Tres interesantes propuestas para ir al cine: “Amigos de Armas”, “La Purga 3” y “Miedo Profundo”

“Amigos de armas” es una película más que demuestra de qué forma la realidad suele ser más interesante e imaginativa que la ficción. De a poco nos vamos enterando de qué forma la principal potencia armamentista del mundo va a la guerra, y si bien se plantea una historia basada en hechos reales desde el absurdo o a través de un paso de comedia, puliendo un poco esas aristas que quede claro, lo que se muestra pasó.
Efraim Diveroli ( Jonah Hill), un joven perteneciente a una familia judía ortodoxa de Miami, se reencuentra en un funeral con su amigo de la infancia David Packouz (Miles Teller), que atraviesa serias dificultades financieras (se gana la vida dando masajes a domicilio).
La historia en sí se ubica en las postrimerías de la administración de George W. Bush. Efraim maneja un incipiente negocio de venta de armas, pero descubre que el gobierno ha lanzado licitaciones públicas que favorecen a pequeños proveedores tras varias denuncias sobre corrupción de funcionarios. Así, las «migajas» que dejan los grandes conglomerados armamentistas (que de todas maneras significan decenas de millones de dólares) son recogidas por la dupla.
Pero, a medida que crecen las oportunidades y los volúmenes de los contratos, también aumentan los riesgos y los muchachos deberán viajar de urgencia a lugares tan inhóspitos como Irak o Albania.
LA PURGA 3
Hace tres años del estreno de “La Purga”, una película con un punto de partida tan jugoso que luego le fue imposible estar a la altura al optar por un acercamiento más convencional y limitado de lo deseable. Poco después llegó “La Purga: Anarquía”), una secuela que sacaba más partido a ese singular universo, pero que también sabía a poco teniendo en cuenta sus posibilidades.
Ayer fue el turno de la llegada al cine salteño de “La Purga: Elección” (“12 horas para sobrevivir: el año de la elección”), la tercera entrega de una trilogía que, al contrario de lo que suele ser habitual, ha ido mejorando según avanzaba y que en esta ocasión ha optado por acotar el mundo creado por James DeMonaco y dar un satisfactorio cierre a una franquicia que nunca terminó de sacar todo el jugo a su potente premisa.
Es lógico que en un momento u otro surja una fuerte oposición a la purga, ya que hay muchos motivos para oponerse a una solución tan radical que al final no acaba siendo más que una forma de negocio o una excusa para que la gente saque lo peor de sí misma y se dedique a matar indiscriminadamente. Eso es algo que ya mostraron las dos primeras entregas y ahora es el turno de hurgar más en todo el tinglado montado detrás, optándose, como no podía ser de otra manera, por las ramificaciones políticas.
No es casualidad que DeMonaco haya optado por ese enfoque justo cuando los candidatos a la presidencia de Estados Unidos están metidos de lleno en la campaña, pero no esperen que aquí se profundice en ello o que se establezca qué roles asumirían republicanos y demócratas en el universo de La Purga. Aquí lo que importa es que los que están en el poder representan el mal y la corrupción y la aspirante a cambiarlo pues justo todo lo contrario.
MIEDO PROFUNDO
Vuelve el tiburón a la gran pantalla, y con los efectos especiales que si los hubiese tenido Steven Spielberg en 1975, otra hubiese sido la película… tal vez esta.
La primera vez que vemos a Nancy (Blake Lively) se encamina a surfear en una playa mmiedo profundoexicana secreta, en una camioneta manejada por un lugareño. En esa escena y en otra que sucede luego, la conversación y el uso de un teléfono funcionan como mecanismos para darle al espectador gran parte de la información necesaria para entender qué hace esta chica norteamericana en ese lugar. Es como un trámite por el que hay que pasar antes de que empiece la acción. Luego vendrán escenas de estética publicitaria, dedicadas a mostrar la belleza de la playa y de la actriz, que no aportan demasiado a la narración.
Cuando, por fin, aparece el tiburón que arruinará el día de playa de Nancy, la película sale del letargo y empieza a ser un juego de suspenso bastante ingenioso y entretenido. Distintos objetivos inmediatos van apareciendo en el camino de la protagonista, como pasos a seguir hacia la meta final: sobrevivir.
El director Jaume Collet-Serra, sale del molde publicitario después de esa primera parte del film y, al sumergirse en la lucha de Nancy contra el tiburón, sabe cómo aprovechar los pocos elementos de la historia para construir un clima de peligro constante y mantener los nervios del espectador en alerta hasta el final.







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