Tigre por aquí y por allá: cuando la consigna fue echando raíces

Cuando Chaná y Tigre se enfrentaron por la última fecha de la liguilla 2017, el “Indio” sumaba dos puntos más. 6 acumulados frente a los 4 de Tigre.
Claramente para Tigre se planteaba el primer mandato: ganar. Un empate implicaba el ascenso de Chaná. En buen romance Tigre aprobaba el primero de los dos exámenes de calendario. Fue 1-0.
Haber nivelado la situación, pasaba a decorarle otro tipo de perspectiva. Menos condicionada. Después, era volver a ganar, para rematar la historia y abrochar el segundo ascenso a la “A”. La noche del sábado 30 de setiembre de 2017, a la cuenta de Tigre Fútbol Club, pasa a incorporarse a su historia en particular y a la del fútbol salteño en general.
¿Qué duda cabe después de todo, sobre este Tigre que fue echando raíces, no solo en la liguilla y en la instancia cumbre, sino en todo el trayecto de la “B”?
Unas semanas atrás en EL PUEBLO, el técnico Martín Texeira propinó en una frase, la consecuencia de su sentir: “Tigre fue el equipo de mejor propuesta en la temporada”.
Como corolario, los números de última son reales y parecen sintonizar-acompasar aquella convicción del estratega. En el mano a mano ante Chaná, de los 6 puntos disputados, ganó los 6.
Un total de 7 goles a favor y 4 goles en contra. Por eso, Tigre por aquí y por allá.
¿UN EQUIPO CON SENTIDO DE FUTURO?
Como siempre, la duda no se oculta y fluye: ¿es posible que Tigre pueda sostenerse en la “A”? Solo habrá que aguardar ese tiempo. Pero es cosa concreta que este equipo que orienta Martín Texeira sabe y responde a una idea donde la frescura existe, el manejo de la pelota para que circule con la mayor precisión posible y la certeza ejecutiva no falte.
Llegarle siete veces al gol a quien sustentaba chance de ascenso como Chaná, se supone que no es “soplar y hacer botella”.
Tigre en tanto, parece afincarse con su sentido de futuro. Abre el cauce. Y es del caso apuntar estos nombres: Rodrigo Castro, César Silveira, Valentín Rivero, Marcel Lemes, Carlos Godoy y Santiago Barreto. La mayoría de ellos, de mitad de cancha para arriba: ensamble, búsqueda colectiva y velocidad de llegada. Cuando Chaná alcanzó el 4 a 2, Tigre se convenció: mover la pelota para fabricar espacios. El frentazo de Lemes fue el 4 a 4, pero antes, por lo menos tres o cuatro secuencias frente a los palos de Jorge De los Santos. El golero nunca dejó de ofrecer lo más encendido de su dignidad, para jugarse en cada vuelo.
Más que nada él, admitió ese vendaval azul. Incorregible vendaval. Tigre no se guardó ninguna opción. Las explotó a todas.
ASCENDIÓ Y PUNTO
Cuando un equipo gana, pareciese que acude la necesidad de justificar. Cuando un equipo asciende de una categoría a otra, igualmente así. Solo queda el apunte: si Chaná llegaba a la “A”, razones de amparo tenía. Si idéntica situación se planteaba con Tigre, razones de amparo…¡tenía también!
No se llega a esta instancia, siendo producto de la mediocridad. Se llega en función de propiedades. Y en esa estocada de la conclusión misma, hay que admitir que Tigre contempló el mandato. Que por dos veces debía vencer a Chaná y venció. Que frente a ese 4 a 2 transitorio de Chaná, no pocos le cavaban la tumba y resulta que le reclamó oxigeno a la vida, salió a descubrir su propio mañana en ese cara o cruz casi heroico, hasta saborear la gloria alcanzada.
Porque para Tigre lo fue: ¡claro, qué lo fue!
Su fin. Esa gloria. Esa consigna que echó raíces. A su manera.
Con legitimidad. Y con su felina pasión a cuestas. Con su fervorosa, indeclinable, pasión siempre.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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