Una pesadilla de nombre selección

De por lo menos 10 años a esta parte, el promedio de venta de entradas que generan las selecciones salteñas de Salto, NO superan el millar cuando afrontan de local en el Parque Ernesto Dickinson. Insólito no deja de ser, que en juegos de semifinales, el expendió no va más allá de la frontera de 800 boletos. En tanto, a esa altura de las circunstancias o del mes en el año, la mayoría de los clubes de la “A” transitan por tiempos de pretemporada y desde no pocas áreas, se acumulan palpitaciones respecto a “cuando quedará eliminada la selección, para que se inicie el fútbol local”.
Si el combinado resignase el avance a las etapas de decisión, todo se asemeja un retorno del alma al cuerpo. O a un alivio de carácter colectivo: ¡ahora si podemos arrancar!
De lo que no hay dudas que es la resonancia de las selecciones en los últimos años para algunos, se ha convertido en perceptible pesadilla, lejos del disfrute y la pasión. La selección se transforma en fuerza opositora a todo lo que implica el fútbol doméstico y hay quienes la han convertido en un adversario no tan en tinieblas. Puede sonar a descabellado, pero simplemente es así.
El hecho es que los combinados suelen responder al interés de las minorías. Las mayorías balconean el final del ciclo. y una vez que ello ocurra, los pulmones se desagotan.
Vuelven a respirar, en pretendido y finalmente alcanzado objetivo. ¡El objetivo de la selección eliminada! Aunque cueste admitirlo, no existe otra verdad que esa verdad.