Trabajar donde todo el mundo veranea

Salteños haciendo la temporada en Punta del Este

Informe por Wenceslao Landarín

Solicitar un taxi en Punta del Este y que el conductor sea oriundo de Colonia Garibaldi; pedir un chivito a un tradicional restaurante de Gorlero, y resulta que fue elaborado por un joven del barrio Horario Quiroga o por uno del Ceibal; que, además, te lo lleve a tu lugar de veraneo otro salteño que vive en Lazareto; todo esto parece raro ¿no? Pero es más frecuente de lo que pensamos. Porque hay muchos salteños que trabajan en uno de los balnearios más exclusivos del mundo, con lujosas residencias, hoteles cinco estrellas, y un movimiento infernal en los meses de verano. Unos laburan doce horas diarias sin descansar ni feriados ni domingos y otros tienen más de un trabajo. Desde diciembre hasta abril de cada año estos salteños, a los que EL PUEBLO hoy visibiliza,  “hacen la temporada”. Con algunos de ellos dialogamos. Fueron cinco de nuestros coterráneos, que no son más que el reflejo de una realidad mayor. Mario, Miguel, Diego, Marcos y Pablo relataron a este diario sus experiencias: desde cuánto hace que trabajan en el balneario más importante del país, las posibilidades reales de marcar una diferencia económica, sus vínculos con Salto y la realidad laboral en un lugar donde hay mucha competencia. Uno es taxista (Marcos), otro funcionario de Prefectura (Pablo), los otros tres (Mario, Miguel y Diego) trabajan en restaurantes. Son de Ceibal, del Horacio Quiroga, de Lazareto, del Nuevo Uruguay y de Colonia Garibaldi. Todos los años se suman más salteños a laburar en Punta: los hay vendedores de diarios y cuidacoches, vendedores de ropa en la calle y en la Playa, domésticas. Varios trabajan en el rubro gastronómico, con la particularidad de que en el algún caso concreto toda la cocina de un restaurante está constituida por salteños. Hay Nurses que trabajan en Sanatorios, como el Mautone, y el hospitales públicos; otros serenos y cuidadores de costosas residencias; otros que se dedican a la jardinería; otros trabajando en hoteles y boliches nocturnos; y mecánicos, trabajando en gomerías y bicicleterías. Muchos de estos hombres y mujeres, de todas las edades, tienen varias temporadas encima, llegando algunos a más de veinticinco consecutivas.

Diego Gularte
“Lo que no se hace en Salto, se puede hacer acá”

Diego Gularte, tiene 43 años, es del barrio Horacio Quiroga. En Salto siempre trabajó en el ramo de la gastronomía. Hace diez temporadas que viene a Punta del Este: “trabajo en dos restoranes; uno durante el día y otro por la noche”. Además, estos dos últimos años ha incursionado en la industria de la construcción, y “en diciembre pido permiso y Diego Gularte .jpghago la temporada para no perder los lugares que tengo en el restaurante”. Para Gularte la opción de trabajar en Punta del Este es válida “porque lo que no se hace en Salto, se puede hacer acá”. Está satisfecho con su salario porque “la única manera de hacer algo es marcar la diferencia trabajando en Punta del Este”.
¿Se puede ahorrar?: “No sé si ahorrar, pero podés cumplir algunas metas que tenés o arrancar con algunas metas de querer comprarte algo o hacer alguna reforma. Se puede hacer lo que no se puede en Salto”. En Punta del Este siempre hay competencia entre los trabajadores, “más en esto (la gastronomía), que hoy en día todos se quieren tirar para el ramo. Hay mucha gente joven que quiere trabajar y va en la experiencia y conocimiento que tenga uno, que a veces favorece para conseguir trabajo más fácil”. Uno está mentalizado en trabajar y las jornadas son cansadoras, “pero hay un momento en el que tenés que disfrutar. Si podés hacer playa o ir al Shopping en algún momento tenés que hacerlo”.
Respecto a su relación con Salto, está “continuamente llamando y en contacto con mi familia”. Durante la temporada no viaja, viene en diciembre y me voy en marzo. Los últimos años que trabaja también en la construcción se va a Salto cada quince días.

Marcos Daniel Morencio Piedad
“Tenés que trabajar doce horas diarias, o más también, si lo permite el cuerpo”

Marcos Daniel Morencio Piedad, recibió a EL PUEBLO sobre las tres de la madrugada de un sábado, en un alto de su tarea diaria, a bordo del taxi en el que trabaja. Más de una vez el diálogo se “cortó” ante la demanda de viajes. Morencio tiene 49 años y es de Colonia Garibaldi. Tiene una “chacra de dos hectáreas en la que trabaja haciendo Morencio Piedad (1)plantación de frutilla, zapallitos, cebollas” entre hortalizas. Trabaja en Punta del Este desde 1992, hacen ya 26 años. Lo ha hecho en el rubro de la construcción, pero la mayoría de las veces su trabajo es como taxista. Vive solo y se vino a trabajar a Punta del Este por motivos económicos, ya que en “Salto se ganaba muy poco y tenía unos conocidos que ya trabajaban. Me vine buscando la mejora salarial”. “Yo trabajo a porcentaje en el taxi, obtengo el 30 % de lo que factura el coche”, nos dice ante la consulta de si está conforme con el salario que percibe. Enseguida nos dice que lo que tiene en Salto “lo consiguió con los ahorros del trabajo en Punta del Este”. Para Morencio estos últimos años se ha acortado muchísimo la temporada: “en el ’92 cuando vine eran temporadas largas, hasta el 2005; luego empezaron a achicarse, pero son buenas igual. Uno lo ve cuando finaliza y tenés un ahorro importante”. Del 20 de diciembre hasta el 20 de febrero es muy buena la temporada para trabajar, después se empareja.
¿Cómo es la experiencia de trabajar cuando todo el mundo está de vacaciones?
“Se sufre. Yo estoy desde noviembre y no he hecho playa todavía. Trabajo doce horas diarias sin descanso, sin tener feriados, sin tener domingos. Es sacrificado”. A Morencio no le queda tiempo para hacer “turismo” porque a las doce horas de trabajo le suma dos más, que es el tiempo que le insume ir y volver al lugar donde vive. Extraña las “costumbres que uno tiene” porque en Punta del Este “hay mucha presión por el trabajo, porque tenés que pagar alquiler, por los gastos que uno tiene. Por eso tenés que trabajar doce horas diarias, o más también si lo permite el cuerpo”. Morencio dice que ha vivido cosas buenas y malas. Punta del Este le cae muy bien: “llega noviembre y ya me quiero venir, como llega febrero y me quiero ir”.

Pablo Passarini
“Todos los días me dan ganas de volver, porque nací y quiero morirme en Salto”

Pablo Passarini tiene 29 años y es de barrio Nuevo Uruguay. Hizo el turno Nocturno en el Liceo 5, a la vez que trabajaba en las chacras. Ahora trabaja en la Prefectura y se reúne con EL PUEBLO justo unos minutos después de salir de su turno laboral, sobre las dos de la mañana de un lunes. Desde el 2009 está trabajando fijo en Punta del Este en la Prefectura del Puerto de Maldonado. Antes (desde 2005) concurría a trabajar solo en la temporada. Entiende que el salario “no es muy bueno, pero da para sobrevivir el mes”. Aclara, igualmente, que “lo que hago, lo hago por vocación”. “Con las horas que se pueden hacer del servicio 222 es que se puede ahorrar algo de dinero”. Este servicio se puede hacer tanto en “el Puerto de Punta del Este, otra parte de la ciudad o en José Ignacio”. Passarini nos explicó que la Prefectura se encarga de la “policía marítima, de controlar las playas, el agua, las embarcaciones (que estén todas en regla), el tema de los animales en la playa (donde se apoya a la Intendencia), los vendedores ilegales. También se encargan del rescate, con botes salvavidas, motos de agua, lanchas, con gente capacitada. Se trabaja casi igual que la Policía”. No ve la diferencia de descansar o trabajar en verano: “Yo estoy acostumbrado a trabajar en temporada y me da lo mismo”. Hay días que son cansadores: “uno deja el trabajo y necesita descansar”. Pero hay otros días donde se “puede aprovechar para ir a la playa”. Cuando le consultamos qué significa Salto, rápidamente responde diciendo que “todos los días me dan ganas de volverme. Me encanta. Nací y quiero morirme en Salto”. Viaja una vez por mes a Salto y si puede más.

Mario Alejandro Direnna Menoni
La gente que viene a trabajar busca hacer un peso para arreglar su casa o comprar algo que necesite

Mario Alejandro Direnna Menoni tiene 31 años y es de barrio Lazareto. En Salto trabaja por su cuenta en el rubro gastronómico desde hace unos años. En Punta del Este no viene todas las temporadas, pero la primera vez fue en 2009. En el balneario trabaja en el rubro gastronómico: “Estuve en una Heladería, en una Cafetería, haciendo Delivery, trabajé en cocina, en una casa de empanadas, en varios restoranes”. Ahora lo hace en una Chivitería como mozo mixto. Esto comprende la mayor parte del trabajo como delibery, pero también cada vez que hay que ayudar en el salón, atendiendo mesas o apoyando a sus compañeros. Actualmente vive solo en Maldonado por la temporada, pero siempre alguien de su familia lo visita. Se vino a trabajar “por una mejora económica”. En este momento trabaja solo en un lugar, pero ha trabajado en dos y tres lugares a la vez. La diferencia económica sigue siendo importantísima: “uno gana el doble o el triple de lo que se gana en Salto. Aunque antes la diferencia era muchísimo mayor, porque se ganaba mucho menos en el interior. Por ejemplo, en 2008-2009, yo trabajaba en negro en un local del Shopping y ganaba 4 mil pesos por mes. Al llegar a Maldonado empecé a ganar unos mil pesos por día. Al fin de mes tenía unas 8 veces más mi salario de Salto. La diferencia era brutal”.
AHORRO
Direnna explicó a EL PUEBLO que “cada uno negocia su propio salario. Uno intenta compensar el tema de los gastos, ya que uno tiene que pensar en un plus para cubrir el alquiler o el transporte. En Punta del Este no es barato. El 90 % de la gente que trabaja en Punta alquila en Maldonado porque los lugares baratos se alquilan rápido”. Uno “puede ahorrar, que creo que es el objetivo de la mayor parte de la gente que viene a trabajar, para después poder hacer arreglos en su casa, poder comprar alguna cosa que necesite o poder hacer que el invierno en el interior no sea tan duro teniendo un colchón de dinero donde respaldarse”.
EXIGENCIA
En cuanto a las características del trabajo en Punta del Este “hay mucha exigencia. Uno tiene que estar demostrando lo que puede llegar a hacer, porque en las mismas condiciones hay muchas personas trabajando o que buscan. La competencia es fuerte, tanto de uruguayos como extranjeros”. Uno tiene que venir mentalizado en lo que va a hacer, nos dice Mario, al momento de manifestarnos que “si uno piensa en veranear no le van a dar los tiempos ni el dinero. Este es un balneario con precios del primer mundo, que no está al nivel del trabajador. Uno puede salir y divertirse pero uno tiene que estar mentalizado en el trabajo porque son jornadas extensas, de ocho, diez o doce horas, a veces con horarios cortados”.
Recordó que ahora con las redes sociales es mucho más fácil estar en contacto con Salto. Le es casi imposible viajar a nuestra ciudad durante la temporada, en su caso más aún ya que “cubre el lugar si alguno falta” y debe quedarse en las fiestas tradicionales normalmente.

Anecdotario colectivo
Entre la odisea de viajar 600 km en “la Yumbito” y el “vino cortado” de una coqueta señora

Nuestros entrevistados repasaron algunas de las interminables anécdotas que los tuvieron como protagonistas. Direnna repartiendo comida en su “Yumbito”, Salayetta ofreciéndole “un vino cortado” a una coqueta señora, Gularte recordando los fuegos artificiales de Concordia en pleno puerto de la Península, Passarini custodiando a unos de los empresarios más ricos del mundo.
LOS DEDOS
Mario Direnna contó varias anécdotas a EL PUEBLO. Recordó particularmente una que le pasó en los primeros días de la primera temporada en que trabajó. Empezó a trabajar en el “lavandín” de la cocina de un restaurante y no tuvo mucho tiempo de conocer la ciudad. Un 1º de diciembre empezaba a trabajar de delibery, previa orientación de otro compañero, cosa que fue muy escasa. Es así que lo llama un guardia de Prefectura que estaba apostado en una garita en “Los dedos”, un lugar emblemático y le hace un pedido. Mario no conocía el lugar aún y había que sumarle que en esas fechas esa zona estaba con vallas porque se estaba corriendo la competencia (de carreras de automóviles) del “TC 2000”. Hace el pedido y se pone nervioso “pensando dónde podían estar “Los dedos”. Al final le avisaron que había sacado el vallado y la ruta estaba más despejada, podía tomar la calle 26 en su moto. Recuerda que “iba despacito, mirando para todos lados y luego de unas diez cuadras, cerca de la playa Emir, veo una mano que salía de la arena, y el guardia marino esperando el pedido. Fue un suspiro y un alivio y estaba feliz de que había cumplido el primer pedido. Y ahí arrancó una historia de trabajo que tiene como nueve años que me llevó por varios lugares”, reflexiona Direnna.
ODISEA: 600 KM
EN DOS DÍAS
El mismo Direnna utiliza su moto, traída desde Salto, para su diaria labor. Pero el traslado del ciclomotor, de una cilindrada menor (125 cc) constituyó una especie de odisea. Preparó la moto para el largo viaje.
Arrancó un sábado sobre las 6 de la mañana; durante el viaje llovió mansamente, pero cerca de la ciudad de San José la lluvia se transformó en torrencial, vientos fuertes e incluso granizo; viajó unos kilómetros suavemente, para luego hacer un alto en el camino, en una Estación de Servicio. Retomó el camino hasta llegar a la ciudad de Santa Lucía, donde pasó la noche.
Al otro día retomó el viaje y llegó a Punta del Este. Nos dice Direnna “que la gente se sorprende cuando le digo que la traje andando”, pero reconoce “que es parte del sacrificio que hace la gente que viene a laburar desde otro lado, como lo es venirse a dedo o en camión, con tal de llegar y hacer un peso”.
DUCATI, HARLEY,
FERRARI Y LA YUMBITO
Otras anécdotas diarias son del estilo de “parar en un semáforo, cuando estoy haciendo el reparto, y ver al lado dos (motos) Ducati, que deben de valer 40 mil dólares cada una. El otro día paré en el Puerto para hacer una entrega y de un lado tenía dos (motos) Harley Davidson y del otro dos (autos) Ferrari.
¿QUÉ PAÍS ES ESE?
Gularte recordó cuando, hace diez años, comenzó trabajando en un restaurante cerca del Puerto, muy conocido. Le tocó trabajar el 31 de diciembre, y cuando fueron las doce de la noche todos salieron a ver los fuegos artificiales.
“Acostumbrado de Salto, de ver los fuegos artificiales para el lado del río, en Concordia, yo veo el mar y digo ¿Qué país es ese, es Argentina, no? A lo que mis compañeros me advierten que es el (Hotel) Conrad. Por eso durante un tiempo me cargaban con ese tema”.
MARCHE UN CORTADO
Salayetta contó una anécdota del tiempo de sus inicios en Punta, recién llegadito de Salto, proveniente del laburo en la construcción, cuando comenzó a trabajar en un restaurante, en un lugar donde sabía poco. Es así que ingresa al local una señora muy coqueta a las cinco y media de la tarde y pide “un cortado”. “Me dije, la veterana se va a clavar un champagne africano, como le decíamos en Salto a un vino con Coca o con Sprite”. Va hacia atrás y le arma el trago, mitad vino y mitad Coca.
El patrón lo observaba calladito. Es así que al llevarle el trago a la mesa la “veterana” le explica que lo que le pidió es un café con leche. “Me quería matar, no sabía dónde meterme”. Por suerte el patrón entendió que era su bautismo en el laburo y solo se rió.
CUSTODIA
Passarini recordó a “gente famosa que tuvo que cuidar, como fue el caso de uno de los empresarios más ricos de Argentina, Alejandro Bulgheroni”.

 

 







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