Una enfermedad que no puede escapar al control

La existencia de grupos radicales en toda sociedad ha sido siempre una constante y Uruguay no escapa a esa realidad. Lo que importa es cuanto de enferma puede estar una sociedad para que la acciones y la ideología de estos grupos pueda prosperar y multiplicarse. De eso se trata.
La policía capitalina tiene la convicción – pruebas aún no – de la existencia de grupos radicales que vieron en la última caravana deportiva la “oportunidad” para poner en práctica sus acciones.
Con esto no estamos eximiendo de culpabilidad a otros vándalos que también suelen aprovechar oportunidades como ésta para manifestarse.
De todas formas, el rechazo generalizado que promueven estas acciones de toda la sociedad uruguaya, es una muestra de que realmente se trata de una “enfermedad” controlada.
Felizmente su incidencia, salvo en algunos puntos identificados, es ínfima, porque felizmente la mayoría de los uruguayos, incluidos los adolescentes y jóvenes, siguen desechando este tipo de acciones vandálicas.
La policía tiene identificados a tres grupos radicales en el país, pero pueden haber más, incluso en alguna ocasión se ha investigado y desbaratado al menos parcialmente a grupos nazis que se manifiestan por Internet. Son los que no admiten normas de convivencia pacífica y sólo aguardan condiciones que consideran apropiadas para tratar de manifestarse, rompiendo, destrozando y mostrando que en realidad tienen un gran odio hacia la sociedad.
Aún cuando alguien pudiera compartir su posición ideológica, de rechazo a muchas de las normas existentes en la comunidad, es inadmisible que este rechazo o esta oposición se canalice en las acciones de violencia que se ponen de manifiesto.
Los grupos radicales, de acciones extremas o también llamados extremistas, no tienen lugar – como tales – en nuestra sociedad. Esto no significa que no se puedan expresar y debatir pacíficamente y dentro de los límites que marca una sociedad civilizada, con sus leyes y sus normas en cada caso.
Significa que la existencia de estos grupos radicales, generalmente con conexiones internacionales debe estar siempre bajo control y la permanente vigilancia de las fuerzas de seguridad, pero lo más importante es que también la sociedad en su conjunto esté dispuesta siempre a mostrarle su rechazo, dejándoles claro que nada tiene que ver este tipo de manifestaciones con nuestro pueblo.
Así las cosas, esperemos que los hechos vandálicos registrados en la noche del martes último, queden debidamente aclarados.