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Un testimonio que nos reafirma el valor de la vida

Lo que todos los sábados procuramos en este espacio es dar a conocer testimonios de los jóvenes de nuestra ciudad y de nuestra región, historias que en menor o mayor medida nos dejan una enseñanza, pudiendo comprobar que tenemos en nuestra comunidad pequeños grandes valores  de los cuales esperamos que sean constructores de una sociedad más digna y justa.
Débora Patricia Sosa (21)  prácticamente desde que nació estuvo luchando por su vida que transcurrió en hospitales y en diálisis hasta que finalmente pudo ser trasplantada de un riñón.
Hoy, luego de una lucha sin cuartel en la que felizmente contó con el apoyo incondicional de su familia  -y en especial de su madre que no se separó de ella ni un instante  – la heroína de esta historia real ha logrado una calidad de vida que le ha permitido terminar sus estudios y comenzar con su etapa universitaria.
A lo largo de toda la entrevista fue imposible separar la emoción que brotaba a flor de piel, de cada tramo de su historia que nos confió la joven nacida en el pueblo de Laureles, aproximadamente 40 km al este de Salto.
Con apenas ocho meses de vida le descubrieron tumores en los riñones.
Los médicos primeramente intentaron reducir los mismos con quimioterapia y al no obtener los resultados esperados, debieron intervenirla quirúrgicamente, extirparle un riñón y dejarle solamente una porción del otro.
La quimioterapia fue tan invasiva que fue deteriorando esa porción que restaba y Patricia debió ser dializada tres veces por semana, esperando lograr el trasplante.
Los viajes a Montevideo eran largos y extenuantes… «Vivía prácticamente en el ómnibus» – recordó la joven.
- ¿Cómo fue sobrellevando la enfermedad?
- «A medida que fue creciendo se fue haciendo más difícil… luego de la diálisis no tenía ganas de nada y sentía que me iba a desmayar.»
- ¿Hubo momentos en que sintió que debía bajar los brazos?
- «Recuerdo un día en que me encerré en el baño de la diálisis. No quería salir… me sentía mal y sin fuerzas… se me había abierto la fístula en el brazo y me salía mucha sangre».
Ese día gracias al apoyo de su madre y una enfermera, volvió a la lucha por sobrevivir.
Al cabo de dos años, llegó el riñón para finalmente concretar el trasplante.
El tan ansiado llamado llegó a pueblo Laureles, cerca del mediodía y hubo que moverse rápidamente para viajar sin demora a la capital del país. Para ese entonces Débora Patricia había cumplido los once años.
EL ESPERADO LLAMADO PARA EL TRASPLANTE:
ESE FUE EL VIAJE MÁS
LARGO DE MI VIDA»
- ¿Qué sintió cuando finalmente llegó el llamado que esperaba?
- «Un inmenso alivio… siempre dormía en todos los viajes pero particularmente ese fue el más largo de mi vida.
No sentí ningún temor de enfrentar otra cirugía.
La Dra. Martha Nesse fue quien me operó… cuando me desperté me sentí bien y me fui recuperando muy rápido, porque el riñón era totalmente compatible».
El protocolo del trasplante por ética no revela al paciente los datos de su donante, si bien Patricia y su entorno desearían  agradecer en persona a los familiares de quien permitió que esta joven tuviera una oportunidad de sobrevivir.
Considera que la donación de órganos es un acto altruista y necesario para poder dar vida a otros, una forma de seguir viviendo a través de otra persona.
UNA NUEVA VIDA Y
EL DESEO DE
SEGUIR UNA
CARRERA PROFESIONAL
Débora Patricia hace una vida normal, si bien debe tomar una medicación de por vida para controlar el buen funcionamiento del riñón… cada tres meses concurre al Hospital de Clínicas para realizarse los controles.
Debido a su enfermedad perdió dos años en el período escolar… pero luego con dedicación y lucha constante pudo culminar el liceo.
Una prueba más tuvo que vivir… una pancreatitis la llevó a estar grave pero gracias a Dios logró recuperarse una vez más.
Tal vez su propia experiencia la hizo descubrir su vocación y ha decidido hacer la carrera de partera que le demandará cuatro años de estudio.
Como es de carácter binacional, este año se instalará en Concepción del Uruguay; los cuatro años son intercalados entre Paysandú y la mencionada ciudad entrerriana.
La impactante experiencia que le ha tocado vivir a Patricia, la ha llevado a tener una gran valoración por la vida.
«Por eso no puedo entender cuando en la costa veo a jóvenes prácticamente desmayados por consumir tanto alcohol, no toman conciencia del verdadero significado de la vida.
Lo mismo sucede con la voluntad de estudiar y tener proyectos.
Hay gente que en verdad tiene problemas graves, sin embargo la están luchando.»  – trae a la reflexión nuestra entrevistada.
- ¿Cómo se encuentra ahora para afrontar esta nueva etapa universitaria?
-»Con mucha expectativa… voy con una compañera que va a hacer la misma carrera.
La idea es poder venir los fines de semana.
Supongo que van a hacer difíciles los primeros meses».
- ¿Y cómo vive el hecho de ser joven?
-»Sin dudas tengo que aprovechar cada momento de mi vida…  hay que ponerle fuerzas para salir adelante cuando hay dificultades.
Cada uno de nosotros debemos asumir responsabilidades».
María Fernanda Ferreira

Lo que todos los sábados procuramos en este espacio es dar a conocer testimonios de los jóvenes de nuestra ciudad y de nuestra región, historias que en menor o mayor medida nos dejan una enseñanza, pudiendo comprobar que tenemos en nuestra comunidad pequeños grandes valores  de los cuales esperamos que sean constructores de una sociedad más digna y justa.

Débora Patricia Sosa (21)  prácticamente desde que nació estuvo luchando por su vida que transcurrió en hospitales y en diálisissoyjoven001 hasta que finalmente pudo ser trasplantada de un riñón.

Hoy, luego de una lucha sin cuartel en la que felizmente contó con el apoyo incondicional de su familia  -y en especial de su madre que no se separó de ella ni un instante  – la heroína de esta historia real ha logrado una calidad de vida que le ha permitido terminar sus estudios y comenzar con su etapa universitaria.

A lo largo de toda la entrevista fue imposible separar la emoción que brotaba a flor de piel, de cada tramo de su historia que nos confió la joven nacida en el pueblo de Laureles, aproximadamente 40 km al este de Salto.

Con apenas ocho meses de vida le descubrieron tumores en los riñones.

Los médicos primeramente intentaron reducir los mismos con quimioterapia y al no obtener los resultados esperados, debieron intervenirla quirúrgicamente, extirparle un riñón y dejarle solamente una porción del otro.

La quimioterapia fue tan invasiva que fue deteriorando esa porción que restaba y Patricia debió ser dializada tres veces por semana, esperando lograr el trasplante.

Los viajes a Montevideo eran largos y extenuantes… «Vivía prácticamente en el ómnibus» – recordó la joven.

- ¿Cómo fue sobrellevando la enfermedad?

– «A medida que fue creciendo se fue haciendo más difícil… luego de la diálisis no tenía ganas de nada y sentía que me iba a desmayar.»

- ¿Hubo momentos en que sintió que debía bajar los brazos?

– «Recuerdo un día en que me encerré en el baño de la diálisis. No quería salir… me sentía mal y sin fuerzas… se me había abierto la fístula en el brazo y me salía mucha sangre».

Ese día gracias al apoyo de su madre y una enfermera, volvió a la lucha por sobrevivir.

Al cabo de dos años, llegó el riñón para finalmente concretar el trasplante.

El tan ansiado llamado llegó a pueblo Laureles, cerca del mediodía y hubo que moverse rápidamente para viajar sin demora a la capital del país. Para ese entonces Débora Patricia había cumplido los once años.

EL ESPERADO LLAMADO PARA EL TRASPLANTE: ESE FUE EL VIAJE MÁS LARGO DE MI VIDA»

- ¿Qué sintió cuando finalmente llegó el llamado que esperaba?

– «Un inmenso alivio… siempre dormía en todos los viajes pero particularmente ese fue el más largo de mi vida.

No sentí ningún temor de enfrentar otra cirugía.

La Dra. Martha Nesse fue quien me operó… cuando me desperté me sentí bien y me fui recuperando muy rápido, porque el riñón era totalmente compatible».

El protocolo del trasplante por ética no revela al paciente los datos de su donante, si bien Patricia y su entorno desearían  agradecer en persona a los familiares de quien permitió que esta joven tuviera una oportunidad de sobrevivir.

Considera que la donación de órganos es un acto altruista y necesario para poder dar vida a otros, una forma de seguir viviendo a través de otra persona.

UNA NUEVA VIDA Y EL DESEO DE SEGUIR UNA CARRERA PROFESIONAL

Débora Patricia hace una vida normal, si bien debe tomar una medicación de por vida para controlar el buen funcionamiento del riñón… cada tres meses concurre al Hospital de Clínicas para realizarse los controles.

Debido a su enfermedad perdió dos años en el período escolar… pero luego con dedicación y lucha constante pudo culminar el liceo.

Una prueba más tuvo que vivir… una pancreatitis la llevó a estar grave pero gracias a Dios logró recuperarse una vez más.

Tal vez su propia experiencia la hizo descubrir su vocación y ha decidido hacer la carrera de partera que le demandará cuatro años de estudio.

Como es de carácter binacional, este año se instalará en Concepción del Uruguay; los cuatro años son intercalados entre Paysandú y la mencionada ciudad entrerriana.

La impactante experiencia que le ha tocado vivir a Patricia, la ha llevado a tener una gran valoración por la vida.

«Por eso no puedo entender cuando en la costa veo a jóvenes prácticamente desmayados por consumir tanto alcohol, no toman conciencia del verdadero significado de la vida.

Lo mismo sucede con la voluntad de estudiar y tener proyectos.

Hay gente que en verdad tiene problemas graves, sin embargo la están luchando.»  – trae a la reflexión nuestra entrevistada.

- ¿Cómo se encuentra ahora para afrontar esta nueva etapa universitaria?

-»Con mucha expectativa… voy con una compañera que va a hacer la misma carrera.

La idea es poder venir los fines de semana.

Supongo que van a hacer difíciles los primeros meses».

- ¿Y cómo vive el hecho de ser joven?

-»Sin dudas tengo que aprovechar cada momento de mi vida…  hay que ponerle fuerzas para salir adelante cuando hay dificultades.

Cada uno de nosotros debemos asumir responsabilidades».

María Fernanda Ferreira