Un hecho extraordinario contado 40 años después e interpretado por uno de sus protagonistas

«Algunas personas nos siguen considerando héroes pero en realidad somos seres humanos que pusimos a funcionar nuestras capacidades para llegar a nuestras familias”
En el marco del “Ciclo de presentación de libros de autores uruguayos” organizado por EL PUEBLO y Random House Mondadori, este jueves estuvo en Salto Eduardo Strauch, uno de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes para presentar en el Ateneo su libro “Desde el silencio. Cuarenta años después”. Minutos antes dialogó con EL PUEBLO.
- ¿Siente que forma parte de una sociedad especial, como diría Pablo Vierci en su libro “La sociedad de la nieve”?
- Sí, sin duda que sí. Todos participamos, pero te diría que los dieciséis que volvimos evidentemente formamos parte de una sociedad que tenemos algo distinto al resto de la gente. Tenemos una experiencia única de una tremenda magnitud, así que considero que sí.
- Leyendo a Antonio Mercader, que estuvo muy cerca de ustedes desde que bajaron de la montaña, destacó que sobrevivieron porque eran uruguayos.
- Me acuerdo muy bien de lo que decía Mercader. Pienso que si, fue uno de los elementos que nos ayudó a lograr lo que logramos. Otro que fue muy importante fue la educación que teníamos, éramos casi todos universitarios, esa para mí fue una de las claves, el tener conocimiento de cosas y haber podido inventar todo lo que inventamos, elementos para subsistir, para sobrevivir y haber podido organizar esa sociedad de la nada siendo chiquilines, porque el mayor de nosotros tenía 25 años, y los menores tenían 18. Así que pienso que la educación fue muy importante. Claro que también contó que éramos jóvenes y casi todos deportistas, así que la parte física ayudó también. Pero si, el ser uruguayos ayudó.
- Luego que se enteraron que no iban a ser rescatados, ¿cómo fue enfrentar ese día a día para seguir viviendo?
- Escuchamos que habían abandonado la búsqueda, ese momento fue terrible, oír eso fue sentirnos abandonados en esa situación tan difícil en la que estábamos. Nos sentimos desamparados totalmente, pero rápidamente sentimos como una fuerza interior, ya habíamos empezado a tomar conciencia de las capacidades que tenemos los seres humanos y que no se había manifestado hasta ese momento, recuerdo que sentí muy bien eso, y también una sensación como que de esto yo voy a salir, me voy a vengar, aunque no nos vengan a buscar vamos a salir por nuestros propios medios. Así que en vez de achicarnos y deprimirnos, casi todos agarramos más fuerza.
- ¿De dónde salía esa rebeldía?
- Evidentemente salía de ser jóvenes, de haber recién empezado a vivir, teníamos montones de proyectos de vida y era desesperante, íbamos a luchar hasta el último momento para poder lograr todos esos objetivos que teníamos. Pero básicamente lo que nos salvó era querer llegar hasta nuestras familias, a nuestros seres queridos.
- ¿Sienten que lograron vencer a la naturaleza?
- Yo te diría que no, no la vencimos sino que la conocimos y aprendimos mucho de ella, de esa naturaleza además brutal y salvaje, utilizando mucho de las cosas que nos fue dando.
- Usted fue rescatado del alud, demostración de esa naturaleza brutal que se les presentó en la montaña y que lograron vencer…
- Es como dice (Roberto) Canessa, era como una especie de laboratorio de prueba, éramos como unos cobayos que nos iban probando. Nos tiraron, nos dejaron sin agua, sin comida, sin abrigo, íbamos resolviendo las cosas, inventando y buscando soluciones, y cuando ya estábamos más o menos organizados y empezó a funcionar esa sociedad de la nieve, la avalancha nos tapó, destruyó todo lo que habíamos hecho, mató a muchos, a mí casi me mató también, en un momento pensé que estaba muerto, pero al final me destaparon, volví a respirar y a la vida. Así que fue una prueba y una creatividad continua, imaginándose y creando cosas. Pero por sobre todo, dominar la mente, no deprimirse, no venirse abajo.
- Cuando salieron a buscar ayuda Fernando Parrado, Canessa …
- Sí, los tres que salieron, después volvió (Antonio) Vizintin…
- ¿Pensaron que era en vano o que había razones para tener esperanzas?
- Teníamos muchas esperanzas puestas en ellos, era la última esperanza, pero a la vez me acuerdo ese momento en que nos despedimos y empezaron a alejarse, también surgieron dudas cuando veíamos esa mole, una pared enorme de hielo, nieve y roca.
- ¿Qué fue primero, sentir el motor de los helicópteros o verlos a la distancia?
- Lo primero que sentimos fue cuando Daniel Fernández, mi primo, que escuchaba la radio todos los días, había escuchado noticias con interferencia que nombraron a Canessa y a Parrado, pero no nos dábamos cuenta lo que estaban diciendo porque se oía muy poco claro. Siempre lo cuento porque me acuerdo del instante que para mí fue la confirmación, de repente empezó a sonar en forma totalmente nítida el Ave María de Bach en una radio chilena, esa fue para mí la confirmación de que habían llegado a la civilización, y al poco rato ya oímos la noticia más clara de que eran dos de los sobrevivientes de Los Andes y como a las tres o cuatro horas se empezaron a sentir eso que nos habíamos imaginado tantas veces…
- ¿Cómo vivieron esa ansiedad desde que confirmaron por la radio que habían llegado y la espera del rescate?
- Era tal la alegría y la euforia que ni nos dimos cuenta. Escuchamos la noticia como a las 8 de la mañana y los helicópteros llegaron como a las 2 de la tarde. Si me preguntás esa sensación de tiempo, para mí fueron instantes…
- ¿Qué sintieron cuando bajaron de la montaña y fueron recibidos como héroes? Recuerdo haber visto a todos en fotos tomando Fanta.
- Bueno, comimos y tomamos todo lo que estaba ahí al alcance, yo empecé por comer los tréboles que estaban en el pasto apenas bajamos y ahí seguí comiendo todo lo que me fueron ofreciendo y tomando cualquier cosa. Al principio quedamos muy sorprendidos, estábamos muy desconectados de la realidad, no entendíamos qué hacía toda esa gente y todas esas cámaras en la mitad de la montaña filmándonos, haciéndonos preguntas, pensamos que había pasado algo cerca de ese lugar y por eso estaban los periodistas. Bueno, fue todo un estado de felicidad absoluta y creo que duró 10 o 15 días de felicidad total. Pero al menos yo no me daba mucho cuenta de lo que estábamos viviendo, además tenía esa necesidad de encontrarme con los viejos y mis hermanos, no nos dábamos cuenta de la magnitud de lo que habíamos vivido ni que la gente nos estaba viendo como a héroes, nunca nos consideramos héroes, pero la gente sí, algunas personas nos siguen considerando héroes pero en realidad somos seres humanos que pusimos a funcionar nuestras capacidades para llegar a nuestras familias.
- Mientras lo escuchaba me vino la imagen del Maracaná, otro hito en nuestro país. Si bien no se consideran héroes al menos si un referente sobre lo que logra la capacidad humana para sobrevivir.
- Eso sí, sin duda porque fue un hecho que marcó la historia del Uruguay y en el mundo. En todas partes del mundo cuando me encuentro con alguien, la gente se acuerda como cuando cayeron las Torres Gemelas o como cuando mataron a Kennedy, “ah, yo estaba en ese momento en tal lugar”, son esas noticias que le quedan grabadas a la gente muy claramente. A los uruguayos ni qué hablar.
- ¿Qué queda en el corazón 40 años después?
- Quedan cosas muy lindas, por suerte. Todo lo duro, triste y amargo fue quedando atrás pero está ahí latente, tapado. Todo lo que hemos vivido, todos los gestos de solidaridad, perseverancia, de amor entre nosotros, de amor a la vida, a la familia que por ellas salimos de la montaña, para regresar a nuestras familias luego de todo el sacrificio que hicimos y de soportar todo lo que tuvimos que soportar. Esos momentos de plenitud con esa montaña magnífica, en silencio, sin interferencia de la civilización…
- ¿Qué dejó en la montaña?
- En la montaña dejé parte de mí que no pretendo traerla nunca. Siempre digo y siento que me quedó como un cordón umbilical que llega hasta la montaña de donde me sigo nutriendo, han quedado todas esas experiencias tan difíciles de transmitir, de emociones tan fuertes, se quedaron nuestros mejores amigos que murieron al lado nuestro y quedaron allí… (se emociona) pero a la vez he traído mucho también de la montaña.
- Esa conexión lo hace volver, ya ha ido en 13 oportunidades.
- Exactamente…
- ¿Qué busca?
- Muchas cosas, una de ellas es no olvidarme de todo eso que aprendí. Voy a llorar a mis amigos que murieron que en aquel momento no pudimos hacer luto porque había que seguir viviendo y no podías deprimirte ni gastar energía, había que seguir para adelante. Voy a mostrarles a mis hijos, a mi familia y a mis amigos el lugar donde pasé esa experiencia para que puedan entender un poco más lo que viví. Voy a acercarme a esos momentos de meditación que tuve espontánea en ese lugar porque aquí nunca más lo pude lograr. Así que voy por muchos motivos.
- Pasaron 40 años pero veo que se sigue emocionando cuando habla de lo que pasó.
- Sí, así es. Es fantástico, es justamente uno de los capítulos de mi libro, entre otras cosas lo relativo del tiempo, ¿es mucho, es poco? Para algunas cosas era mucho y para otras era poco. Esto me impresiona, llevo 40 años y en muchos aspectos es como si hubiera sido ayer.
- Cuando hoy ve a nuestra juventud y se retrotrae 40 años, ¿qué diferencias ve?
- En algunos aspectos veo paralelismos pero en otros hay mucha diferencia. La juventud de hoy corre por sendas equivocadas buscando la felicidad en la vida por caminos donde no la va a encontrar. Todo ese consumismo desenfrenado, esa desesperación por comprar, cambiar y tener el mejor modelo de esto y de lo otro, eso lo tengo muy claro que no es la manera de ser feliz. La juventud de hoy es de usar y tirar rápido, nadie se quiere comprometer con nada, esa es una de las diferencias que noto con la juventud que tuvimos.
- Sus hijos conocen su historia, ¿qué le han dicho?
- Nunca me han dicho nada directamente, ni creo que pueda hacer una síntesis, pero a alguno de ellos los he escuchado decir que han tomado muchas de las cosas que he intentado transmitirles desde siempre. Una de ellas es justamente la de no correr detrás del consumismo porque no se llega a ningún lado, de la importancia de la naturaleza y estar en contacto con ella para poder así hacer algo que en esta sociedad moderna casi todo el mundo le tiene miedo, encontrarse con uno mismo.

«Algunas personas nos siguen considerando héroes pero en realidad somos seres humanos que pusimos a funcionar nuestras capacidades para llegar a nuestras familias”

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En el marco del “Ciclo de presentación de libros de autores uruguayos” organizado por EL PUEBLO y Random House Mondadori, este jueves estuvo en Salto Eduardo Strauch, uno de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes para presentar en el Ateneo su libro “Desde el silencio. Cuarenta años después”. Minutos antes dialogó con EL PUEBLO.

– ¿Siente que forma parte de una sociedad especial, como diría Pablo Vierci en su libro “La sociedad de la nieve”?

– Sí, sin duda que sí. Todos participamos, pero te diría que los dieciséis que volvimos evidentemente formamos parte de una sociedad que tenemos algo distinto al resto de la gente. Tenemos una experiencia única de una tremenda magnitud, así que considero que sí.

– Leyendo a Antonio Mercader, que estuvo muy cerca de ustedes desde que bajaron de la montaña, destacó que sobrevivieron porque eran uruguayos.

– Me acuerdo muy bien de lo que decía Mercader. Pienso que si, fue uno de los elementos que nos ayudó a lograr lo que logramos. Otro que fue muy importante fue la educación que teníamos, éramos casi todos universitarios, esa para mí fue una de las claves, el tener conocimiento de cosas y haber podido inventar todo lo que inventamos, elementos para subsistir, para sobrevivir y haber podido organizar esa sociedad de la nada siendo chiquilines, porque el mayor de nosotros tenía 25 años, y los menores tenían 18. Así que pienso que la educación fue muy importante. Claro que también contó que éramos jóvenes y casi todos deportistas, así que la parte física ayudó también. Pero si, el ser uruguayos ayudó.

– Luego que se enteraron que no iban a ser rescatados, ¿cómo fue enfrentar ese día a día para seguir viviendo?

– Escuchamos que habían abandonado la búsqueda, ese momento fue terrible, oír eso fue sentirnos abandonados en esa situación tan difícil en la que estábamos. Nos sentimos desamparados totalmente, pero rápidamente sentimos como una fuerza interior, ya habíamos empezado a tomar conciencia de las capacidades que tenemos los seres humanos y que no se había manifestado hasta ese momento, recuerdo que sentí muy bien eso, y también una sensación como que de esto yo voy a salir, me voy a vengar, aunque no nos vengan a buscar vamos a salir por nuestros propios medios. Así que en vez de achicarnos y deprimirnos, casi todos agarramos más fuerza.

– ¿De dónde salía esa rebeldía?

– Evidentemente salía de ser jóvenes, de haber recién empezado a vivir, teníamos montones de proyectos de vida y era desesperante, íbamos a luchar hasta el último momento para poder lograr todos esos objetivos que teníamos. Pero básicamente lo que nos salvó era querer llegar hasta nuestras familias, a nuestros seres queridos.

– ¿Sienten que lograron vencer a la naturaleza?

– Yo te diría que no, no la vencimos sino que la conocimos y aprendimos mucho de ella, de esa naturaleza además brutal y salvaje, utilizando mucho de las cosas que nos fue dando.

– Usted fue rescatado del alud, demostración de esa naturaleza brutal que se les presentó en la montaña y que lograron vencer…

– Es como dice (Roberto) Canessa, era como una especie de laboratorio de prueba, éramos como unos cobayos que nos iban probando. Nos tiraron, nos dejaron sin agua, sin comida, sin abrigo, íbamos resolviendo las cosas, inventando y buscando soluciones, y cuando ya estábamos más o menos organizados y empezó a funcionar esa sociedad de la nieve, la avalancha nos tapó, destruyó todo lo que habíamos hecho, mató a muchos, a mí casi me mató también, en un momento pensé que estaba muerto, pero al final me destaparon, volví a respirar y a la vida. Así que fue una prueba y una creatividad continua, imaginándose y creando cosas. Pero por sobre todo, dominar la mente, no deprimirse, no venirse abajo.

– Cuando salieron a buscar ayuda Fernando Parrado, Canessa …

– Sí, los tres que salieron, después volvió (Antonio) Vizintin…

– ¿Pensaron que era en vano o que había razones para tener esperanzas?

– Teníamos muchas esperanzas puestas en ellos, era la última esperanza, pero a la vez me acuerdo ese momento en que nos despedimos y empezaron a alejarse, también surgieron dudas cuando veíamos esa mole, una pared enorme de hielo, nieve y roca.

– ¿Qué fue primero, sentir el motor de los helicópteros o verlos a la distancia?

– Lo primero que sentimos fue cuando Daniel Fernández, mi primo, que escuchaba la radio todos los días, había escuchado noticias con interferencia que nombraron a Canessa y a Parrado, pero no nos dábamos cuenta lo que estaban diciendo porque se oía muy poco claro. Siempre lo cuento porque me acuerdo del instante que para mí fue la confirmación, de repente empezó a sonar en forma totalmente nítida el Ave María de Bach en una radio chilena, esa fue para mí la confirmación de que habían llegado a la civilización, y al poco rato ya oímos la noticia más clara de que eran dos de los sobrevivientes de Los Andes y como a las tres o cuatro horas se empezaron a sentir eso que nos habíamos imaginado tantas veces…

– ¿Cómo vivieron esa ansiedad desde que confirmaron por la radio que habían llegado y la espera del rescate?

– Era tal la alegría y la euforia que ni nos dimos cuenta. Escuchamos la noticia como a las 8 de la mañana y los helicópteros llegaron como a las 2 de la tarde. Si me preguntás esa sensación de tiempo, para mí fueron instantes…

– ¿Qué sintieron cuando bajaron de la montaña y fueron recibidos como héroes? Recuerdo haber visto a todos en fotos tomando Fanta.

– Bueno, comimos y tomamos todo lo que estaba ahí al alcance, yo empecé por comer los tréboles que estaban en el pasto apenas bajamos y ahí seguí comiendo todo lo que me fueron ofreciendo y tomando cualquier cosa. Al principio quedamos muy sorprendidos, estábamos muy desconectados de la realidad, no entendíamos qué hacía toda esa gente y todas esas cámaras en la mitad de la montaña filmándonos, haciéndonos preguntas, pensamos que había pasado algo cerca de ese lugar y por eso estaban los periodistas. Bueno, fue todo un estado de felicidad absoluta y creo que duró 10 o 15 días de felicidad total. Pero al menos yo no me daba mucho cuenta de lo que estábamos viviendo, además tenía esa necesidad de encontrarme con los viejos y mis hermanos, no nos dábamos cuenta de la magnitud de lo que habíamos vivido ni que la gente nos estaba viendo como a héroes, nunca nos consideramos héroes, pero la gente sí, algunas personas nos siguen considerando héroes pero en realidad somos seres humanos que pusimos a funcionar nuestras capacidades para llegar a nuestras familias.

– Mientras lo escuchaba me vino la imagen del Maracaná, otro hito en nuestro país. Si bien no se consideran héroes al menos si un referente sobre lo que logra la capacidad humana para sobrevivir.

– Eso sí, sin duda porque fue un hecho que marcó la historia del Uruguay y en el mundo. En todas partes del mundo cuando me encuentro con alguien, la gente se acuerda como cuando cayeron las Torres Gemelas o como cuando mataron a Kennedy, “ah, yo estaba en ese momento en tal lugar”, son esas noticias que le quedan grabadas a la gente muy claramente. A los uruguayos ni qué hablar.

– ¿Qué queda en el corazón 40 años después?

– Quedan cosas muy lindas, por suerte. Todo lo duro, triste y amargo fue quedando atrás pero está ahí latente, tapado. Todo lo que hemos vivido, todos los gestos de solidaridad, perseverancia, de amor entre nosotros, de amor a la vida, a la familia que por ellas salimos de la montaña, para regresar a nuestras familias luego de todo el sacrificio que hicimos y de soportar todo lo que tuvimos que soportar. Esos momentos de plenitud con esa montaña magnífica, en silencio, sin interferencia de la civilización…

– ¿Qué dejó en la montaña?

– En la montaña dejé parte de mí que no pretendo traerla nunca. Siempre digo y siento que me quedó como un cordón umbilical que llega hasta la montaña de donde me sigo nutriendo, han quedado todas esas experiencias tan difíciles de transmitir, de emociones tan fuertes, se quedaron nuestros mejores amigos que murieron al lado nuestro y quedaron allí… (se emociona) pero a la vez he traído mucho también de la montaña.

– Esa conexión lo hace volver, ya ha ido en 13 oportunidades.

– Exactamente…

– ¿Qué busca?

– Muchas cosas, una de ellas es no olvidarme de todo eso que aprendí. Voy a llorar a mis amigos que murieron que en aquel momento no pudimos hacer luto porque había que seguir viviendo y no podías deprimirte ni gastar energía, había que seguir para adelante. Voy a mostrarles a mis hijos, a mi familia y a mis amigos el lugar donde pasé esa experiencia para que puedan entender un poco más lo que viví. Voy a acercarme a esos momentos de meditación que tuve espontánea en ese lugar porque aquí nunca más lo pude lograr. Así que voy por muchos motivos.

– Pasaron 40 años pero veo que se sigue emocionando cuando habla de lo que pasó.

– Sí, así es. Es fantástico, es justamente uno de los capítulos de mi libro, entre otras cosas lo relativo del tiempo, ¿es mucho, es poco? Para algunas cosas era mucho y para otras era poco. Esto me impresiona, llevo 40 años y en muchos aspectos es como si hubiera sido ayer.

– Cuando hoy ve a nuestra juventud y se retrotrae 40 años, ¿qué diferencias ve?

– En algunos aspectos veo paralelismos pero en otros hay mucha diferencia. La juventud de hoy corre por sendas equivocadas buscando la felicidad en la vida por caminos donde no la va a encontrar. Todo ese consumismo desenfrenado, esa desesperación por comprar, cambiar y tener el mejor modelo de esto y de lo otro, eso lo tengo muy claro que no es la manera de ser feliz. La juventud de hoy es de usar y tirar rápido, nadie se quiere comprometer con nada, esa es una de las diferencias que noto con la juventud que tuvimos.

– Sus hijos conocen su historia, ¿qué le han dicho?

– Nunca me han dicho nada directamente, ni creo que pueda hacer una síntesis, pero a alguno de ellos los he escuchado decir que han tomado muchas de las cosas que he intentado transmitirles desde siempre. Una de ellas es justamente la de no correr detrás del consumismo porque no se llega a ningún lado, de la importancia de la naturaleza y estar en contacto con ella para poder así hacer algo que en esta sociedad moderna casi todo el mundo le tiene miedo, encontrarse con uno mismo.

Perfil de Eduardo Strauch
Es casado, tiene 5 hijos. Es del signo de Leo. De chiquito quería ser arquitecto. Es hincha de Nacional. ¿Asignatura pendiente?
Tengo un montón de proyectos, ahora empecé a pintar, desearía tener más tiempo para seguir dando conferencias por el mundo y ser buen músico.
¿Un libro? Desde el silencio.
¿Una película? El gatopardo.
¿Un hobby? La pintura, la jardinería, andar a caballo.
¿Qué le gusta de la gente? La sinceridad, la espontaneidad y valoro y disfruto mucho la inteligencia.
¿Qué no le gusta de la gente? El cinismo y la ingratitud.