Una curiosidad: “El boyero-Cuentos Infantiles”, del Dr. Luis María Estevez

En estos días llegó a nuestras manos un libro cercano y desconocido. Cercano, porque el autor es un distinguido salteño: el Dr. Luis María Estevez. Desconocido, porque no teníamos conocimiento de que se hubiese publicado, póstumamente, un libro suyo con cuentos para niños. Sabíamos de él que había nacido en 1933 y que era autor de un libro de ensayos titulado “Dialéctica de mis tristezas”, poco más.
Reconocemos la ignorancia. El libro del que ahora hablamos se titula “El boyero”, título al que agrega: “Cuentos Infantiles…”. Contiene 92 páginas y 36 cuentos, que en el índice (no así en su interior) se dividen en dos secciones de 18 cuentos cada una, llamadas “De túnica y moño azul” y “De pantaloncitos cortos”.
Es llamativo que en ninguna parte del libro figure editorial ni fecha de publicación. Respecto a la fecha, se plantea la siguiente disyuntiva: en la tapa se lee “Salto, 1994”, pero su autor falleció en 1998, por lo que entonces no sería “póstuma obra inédita” como se la considera en contratapa. Valdría suponer, por tanto, que 1994 sea el año en que Estevez compuso estos textos y que el libro fuera publicado en 2008, ya que también en contratapa se lee: “Al cumplirse 10 años de su fallecimiento, en el año 2008 su familia desea agradecer a sus compañeros de Perfiles de Salto, que siempre lo acompañaron, lo estimularon en esa gran pasión que fue escribir, un gran desahogo para su alma. Dedicándoles a sus amigos estas dos póstumas obras inéditas. Gaspar, el peregrino y El boyero, cuentos infantiles. En su nombre gracias a todos”.
También cabe preguntarse. ¿Por qué dice “estas dos póstumas obras”? Es que la otra, “Gaspar, el peregrino”, ¿se publicó de forma independiente en otro ejemplar? Realmente desconocemos.
Antes del primer cuento se lee: “Dr. Luis María Estevez Grilli, 11/06/1933 – 18/09/1998. …Hombre, hijo, esposo, padre, abuelo, amigo… Gracias abuelo Luis: Tus nietos Gerónimo, Santiago, Alfonsina, Yací, Florencia y Romina”, al tiempo que expresa: “Agradecemos la gentil corrección de la maestra María Alicia Sellanes Laforcada”.
-Los siguientes, La oveja negra y El sapo Cururú, son dos de los más breves cuentos del libro. Los compartimos como celebración de nuestro hallazgo.
LA OVEJA NEGRA
Y así por las laderas de los cerros en caminos de polvo y greda amarilla iba el pastor trashumante, buscando nuevas pasturas a distancias lejanas.
Su perro de pelos largos y el bastón hecho de una rama larga y derecha.
Toda una imagen bíblica, todas juntas enfiladas con dos o tres carneros detrás, justo en la nochecita se formaba el fuego para hacer la carneada de una oveja vieja y descarriada…
Miles de años los hombres comieron de las descarriadas ovejas que no obedecían al mando, ni al perro, ni a la vara del buen pastor…
He ahí, tal vez, sin que lo podamos probar que se generó la bondad de los ovinos y sus hijos: los corderos.
Raza noble que nos da su lana, su carne, su leche y hasta el abrigo del invierno, sin pedirnos nada a cambio.
Solo una, la negra que me hace acordar a mi hermano menor, el que disgustó a mamá yéndose lejos, a vivir en las noches, terminando como todas ellas: cuando no las mata el pastor, las matan los lobos o perros hambrientos.
Así cayó mi hermano bajo una puñalada en noche de dársenas en puertos lejanos…
EL SAPO CURURÚ
¿Habrá “bicho” más zonzo que el sapo grande llamado Cururú?
De día vive escondido entre las plantas bajo las grandes hojas bien en la sombra y solo de noche sale a buscar comida y caminar; es un dicho pues son saltos; y mira en la oscuridad con sus ojos grandes y el movimiento de su garganta…
Si llueve demuestra alegría con su croar de sapo verde oscuro parecido a una piedra musgosa.
-Se para en medio de la carretera y mira venírsele encima las luces de los autos. Ni se mueve y así a saltitos busca insectos y babosas o caracoles nocturnos…Esa es su gran utilidad.
Pero qué zonzos lo son. Vivir así toda su vida como un delincuente sin serlo…
Solo en la oscuridad de la noche se sienten protegidos y se reproducen en más sapos más grandes y más zonzos.
Solo sustos nos dan saliendo detrás nuestro de golpe bajo un árbol donde descansamos tranquilos.
-¿Los vieron? Es solo ver uno y no lo olvidan jamás. Sus cachetes inflándose y mirándonos…
Limpian los jardines sí, pero saben ensuciarlos también.
-Mira Jaimito, allí lo iluminé con mis focos… Voló… Era una lechuuza nocturna.
-Me parece, Abel, que vos sos más zonzo que un sapo Cururú…Volar…Dios lo hizo zonzo y a ti grande, pues zonzo te hiciste solo, solito.
ACLARACIÓN
En la edición de EL PUEBLO del sábado 1º de agosto, apareció un cuento de mi autoría. Titulado “Aroma” y dedicado “A Estela Rodríguez Lisasola”, ocupó la columna en la que semanalmente publica textos el “Grupo Literario Horacio Quiroga”. Por error, seguro que involuntario y no importa de quién, fue publicado con la firma de Amado Dubarry, apreciado amigo y escritor salteño. Queda hecha la aclaración.