Universitario 1 Nacional 0. El principio de la madurez

Porque Universitario ganó, sobre todo por eso: por el principio de madurez que este equipo reveló. Porque en el segundo tiempo, no fue el Universitario portador de estrategia sustanciosa, con fútbol elaborado y poder de llegada. No la tuvo.
Pero sin embargo, fue experto para defender. Para ejercer controles claves, a tal punto que a Nacional le costó siempre. Sobre todo en la recta final, con el equipo de Ramón Romero cargado de desventuras. Lejos del fútbol que se tiende sobre la razón del peso individual y la esencia colectiva. Ese Nacional, fue faltante en la cita.
Para colmo de males en los 21′ del segundo tiempo, el penal sancionado por Walter Araújo, deriva en la ejecución de Juan Darío Rondán. La pelota se desvió sobre la base del palo derecho de Diego Burgos.
Nacional sintió el impacto. Directo al corazón. La parálisis táctica del equipo, más allá del hombre de más porque Matías Flores se fue expulsado, cuando el árbitro interpretó que hubo intencionalidad en esa pelota rebotada que iba con destino de arco.
PERO EL HECHO REAL…
Es que Universitario justifica la imposición, por el nivel de producción general en el primer tiempo, donde no solo llega al gol por Facundo Granja a los 20′, sino que fue derramando una línea de fútbol tan utilitaria como eficaz. Acaso, sin tantas luces técnicas, pero con sobriedad en lo táctico. También acaso, ese principio de la madurez.
De saber cuando proponer o cuando aminorar el sentido de aceleración, porque lo básico en fútbol también pasa por limitarle espacios al rival. Y ocurre que Nacional añoró no disponer de espacios. Recién por los 30′, cuando Laforcada ganando por la banda derecha. Debió resolver y no tentar la sociedad con Leguizamo. De última el cruce de un defensor rojo.
Al cabo, ¿cuántas tentativas de ataque por Nacional, más o menos vitales? Dos o tres. O ni tantas. Universitario fue producto del contragolpe en los 20 minutos finales.
“Coquina” Alvez se acopló al fondo, para conservar la figura defensiva. A pocos minutos del final, Alexander Píriz la mandó por arriba, cuando surgía a la medida de su clase resolutiva.
Hasta pudo ser el segundo. Nacional fue, quiso, pretendió. Pero verbos a media luz.
Sin ese mazazo del final que resuelve y el grito de gol como parte activa de la magia misma.
Universitario ganó y fue clave. Además tiene pinta de campeón.
Luce sin arrogancias, porque es sobrio y sabe cual es el destino. No lo nubla ninguna sinrazón. Al contrario: no vacila. Y el que no vacila, tendrá la chequera en mano. Sabe que puede pasar por boletería y cobrar.
Ese cheque tiene fondo. No rebota. ¿De acuerdo, Universitario? De acuerdo.
n
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-
Porque Universitario ganó, sobre todo por eso: por el principio de madurez que este equipo reveló. Porque en el segundo tiempo, no fue el Universitario portador de estrategia sustanciosa, con fútbol elaborado y poder de llegada. No la tuvo.
Pero sin embargo, fue experto para defender. Para ejercer controles claves, a tal punto que a Nacional le costó siempre. Sobre todo en la recta final, con el equipo de Ramón Romero cargado de desventuras. Lejos del fútbol que se tiende sobre la razón del peso individual y la esencia colectiva. Ese Nacional, fue faltante en la cita.
Para colmo de males en los 21′ del segundo tiempo, el penal sancionado por Walter Araújo, deriva en la ejecución de Juan Darío Rondán. La pelota se desvió sobre la base del palo derecho de Diego Burgos.
Nacional sintió el impacto. Directo al corazón. La parálisis táctica del equipo, más allá del hombre de más porque Matías Flores se fue expulsado, cuando el árbitro interpretó que hubo intencionalidad en esa pelota rebotada que iba con destino de arco.
PERO EL HECHO REAL…
Es que Universitario justifica la imposición, por el nivel de producción general en el primer tiempo, donde no solo llega al gol por Facundo Granja a los 20′, sino que fue derramando una línea de fútbol tan utilitaria como eficaz. Acaso, sin tantas luces técnicas, pero con sobriedad en lo táctico. También acaso, ese principio de la madurez.
De saber cuando proponer o cuando aminorar el sentido de aceleración, porque lo básico en fútbol también pasa por limitarle espacios al rival. Y ocurre que Nacional añoró no disponer de espacios. Recién por los 30′, cuando Laforcada ganando por la banda derecha. Debió resolver y no tentar la sociedad con Leguizamo. De última el cruce de un defensor rojo.
Al cabo, ¿cuántas tentativas de ataque por Nacional, más o menos vitales? Dos o tres. O ni tantas. Universitario fue producto del contragolpe en los 20 minutos finales.
“Coquina” Alvez se acopló al fondo, para conservar la figura defensiva. A pocos minutos del final, Alexander Píriz la mandó por arriba, cuando surgía a la medida de su clase resolutiva.
Hasta pudo ser el segundo. Nacional fue, quiso, pretendió. Pero verbos a media luz.
Sin ese mazazo del final que resuelve y el grito de gol como parte activa de la magia misma.
Universitario ganó y fue clave. Además tiene pinta de campeón.
Luce sin arrogancias, porque es sobrio y sabe cual es el destino. No lo nubla ninguna sinrazón. Al contrario: no vacila. Y el que no vacila, tendrá la chequera en mano. Sabe que puede pasar por boletería y cobrar.
Ese cheque tiene fondo. No rebota. ¿De acuerdo, Universitario? De acuerdo.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-






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