Un abogado con legado propio

La abogacía es una profesión fascinante que lleva al profesional del Derecho a luchar por lo que considera que es justo para quien defiende. Eso fue lo que descubrió Joaquín Silva, quien casi por información genética ya traía consigo la pasión por el derecho, al decidir con 16 años de edad, convertirse en la tercera generación de su familia en un abogado, luego de estar convencido hasta un año antes de que lo mejor, era ser un buen médico.

Con el Dr. Joaquín Silva

Con el Dr. Joaquín Silva

Políticamente correcto, con capacidad discursiva y afable, aspectos que distinguen al profesional con experiencia, así es nuestro entrevistado quien habla de la profesión, del ejercicio de la misma y de su vida en nuestra sección semanal Las Diez Últimas de la Última.

¿Estudió siempre en Salto?
Sí, nací y crecí acá, y estudié en el Colegio y Liceo Crandon, menos el preparatorio o bachillerato, que lo cursé en el Liceo Ipoll y después me fui a Montevideo a hacer mi carrera de abogacía. Me recibí y me volví en el año 1986, ya habían cambiado un poco los tiempos en esa época, había retornado la democracia, eran otros tiempos.

¿Por qué eligió estudiar abogacía?
Hay cosas que no las puedo desconocer, mi padre era abogado y mi abuelo también. De hecho mi abuelo era socio fundador e integró la primera comisión directiva de la Asociación de Abogados, hay algo así como un legado genético. Aunque mi abuelo falleció cuando yo tenía 8 años y mi padre al año siguiente, cuando yo tenía solo 9 años. Pero a veces las cosas te condicionan un poco. Porque yo fui médico, es decir, se suponía que iba a ser médico hasta cuando llegué a 4º año de liceo, después me incliné para la abogacía. Capaz que era una cuestión psicológica o una deuda pendiente. Pero nunca pensé después en hacer otra cosa que no fuera ser abogado.

¿Al llegar a Salto como fue empezar a ejercer en aquella época?
El hecho de ser conocido no tiene nada que ver, es un chiste que muchos pensaban y que me hablaban de mi padre y mi abuelo, y mi viejo falleció en el año 1974 y yo me recibí en el 1986, así que pasó un montón de tiempo. Esto es persona a persona, y tenés feeling con determinada persona que no quiere decir que el hijo va a ser lo mismo. Y si precisas un abogado vas a ir al que vos quieras, no vas a estar esperando al hijo de. Siempre me puse como norma tener un horario y dedicarme. Pero luego tuve otros negocios conexos, fui copropietario y administrador de una inmobiliaria, soy asesor del Banco de Seguros, pero si uno hace retrospectiva y se pregunta ¿cómo fueron los comienzos? Duros, fueron duros.

¿Se imaginaba que iba a tener un comienzo así como lo describe?
Yo creo que todos salimos de la Facultad pensando que es cuestión de trabajar. Pero después te das cuenta que las horas extras no dependen de vos, sino de que esté el cliente y que las necesite. O sea que necesiten tu esfuerzo. Las cosas te van llegando, el tiempo va pasando, y lo que era un comienzo fue dando lugar al desarrollo del ejercicio de la profesión.

¿Se llevó alguna decepción con el sistema judicial? Porque muchas veces lo que dicen los libros no se aplica del todo.
El sistema muchas veces puede ser distinto a lo que dice la normativa. Al sistema lo usan los abogados, lo que puede terminar siendo un problema, porque defendiendo cada parte las cosas se alargan un poco más de lo debido. Pero más allá de los problemas que tenemos ahora con un Poder Judicial sin presupuesto, creo que tenemos un sistema judicial que es limpio, que es transparente y cuando miro lo que pasa en otros lados, observo otras realidades, pienso que es bueno que tengamos esa ventaja y que es algo que en definitiva que tenemos que aprovecharlo. Faltan un montón de cosas, que necesitamos que se mejoren, que se actualice un poco, que se considere al norte tanto como al sur, porque es importante tener las mismas comodidades para trabajar en un lugar como en otro, pero bueno es lo que hay.

En su opinión y haciendo honor a los Mandamientos del Abogado que escribió Eduardo J. Couture, que dice que cuando el derecho entra en conflicto con la justicia, el abogado tendría que pelear porque prevalezca la justicia, ¿pasa eso realmente, se pelea por lo que se cree justo?
No creo que el derecho y la justicia sean algo antagónico, pero lo que sí pasa, es que no siempre quedan de la mano, por distintas interpretaciones. No en vano en un juicio siempre hay dos partes, hay dos interpretaciones de una misma realidad, y siempre hay alguien que sentirá insatisfecha su necesitad de justicia. Si hay dos y uno gana. Esto tiene que ver con el sentido de justicia de cada uno, que de repente es algo subjetivo y que no es tan objetivo como el derecho que aunque es opinable y lo puedas analizar, no necesariamente lo que uno entiende por justicia es lo que entiende el de al lado.

Desde su óptica como abogado ¿es positivo que esté presente la Facultad de Derecho en Salto?
Si yo te dijera lo políticamente correcto, diría que es brillante que esté la Facultad en Salto porque es algo positivo para la ciudad contar con una universidad. Además porque la gente tiene más posibilidades de acceder a los estudios terciarios porque aún hoy ir a Montevideo es complicado, hasta ahí fenómeno. Y en Derecho por ejemplo, es algo a observar, tenemos una Facultad donde egresa gente que no se cuánta cantidad es y además viene gente de otro lado, que estudia acá, se hacen amigos, alguna novia, se casan y se terminan quedando. Y eso termina determinando que seamos muchos abogados. De repente muchos para la realidad en la que vivimos. Y eso termina retaceando el trabajo un poco de todos; ¿cuál es la solución?, no se, pero el hecho que la Facultad esté ahí tiene cosas interesantes y algunas preocupantes. Porque no sé cómo será en otras carreras, pero en el caso de Derecho hay muchos abogados en Salto. Pero está bien y es legítimo, porque así como lo tuve yo, todos tienen derecho a estudiar.

¿El hecho de plantear las necesidades de cobrar las consultas parte de todas esas situaciones que usted menciona?
No, el tema de cobrar consultas tiene otra génesis. Hay muchos servicios en los que uno cuando va a consultar se le cobra, yo tendría que pensar cual no, porque cuando la gente se sienta ahí y te hace una consulta y está media hora conversando, es tu tiempo y tu conocimiento el que se está invirtiendo, porque para evacuar una consulta hay que estudiar e invertir, y en cualquier lado cobran consulta, pero los abogados no cobramos y se termina desmereciendo la profesión, pero en definitiva esto es un servicio, y al servicio hay que cobrarlo. Tu trabajas y tu cobras, pero es algo que lo intentamos poner como un deber gremial, que cada uno cobre. Si bien no es una norma establecida, es un deber gremial de cada uno. Y lo hicimos con ese espíritu, con la idea de que tengamos todos una misma forma de trabajar.

Con todo lo que hablamos ¿qué perspectivas le ve usted al ejercicio de la abogacía?
Yo soy un abogado con 30 años de ejercicio, la abogacía es una carrera muy linda, la gente cuando viene a buscarte es porque tiene un problema.
Y no puedo llamar a nadie al recato porque así como yo estudié hay otros que tiene el mismo derecho que yo a hacerlo. Pero es como todo, en mi época cuando recién me recibí pasaba lo mismo, hay algunos que la peleaban con mas suerte y otros con menos suerte. Yo soy muy litigante cuando tengo que litigar, y me gusta acordar cuando considero que es muy importante acordar y veo que el interés de las dos partes es acordar.
Pero de ahí a ser yo un conciliador, no lo sé.

Si empezara de nuevo ¿volvería a estudiar abogacía?
Casi con certeza le digo que es prácticamente lo único que haría de nuevo sin dudarlo, estudiaría abogacía sí.







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