Un albañil fue acusado de estafa tras cobrar $10.000 por una reparación de techo mal hecha

Un albañil “arregló” el techo de una casa del barrio Fátima, pero el último temporal de lluvia que azotó a la ciudad dejó en evidencia su mal desempeño. El hecho en sí no es grave, dado que cualquier trabajador tiene derecho a equivocarse, siempre y cuando admita el error y tenga la voluntad de enmendarlo. Lo grave de este caso es que el albañil en cuestión no dio más señales de vida luego de haber hecho un trabajo defectuoso y haber cobrado por el mismo.
El trabajador fue contratado por una mujer de 61 años para que arreglara el techo de su casa, que cada vez que llovía sufría pérdidas de agua. Las filtraciones provocaban que se humedecieran las paredes del dormitorio de la vivienda, con el agravante de que el esposo de la susodicha se encuentra en cama, producto de una enfermedad, y la humedad del ambiente no ayuda a su recuperación.
Por este motivo, la dama se contactó con su tía de 86 años, quien le recomendó a dicho profesional.
El albañil, un joven alto, morocho y de pelo largo, se presentó en el domicilio de la septuagenaria, y tras estudiar el techo y definir el trabajo que debía realizar, dio un presupuesto de 10.000 pesos más los materiales que necesitaba (membranas asfálticas, hidrófugo, portland, entre otros).
La dama aceptó el presupuesto y le dio al obrero un adelanto de $3.000. Inmediatamente, el hombre se puso manos a la obra y en cinco días terminó el trabajo encomendado, por lo que se hizo acreedor al resto del dinero acordado ($7.000).
La dueña de casa se sintió aliviada de saber que el problema estaba resuelto y que su marido convaleciente no sufriría más los problemas de humedad. Pero el alivio duró exactamente hasta que una persistente lluvia se hizo presente en Salto. En dicho momento, el techo de la casa empezó a filtrar más agua de que la filtraba antes de ser “reparado”, lo que provocó que el dormitorio se humedeciera peor que nunca.
La septuagenaria montó en cólera y llamó inmediatamente al albañil que había “arreglado” el techo, pero éste no contestó. La dama siguió insistiendo, pero nunca logró comunicarse con el hombre, por lo que le dejó un correo de voz. Volvió a llamarlo al día siguiente y volvió a dejarle un mensaje, y repitió el procedimiento en la jornada posterior, también sin éxito. Finalmente decidió realizar la denuncia por estafa en la seccional Quinta, donde solicita que se le devuelva el dinero o de lo contrario “se le realice bien el trabajo en su casa”.

Un albañil “arregló” el techo de una casa del barrio Fátima, pero el último temporal de lluvia que azotó a la ciudad dejó en evidencia su mal desempeño. El hecho en sí no es grave, dado que cualquier trabajador tiene derecho a equivocarse, siempre y cuando admita el error y tenga la voluntad de enmendarlo. Lo grave de este caso es que el albañil en cuestión no dio más señales de vida luego de haber hecho un trabajo defectuoso y haber cobrado por el mismo.

El trabajador fue contratado por una mujer de 61 años para que arreglara el techo de su casa, que cada vez que llovía sufría pérdidas de agua. Las filtraciones provocaban que se humedecieran las paredes del dormitorio de la vivienda, con el agravante de que el esposo de la susodicha se encuentra en cama, producto de una enfermedad, y la humedad del ambiente no ayuda a su recuperación.

Por este motivo, la dama se contactó con su tía de 86 años, quien le recomendó a dicho profesional.

El albañil, un joven alto, morocho y de pelo largo, se presentó en el domicilio de la septuagenaria, y tras estudiar el techo y definir el trabajo que debía realizar, dio un presupuesto de 10.000 pesos más los materiales que necesitaba (membranas asfálticas, hidrófugo, portland, entre otros).

La dama aceptó el presupuesto y le dio al obrero un adelanto de $3.000. Inmediatamente, el hombre se puso manos a la obra y en cinco días terminó el trabajo encomendado, por lo que se hizo acreedor al resto del dinero acordado ($7.000).

La dueña de casa se sintió aliviada de saber que el problema estaba resuelto y que su marido convaleciente no sufriría más los problemas de humedad. Pero el alivio duró exactamente hasta que una persistente lluvia se hizo presente en Salto. En dicho momento, el techo de la casa empezó a filtrar más agua de que la filtraba antes de ser “reparado”, lo que provocó que el dormitorio se humedeciera peor que nunca.

La septuagenaria montó en cólera y llamó inmediatamente al albañil que había “arreglado” el techo, pero éste no contestó. La dama siguió insistiendo, pero nunca logró comunicarse con el hombre, por lo que le dejó un correo de voz. Volvió a llamarlo al día siguiente y volvió a dejarle un mensaje, y repitió el procedimiento en la jornada posterior, también sin éxito. Finalmente decidió realizar la denuncia por estafa en la seccional Quinta, donde solicita que se le devuelva el dinero o de lo contrario “se le realice bien el trabajo en su casa”.