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Tras el cierre de Isla de Gaspar, Pelusa Medina registrará su lista en la Corte

La líder del asentamiento que sueña con ser diputada

El asentamiento más antiguo de Montevideo tiene las horas contadas. El martes o el miércoles, a más tardar, desaparecerán las pocas casas —por llamar de alguna forma a esos ranchos de lata herrumbrada— y se pondrá así punto final a Isla de Gaspar. Shirley «Pelusa» Medina será la última en irse, como los capitanes de los barcos que no abandonan el timón hasta que estén a salvo los suyos. Y recién entonces, en tierras más seguras y confortables, iniciará su carrera para ser diputada nacional. PELUSA [1]

Pelusa es Pelusa desde que tiene uso de razón. Fue un apodo que le puso una vecina porque, recuerda, era molesta como la pelusa y se metía donde no la llamaban. Y los años, en lugar de apaciguarla, le fueron reforzando su insistencia.
Cuando su hijo Christian «Pichón» Nuñez había fichado con Nacional, hace una década atrás, Pelusa tuvo la posibilidad de empacar sus cosas, sus estampitas, sus banderas del Frente Amplio y dejar el asentamiento. Pero «había asumido un compromiso» con los vecinos y ella sería la última en irse.

La tierra santa

Pelusa Medina camina con el mentón en alto y a su paso van quedando las huellas de las Crocs. Mientras avanza por Isla de Gaspar, los vecinos se le van acercando para saludarla, para pedirle un consejo, para presentarle alguna queja. Parece una de esas sacerdotisas que en las películas religiosas concede los deseos de su pueblo. De hecho el miércoles, tras subir la cantera que da hacia la cancha de Huracán Buceo, una cincuentona la abrazó y al borde del llanto le dijo: “Pelu: es la última vez que enfrentamos esta cuesta. Gracias a vos”.
Desde la puerta de su rancho, donde está atada la perra Saya, se vislumbran las Torres del World Trade Center del Buceo: no están a más de 15 minutos en auto desde «Isla» —como le dicen con cariño a este «cante». Pero donde unos ven una paradoja del desarrollo, Pelusa ve una utopía en el horizonte que, al decir de Eduardo Galeano, «sirve para caminar».
Por eso su compromiso no acabará con las cajas y las bolsas de su mudanza. Este mismo mes inscribirá a su lista 1212 («Preocuparse de la Gente») en la Corte Electoral con el deseo de convertirse en diputada por el Frente Amplio.

—¿Por qué «preocuparse» y no «ocuparse» de la gente?

—Porque se trata de tener empatía, aun cuando la solución no está a tu alcance. Durante estos años he visto cómo los políticos vienen al asentamiento solo cuando necesitan votos. He notado como muchos toman decisiones desde la comodidad de un escritorio. Yo, en cambio, quiero estar donde está Juan Pueblo. Quiero escuchar.

Pelusa Medina
Foto: Fernando Ponzetto
Pelusa entiende que ha dado la vida en Isla de Gaspar. Literalmente. Su cuarta hija nació allí porque no tuvo tiempo de llegar hasta el hospital. Pero a sus 62 años —43 de ellos en el asentamiento— no está «en edad» de quedarse en su casa. Lo dice mientras la retroexcavadora va destruyendo unos bloques de hormigón y va dejando unos surcos en el suelo que los técnicos encontraron «nivel elevados de plomo, perjudicial para la salud humana».
El humo de la máquina en combinación con la montaña de basura en descomposición y las aguas servidas que corren dejando venas de suciedad desprende a su paso un olor rancio; como si alguien estuviese limpiando la grasera las 24 horas. Pero en Isla de Gaspar no hay grasera, ni siquiera hay demasiadas cañerías.
A la salida de la dictadura había una única canilla: «La Canilla». Ese era el punto de encuentro entre los vecinos —la mayoría de ellos colorados batllistas— para debatir sobre los problemas de su comunidad. Y fue allí, ante el chorrito de agua sin presión, donde Pelusa empezó su militancia. Hoy el barrio parece festejar ese compromiso, sin decirlo. Los niños remontan una cometa hecha con las bolsas negras de basura que el Ministerio de Vivienda les donó para la mudanza. Suena el reggaetón y los gallos de pelea. Solo un vecino se queja porque quiere que le den dos casas —se acaba de divorciar. El resto agradece en silencio, masticando el miedo que genera lo desconocido.
La capitana, en tanto, va percibiendo una nueva «tierra a la vista». A ella y a su esposo les tocará una casa en desuso cerca del Hipódromo de Maroñas. En Isla de Gaspar quedarán solo los recuerdos, los restos de basura y una canilla de la que ya no saldrá agua.

Una vida de militancia
La frentista que rompió la hegemonía colorada
El póster que conserva. Foto: Fernando Ponzetto
Las cajas de la mudanza están casi repletas. Unas están en el living, otras sobre unos pallets del dormitorio porque debajo corre el agua, y una —con la inscripción «Tabaré»— se esconde bajo la mesa del comedor. En ella Pelusa Medina guarda los papeles de 12 años de lucha para que realojen a los vecinos de Isla de Gaspar. Está la carta que le envió intimando a Ana Olivera cuando era la jefa comunal, el agradecimiento al intendente Daniel Martínez —»el único político» que, dice, los visita fuera de la campaña electoral— y hay un póster del Pepe Mujica. «Siempre fui frentista, la única que colocaba la bandera tricolor en una tierra de colorados», cuenta.
Pero con el tiempo, dice, fue «convirtiendo» a sus vecinos. La militancia de Pelusa es primero social y recién luego política. Cuando presidía la Fundación Winners, de ayuda comunitaria, se decidió que era momento de continuar la obra desde la política partidaria. Los integrantes de la asociación civil le pidieron a Pelusa que ella liderará la lista en uno de los partidos tradicionales. Pelusa aceptó solo con una condición: que fuera dentro de la coalición de izquierda.
Así nació la lista 1212, por los 12 años de «lucha», y que este septiembre se registrará en la Corte Electoral. «Ya hay unas 200 personas en lista», cuenta Pelusa, quien será secundada por un pastor evangelista del barrio Cuarenta Semanas. Un hombre que se hizo religioso tras salir de la cárcel, pero «que tiene una pequeña iglesia de barrio y no es del estilo del jabón de la descarga». La 1212 una corriente independiente dentro del Frente Amplio y que «apoyará al candidato que decida todo el partido». Pese a que la política «corrompe» a la gente, dice la aspirante a diputada, ella se conoce y asegura que actuará distinto al resto. En Isla de Gaspar Pelusa Medina se ha ganado el respeto, ha sabido cortar con el «mangazo» de todos los que le reclamaban una «ayuda» por ser la madre de un futbolista, y ha logrado su objetivo de mudar al barrio entero. Eso, espera, «es crédito suficiente».

(EL PAÍS)