Todo o Nada o Viceversa

Enrique Cesio

Cuentos Poemas – Por José Luis Guarino

El libro «Todo o Nada y Viceversa» que acaba de publicar Enrique Cesio, reúne nueve cuentos, divididos en dos grupos, separados por una secuencia de veintidós poemas.

Primero pueden leerse tres narraciones «duras», de aliento trágico, y luego de la sección poética, los cuentos «blandos» en los que aparece lo costumbrista, lo jocoso, lo fantástico y lo humorístico.

Los cuentos presentan un amplio espectro de estructuras, personajes, escenarios, argumentos, ritmos narrativos y temas.

Tanto la estructura como la forma son variadas. Hay en general una base de orden cronológico, pero también un cómodo manejo de inversiones temporales y de interrupciones que provocan discontinuidad en la secuencia narrativa. En el cuento «Nadie», por ejemplo, hay breves diálogos o simples parlamentos utilizados a la manera de subtítulos, que anticipan lo que se narra posteriormente. En otros, como en «Lo Raro», el narrador, prolífico en detalles, desaparece de pronto y los diálogos  contribuyen al desarrollo del argumento. En el que lleva por título «Juan»,  un personaje  en primera persona desarrolla el argumento, mientras que el narrador solamente realiza acotaciones- que aparecen entre paréntesis- y que reafirman o explican lo expresado por aquel. En «La Plaza y el Viejo», el narrador asume un papel único de información en el desarrollo de la acción, que es mínima, y en «La Silla», cumple la función principal, pero recogiendo, ya sea en estilo directo o indirecto las palabras de los personajes, en ese procedimiento que Jaime Hagel, refiriéndose a las novelas de Dostoyevski, calificaba como «narrativa polifónica».

Los tres primeros cuentos tienen un desenlace trágico: «Nadie», cuya acción  transcurre en un  espacio rural, termina con un enfrentamiento a cuchillo y una muerte, tema muy del gusto rioplatense por ambiente y tradición.

«Lo raro» y «Juan», también concluyen en anunciada tragedia, el primero por un sentimiento contrariado, y el segundo por un doble motivo: la fortuna despilfarrada y la traición amorosa.

En los restantes cuentos, sobresale el ingrediente del humor. En «Titán», por ejemplo, con un final inesperado, propio de comedia, donde el protagonista culpable de una rara y original manía nocturna, entre pícara e irresponsable, sufre un correctivo eficaz y definitivo. «La aparición», luego de plantear una inquietud relacionada con el misterio, con lo extraño y hasta lo extraterrenal, se resuelve en forma jocosa. «La silla» discurre  en un conflicto familiar que parece no tener fin y tiene un desenlace risible. «El viejo y la plaza» es una demostración de que con una anécdota mínima se puede escribir un buen cuento. Aquí el narrador se entretiene en recoger distintas opiniones, despejar algunas dudas, recurrir a presuntos  documentos, en establecer caprichosas relaciones y en unir un mundo real dado por un entorno conocido, y la discutida presencia de un personaje que fluctúa entre  la realidad, la imaginación y la leyenda. El final, breve, contundente, sorpresivo, en vez de cerrar una aclaración deja planteada una incertidumbre.

Salvo en el cuento «Juan» que se inicia en forma abrupta y sin introducción, Cesio recurre a descripciones claras, precisas, a veces prolongadas. No crea personajes en el aire, sino que les prepara no solo el escenario físico, que puede ser la cocina de la

estancia, el bar, la plaza, la costanera, la casa de familia, sino también el entorno familiar, cultural, los estudia por dentro en sus instintos, en sus respuestas inmediatas a estímulos primarios, en su estado psíquico, en su poder de adaptación o no a las vicisitudes y cambios externos. La acción transcurre a veces  en el Salto antiguo. Se mencionan la calle Real, la costanera, la Piedra Alta, se deduce el ámbito de la antigua Plaza Nueva, y hasta creo no es difícil identificar esa «botica del amigo «Gilberto» a que se alude en el cuento «Titán».

Además en un puntilloso detallismo, se puede encontrar en estos cuentos un catálogo de marcas prestigiosas de perfumes, vestimentas, porcelanas, cristalería, cubiertos, formas ya olvidadas de cortesía, lugares proverbiales de reunión, lo que constituye una expresión de conocimiento y memoria del pasado.

Los poemas abarcan una temática variada. Enfatizan el valor de la vida, de los seres queridos, la belleza de la mujer,  la naturaleza y las creaciones artísticas, las experiencias del amor.  El hechizo lunar en los cielos nocturnos, la música y el silencio de los vientos y las alfombras amarillas que tiende el Ibirapitá en las calles de Salto.

La presencia de un Dios personal y cercano, indulgencia y aguijón a la vez. El transcurso del tiempo, inexorable, con sus cambios, conquistas y desengaños.

La forma externa es totalmente  libre. Los versos corren sueltos,  en lenguaje llano y coloquial, fragmentos palpitantes de vida, inspirados  en la experiencia de lo cotidiano.

J.L.G.