“Un bosque por dentro”, de Laura Martínez Coronel se presentó en Casa Quiroga

Fue en la tardecita del viernes en Casa Quiroga. La poeta Laura Martínez Coronel quiso venir a Salto a presentar su último libro y lo hizo. Titulado “Un bosque por dentro”, fue premiado en la última edición del Concurso Internacional Premio Marosa di Giorgio”. A continuación, parte de lo que expresamos en el acto del viernes: Este libro de Laura Martínez Coronel nos invita a salir de este mundo y nos ofrece otro, construido por ella, con sus palabras. Es un mundo paralelo a este en el que andamos cada vez más automatizados, un mundo con sus propios seres, sus cosas, sus leyes… todos elementos que conforman algo así como un magnífico entrevero, una maraña, un entretejido de ideas y palabras, de sonidos y significados. Un entrevero, maraña o entretejido que se parece a un “Bosque”. ¿Y dónde está ese mundo paralelo? Pues vive en el interior de la poeta, por eso el sentir “un bosque por dentro”. Entonces, ese sitio que se intuye que existe es el interior, un mundo interior, es el bosque interior con el que hay que llenar un vacío, un vacío que se halla en este mundo en el que estamos. Pero…¿dónde habita la poeta? Habita en la soledad de su interior: “Paso la vida en la soledad del bosque/ todo vacío aún antes de las palabras”, dice el poema titulado “En la soledad del bosque”. La poeta siente la responsabilidad de sacar a luz ese “bosque”, un bosque que viene con todos sus elementos, insistimos, a llenar un vacío. Este libro, de 20 poemas de muy variada extensión, puede parecer en una primera lectura algo oscuro o hermético. Pero es muy difuso determinar qué es lo oscuro o hermético en poesía. Y además, qué bueno resulta que una poesía requiera de más de una lectura. Eso habla de una poesía que busca intimidad, busca una lectura y otra sobre otra, para poder ir entrando en ese “bosque” al que nunca se entra fácilmente, que nunca se comprende fácilmente. Y si hay algo que esta autora tiene felizmente claro es que la poesía es lo opuesto a los facilismos. Además, es lo opuesto a los facilismos porque como toda buena poesía, está también cargada de símbolos. Es que vivimos rodeados de símbolos, que se corresponden y que también es función de la poesía desentrañarlos, no en vano dijo magistralmente un poeta francés del que días pasados se cumplieron 150 años que falleció: “Entre un bosque de símbolos va el hombre a la ventura”, lo escribió Baudelaire en su insuperable poema “Correspondencias”.
El poeta Altamides
Notables nos parecieron las siguientes palabras con que el escritor salteño Jorge Menoni, desde Ámsterdam (donde reside desde hace 40 años) evoca al poeta Altamides Jardim. Queremos compartirlas con los lectores de EL PUEBLO. Son las siguientes:
“Cuando el pasaje del verano al otoño europeo, repetición monótona del devenir del calendario, parece carecer de significación, basta un reflejo, una puesta de sol, un acto de fe o un libro en los estantes mas altos de nuestra biblioteca para recobrar un pasado o prefigurar un porvenir. Revolviendo entre mis libros vuelvo a encontrarme con las poesías completas del escritor uruguayo Altamides Jardim, un verdadero diamante mezclado entre las cosas simples y profundas de la existencia, por eso quiero recordar de quien fue mi vecino y amigo, otro aspecto tan importante como su obra, recordar el hombre, el ser humano, su espíritu, su nobleza. Durante veinte años lo vi diariamente, lo saludé, charlamos, lo respeté y lo admiré. Muchas anécdotas podría contar, pero no soy partidario de las biografías. Sin embargo una anécdota me persigue en mis recuerdos, la más importante, pues transcurrió en ese invisible momento en que vislumbramos lo sagrado. Sin saberlo quizá, ese instante inaprensible me hizo descubrir una pasión, la literatura. Fue un verano cálido, húmedo, que había secado hasta el último charco de agua de la calle Charrúa, en donde tantas veces se ha reflejado el arcoíris o han bebido las luciérnagas. Ese día descubrí que no era yo el único que no dormía siesta. Urú, el gato de Altamides se acercó al portón de hierro del jardín de su casa y quedamos largo rato observándonos con complicidad, separados por la calle, en ese entonces de tierra y piedra. Pero no éramos los únicos dos que un verano de 40 grados huíamos de la siesta. Detrás de la cortina de madera blanquecina, Altamires en su escritorio interrumpió su obra y se acercó a mí con una hoja de papel donde estaba escrita una poesía y me dijo: Mira, léela, se la hice a él, a mi gato, al negro, al Urú. ‘La tarde/se deshoja en crepúsculos/ y sombras instantáneas/aboliendo colores/ingieren/densidad envolvente./Urú, mi gato/pone ojos de concierto/a la noche/y maúlla la primera estrella. El valle,/comienza a orquestar/el zigzag/de luz de las luciérnagas’. El milagro se había consumado, me había sido otorgado el misterio, lo trascendental, la curiosa metáfora, la poesía. Había sido repentinamente habitado por un alma. Luego, desafiando el sol charlamos un rato más sobre literatura hasta que nos despedimos. A los pocos días yo regresaba a Holanda y esa despedida sería eterna en mi memoria. Aún conservo esa hoja con la poesía como dádiva de la creación. Sus poesías completas que releo y celebro me trasmiten su ansia de eternidad, la misma de Unamuno, pero no buscada en la filosofía, sino en las cosas pequeñas, la eternidad que en tantos poemas Altamires nombra, añora, quizá veladamente y a veces con dolor pero siempre esperanzado, solidario. ‘La eternidad/ha pasado su pulsación/por entre las manos del suburbio/en ovación salmodiada de colores’. Arturo Arruabarrena le dice: ‘Te fuiste, quedándote,/ por el indestructible camino/de lo imperecedero’. José Luis Guarino le dice ‘Y aún camina donde se apagan los ojos’. (hermosa metáfora). Sólo me queda agregar a mas de cien años de su nacimiento: Poeta, tu materia es Tiempo , belleza, Intimidad serena, y es también la cercanía del río, el paisaje, el lucero, el amor, simplemente. Y te quedaste en mí, en mi corazón que abriste una siesta para mostrarle ese don misterioso que es la poesía, y te quedaste además en mí cuando releo «Un poniente», «Inmóviles» «La noche», «Símbolo y ternura, «Vivencia’, «Hoy», «Una mano en el aire», por citar algunos poemas para no desgarrarme con todos. Vecino, amigo, poeta, humano, profeta en tu tierra, este momento eterno en que te recuerdo quiero que esta breve carta te acompañe en Salto y en la eternidad como agradecimiento por habernos legado tantas y tantas bellas palabras”.