Terrible experiencia de inseguridad le tocó vivir a Olga Traba en Bella Unión

Hablar de Olga Traba es recordar cuando fue integrante del grupo de mujeres políticas de Bella Unión hace varios años atrás, siendo miembro de la seccional socialista. Vivió por algunos años en España y desde hace un buen tiempo retornó a su pueblo cañero natal, dedicándose a la fotografía como hobby.
Este sábado último pensando que sería un día más para obtener fotos de algunos pájaros, salió en búsqueda de ejemplares. La vida le tenía preparada otra sorpresa y por cierto muy desagradable. La denuncia fue realizada el mismo sábado pasado pero se conoció el hecho porque Olga utilizó la red social facebook para dar a conocer lo que le había sucedido.
Narró lo siguiente: -«hoy ya desde la serenidad quiero compartir algo feo que me sucedió el fin de semana. El sábado (por el 18 de Julio de 2015) salí a caminar a eso de las 3 de la tarde con la cámara al cuello como hacemos a menudo con las hermanas. Salí sola por la continuación de calle Salto, doblé por la calle que pasa por frente a la chacra de Yemini y en ese trayecto me crucé con varias personas que iban con leña o a pescar, entre ellos dos muchachotes desconocidos que llevaban honda al cuello.
Saludé y uno de ellos me preguntó la hora. No tengo reloj pero le dije que serían cerca de las tres. Seguí caminando hasta el boquerón sacando fotos y hablando con algún conocido que se cruzaba. Saqué fotos en la laguna, oí algunos truenos lejanos y cayeron algunas gotas por lo que embolsé la máquina, lo llamé a mi amigo Isaac para que fuese a buscarme con el taxi. Saltó el contestador por lo que supuse que no estaba disponible. Continué a pie, estaba a unos 200 metros del Cuartel, justo frente a la chacra de Marín, por el medio de la calle, cuando vi que por dentro de la chacra que estaba a mi derecha, iba caminando un hombre.
Supuse que era un peludo y seguí, pero de inmediato me di cuenta que era uno de los muchachotes con los que me crucé una hora atrás. Me di cuenta que venía por la máquina. Saltó el alambrado y se me vino encima, tironeando para quitármela, pero no estaba dispuesta a regalarle algo que me costó trabajo comprar y significa un gran gusto para mi. No se la entregué y busqué el celular para llamar a la Policía. Al no poder hacerse con la máquina, el hombre me agarró de un brazo, me quitó el teléfono y empezamos una pelea, intentando llevarme dentro de la chacra.
Me resistí y le dije que no sabía con quién se había metido, que iría preso por lo que estaba haciendo. Consiguió arrastrarme y me tiró por arriba del alambrado. Luché como pude, le desgarré la ropa y lo mordí en cuanto pedazo de piel tenía a la vista. Intenté golpearle los testículos con la rodilla pero no logré darle. Intenté pegarle un puñetazo en la oreja pero no me dejó espacio porque me sujetó los brazos. Me arrastró hacia un matorral y allí intenta quitarme el pantalón.
Grité todo el tiempo pidiendo ayuda. Es como si todo le pasara a otra persona, no a mi. No pude dejar que eso sucediera. Grité, grité y grité. Oí una moto y grité más aún. Me tapó la boca y me mandó callar. Le muerdí la mano. Me soltó para limpiarse la sangre. Le alcancé el cuello y empiecé a hundir mi pulgar en su nuez con toda la fuerza que pude. Me sueltó, y ahí, para mi suerte llegó ayuda, Don Marín y María Joana, su compañera, acudieron cuando oyeron mis gritos y el tipo desapareció entre las cañas.
Esas dos personas y unos gurises que se acercaron, me salvaron. No alcanzará lo que me queda de vida para agradecerles. Agradezco a mi familia por el apoyo, a mis amigos que me acompañaron en todo momento y agradezco que me haya sucedido a mi y no a otra persona más débil a la que pudo haberle arruinado la vida.
Quiero contarlo porque nuestro pueblo ya no es seguro, sobre todo les pido a las mujeres que no salgan solas, que lleven encima algo que les permita defenderse. Tampoco se dejen dominar por el miedo. El hombre tenía alrededor de 20 años, moreno, alto, delgado, vestía ropa oscura desteñida. Llevaba una honda y un gorro que quedaron tirados en el lugar y luego se llevó la Policía. Tiene varias mordeduras en las manos y antebrazos. No es alguien conocido.
Hasta aquí el relato de Olga Traba contando lo que le sucedió el sábado último que debe servirnos de aporte y alerta a todos los bellaunionenses que no queremos dejar que nuestra ciudad pierda su paz y tranquilidad que le han distinguido como lugar apacible.