuenta a quienes estoy aludiendo, están manejándose en niveles bajísimos recurriendo a ganchos de rating despreciables que apuestan a lo más animal del ser humano. En fin, también allí debería haber límites.
- ¿Un ejemplo de autorregulación pudo ser la decisión que tomaron durante la crisis del 2002 al conocer la situación crítica que se vivía a nivel bancario donde se les planteó la duda de si daban toda la información?
- Nosotros tomamos ahí una decisión posible que fue la de no dar manija, no echar leña al fuego, era un equilibrio delicadísimo porque al mismo tiempo quizás por no dar determinada noticia algunos de nuestros oyentes podrían terminar perjudicándose porque no tomaban la decisión de retirar su plata de un determinado banco. Pero también es cierto que si uno estaba todo el tiempo informando todos los detalles y advirtiendo que había algún problema en un banco o en el otro, lo que iba a ocurrir era que íbamos a acelerar esas corridas y esa crisis, quizás hubieran terminado cayendo bancos que no debían caer, porque había bancos que notoriamente estaban en una mala situación, pero una cosa era que cayeran esos bancos y otra cosa era que cayeran 10 más. Y bueno, ese fue un conflicto muy difícil para manejar para los periodistas.
Tuvimos, por ejemplo, a Jorge Lanata desde Buenos Aires tirando misiles al sistema financiero uruguayo. Jorge Lanata que hoy, claro, es visto como un ícono de la libertad de expresión en Argentina porque está enfrentado al gobierno de Cristina Fernández, en aquellas circunstancias para el sistema financiero uruguayo fue muy negativo. Nosotros adoptamos en esa coyuntura un criterio muy distinto al de Jorge Lanata. ¿Fue el correcto? La verdad no sé, es criticable lo que hicimos, pero lo pensamos, no fue un comportamiento improvisado el nuestro. Discutimos mucho entre nosotros qué hacíamos y terminamos resolviendo una cierta forma de trabajar. Por eso lo que propongo a los colegas es que pensemos, que cada uno en su programa de radio, en su diario, en su canal de televisión, que los medios como tales, que las empresas periodísticas o de comunicación piensen en lo que hacen, discutan y se pongan los límites que entiendan que tienen que ponerse, que no actúen al garete en busca de la mayor repercusión posible para así ser el centro de la atención. Me parece que esa reflexión muchas veces falta.

Los medios de comunicación y los periodistas tenemos que analizarnos a nosotros mismos, tenemos que ser autocríticos e ir por el camino de la autorregulación”

El periodista Emiliano Cotelo está íntimamente relacionado a su trabajo en el programa En Perspectiva de radio El Espectador, con una trayectoria de casi 28 años al aire. Aprovechando su reciente visita a Salto, EL PUEBLO dialogó con él sobre diversos temas, entre ellos, el planteo del gobierno de regulación de contenidos en los medios de comunicación.

– Usted no pensaba ser periodista, estudiaba ingeniería civil y por esas vueltas de la vida lo llevaron a descubrir una vocación periodística oculta…

– Sí, fue de algún modo una sorpresa. Tenía las dos vocaciones juntas, la de la ingeniería y otra más humanística, noIMG-20121214-01376 necesariamente periodismo, ese dilema lo tenía diría que ya a fines de Preparatorio, principios de Facultad. Pero bueno, una circunstancia casual, política y económica que resultó determinante que trabajando como trabajaba en una empresa constructora como ayudante de ingeniero, al llegar noviembre de 1982 cuando se rompe la tablita, tuvo una cantidad de consecuencias, y una de ellas fue que el boom de la construcción de aquella época se termine y yo me quede sin trabajo. Ahí se cerraron todas las puertas para estudiantes de ingeniería, incluso en empresas públicas donde había cargos muy interesantes, tuve entonces que buscarme otra forma de ganarme la vida y más allá que intenté alguna cosa, opté por intentar transformar en una fuente de trabajo el gusto que yo tenía por la radio y que me había llevado unos años antes a hacer unos programas de música de forma totalmente amateur.

Se me abrieron las puertas en aquel momento en CX 30, era un momento muy apasionante del país, era todo el final de la dictadura, había mucho para cubrir, analizar, estaba la censura a desafiar. En fin, estábamos acompañando la historia y eso hizo que se produjera el vuelco. En mi casa tenía un ambiente vinculado con lo periodístico, mi padre fue periodista buena parte de su vida, así que ese mundo no me era ajeno, pero digamos que aquella circunstancia del país precipitó el vuelco. Si bien fue muy difícil la decisión, obviamente dejar una carrera universitaria a la altura de 4º año terminado no es obvio, bueno, lo hice bastante convencido y con los años, no me arrepiento para nada.

– Cuando lo invitan a incorporarse al programa En Perspectiva, que por ese entonces se emitía en Emisora del Palacio, ¿pensó que iba a transformase en uno de los programas referentes del periodismo uruguayo?

– No, seguramente no. Era una apuesta bastante modesta además, empezando por lo presupuestal, por lo que la radio podía pagar. Estábamos además enfrentando a programas radiales y emisoras muy consolidadas en lo periodístico. Por ejemplo, radio Sarandí con Néber Araújo. Así que la posibilidad que este programa tuviera la duración que ha terminado teniendo y la penetración y el impacto que terminó teniendo no estaba en los planes. Es cierto también que el programa nunca se planteó como un programa para público masivo, si así lo hubiésemos pensado el contenido hubiese sido otro, habríamos hecho una cantidad de concesiones que no tuve dispuesto a hacer. O sea, en ningún momento apostamos a un éxito de multitudes, de todos modos la respuesta que terminamos teniendo sobre la fidelidad, el entusiasmo de muchos y determinados tipos de oyentes superó las expectativas iniciales.

– Esta situación que se le planteó para el crecimiento del programa lo llevó también a explorar no solo el terreno periodístico sino también el empresarial.

– Sí, en una etapa de la historia del programa me convertí en empresario radiofónico o empresario de coproducciones porque en Emisora del Palacio hubo un momento en que el tipo de convenio que teníamos con la radio por el cual nuestros ingresos dependían de la publicidad que la radio vendiera para el programa, esos ingresos eran muy bajos y directamente nos enfrentábamos a la decisión de tener que bajar la cortina. La única manera de no hacerlo fue animarnos a proponerle a la radio otro tipo de contrato en el cual nosotros vendiéramos, es decir, hacer algo que hasta ese momento nunca se nos había pasado por la cabeza que era salir a buscar anunciantes y además a partir de ese riesgo, financiar el equipo, los gastos del programa.

Es delicado ser al mismo tiempo periodista y productor comercial, no es lo aconsejable, no es lo ideal, pero a mí me sirvió para entender una cantidad de asuntos y de problemas de la economía del mundo empresarial, de la relación entre el gobierno y los empresarios, que me colocaron en una mejor posición para seguir siendo periodista después.

– Hasta hace unos años los problemas del país eran adjudicados a la Constitución de la República, entonces se decía que para que el país mejore se debía reformar la Constitución. Parece que últimamente los problemas del país son generados por el periodismo, o al menos eso se dice, ¿cómo observa esta situación?

– Mal, la veo mal, pero al mismo tiempo con cierta sonrisa en los labios porque esto no es nuevo tampoco. Cada tanto un gobierno descubre que tiene un problema con los medios y que los medios lo tratan mal. En la historia del país después de la dictadura ha habido varios ejemplos de esto, no en todos los gobiernos hubo estas pataletas pero hemos visto varias. La diferencia quizás esté en que hay como una intención, que en otras épocas no hubo, de legislar, se amenaza con legislar. Aparecen proyectos o anuncios de legislación, esa es una diferencia con otras épocas. Pero al mismo tiempo da la impresión que son intenciones muy forzadas y que van andando a los golpes que no terminan conduciendo a nada concreto. Hay como un ruido en esa materia, claro, en otros países de la región se ha legislado, y después ese ruido no termina por aterrizar. Creo francamente que ese no es el camino.

También es cierto que los medios de comunicación y los periodistas tenemos que analizarnos a nosotros mismos, tenemos que ser autocríticos e ir por el camino de la autorregulación. Creo que la comunicación es un derecho y al mismo tiempo es una responsabilidad, implica las dos cosas, no se puede hacer con un micrófono lo que a uno se le cante, es obvio que no se puede, ¿cuál es el límite? Creo que cada medio y cada periodista se lo tiene que plantear para que no vengan a plantearlo desde afuera, para que no venga alguien a imponer rígidamente -vaya uno a saber por qué capricho o por qué mayoría circunstancial- un determinado tipo de límite.

– ¿Esto implica la autocensura?

– No, no, no estoy hablando de autocensura, estoy hablando de hasta dónde tiene sentido que llegue la comunicación. Por mencionar un ejemplo bien reciente. Estos colegas –entre comillas- radiales australianos que inventaron esta burla con ese hospital de Londres donde estaba internada la princesa Kate, se hicieron pasar por miembros de la familia real para engañar a una enfermera y llegar a no sé qué habitación por teléfono… ¿qué es eso? Miremos las consecuencias que tuvo esa bromita (la enfermera que dio información a ese programa de radio se terminó suicidando). Entonces, ¿hay o no hay límites? ¿Debería haber límites o no?

– Sin ir tan lejos, tenemos el ejemplo de cuando se pasó más de 60 veces la imagen de cómo asesinaban a un trabajador de un restaurante.

– Ahí está, eso fue un buen ejemplo de exceso. Que la consecuencia sea la prohibición de la difusión de imágenes como esa no me parece que sea la conclusión. Pero no debemos, nosotros que estamos en la comunicación, abusar de esa forma del derecho o del privilegio que tenemos de tener un micrófono o tener un canal de televisión. Entonces, tenemos que analizarlo críticamente. Programas de televisión de entretenimiento que sus lectores obviamente se van a dar cuenta a quienes estoy aludiendo, están manejándose en niveles bajísimos recurriendo a ganchos de rating despreciables que apuestan a lo más animal del ser humano. En fin, también allí debería haber límites.

– ¿Un ejemplo de autorregulación pudo ser la decisión que tomaron durante la crisis del 2002 al conocer la situación crítica que se vivía a nivel bancario donde se les planteó la duda de si daban toda la información?

– Nosotros tomamos ahí una decisión posible que fue la de no dar manija, no echar leña al fuego, era un equilibrio delicadísimo porque al mismo tiempo quizás por no dar determinada noticia algunos de nuestros oyentes podrían terminar perjudicándose porque no tomaban la decisión de retirar su plata de un determinado banco. Pero también es cierto que si uno estaba todo el tiempo informando todos los detalles y advirtiendo que había algún problema en un banco o en el otro, lo que iba a ocurrir era que íbamos a acelerar esas corridas y esa crisis, quizás hubieran terminado cayendo bancos que no debían caer, porque había bancos que notoriamente estaban en una mala situación, pero una cosa era que cayeran esos bancos y otra cosa era que cayeran 10 más. Y bueno, ese fue un conflicto muy difícil para manejar para los periodistas.

Tuvimos, por ejemplo, a Jorge Lanata desde Buenos Aires tirando misiles al sistema financiero uruguayo. Jorge Lanata que hoy, claro, es visto como un ícono de la libertad de expresión en Argentina porque está enfrentado al gobierno de Cristina Fernández, en aquellas circunstancias para el sistema financiero uruguayo fue muy negativo. Nosotros adoptamos en esa coyuntura un criterio muy distinto al de Jorge Lanata. ¿Fue el correcto? La verdad no sé, es criticable lo que hicimos, pero lo pensamos, no fue un comportamiento improvisado el nuestro. Discutimos mucho entre nosotros qué hacíamos y terminamos resolviendo una cierta forma de trabajar. Por eso lo que propongo a los colegas es que pensemos, que cada uno en su programa de radio, en su diario, en su canal de televisión, que los medios como tales, que las empresas periodísticas o de comunicación piensen en lo que hacen, discutan y se pongan los límites que entiendan que tienen que ponerse, que no actúen al garete en busca de la mayor repercusión posible para así ser el centro de la atención. Me parece que esa reflexión muchas veces falta.

PERFIL DE EMILIANO COTELO

Está casado, tiene 3 hijos. Es del signo de Virgo. De chico soñaba con ser bombero. Hincha de Peñarol en buena parte de su vida, después se cansó del fútbol, pasó años indiferente pero ahora es de Danubio por Felipe, su segundo hijo.

¿Fue difícil tomar la decisión de sacarse el bigote? (risas) No fue difícil, digamos que la razón por la que fue difícil es porque me obligaba a afeitarme todos los días porque tengo una barba medio dura, rebelde. ¿Alguna asignatura pendiente? Aflojar un poco con el trabajo y tener más tiempo para la familia. ¿Una comida? El salmón o alguna brótola a la manteca negra. ¿Un libro? El perfume. ¿Una película? Cinema Paradiso. ¿Un hobby? Viajar y el tenis. ¿Qué le gusta de la gente? La sinceridad y estar a disposición cuando se la necesite. ¿Qué no le gusta de la gente? La hipocresía.