Verano: tiempo en que lo artístico parece morir en Salto

El escritor, ¿deja de escribir cuando llega el verano?; ¿deja de pintar, de hacer dibujos o esculturas el artista plástico desde unos días antes de las fiestas tradicionales hasta marzo? Lo mismo cabría preguntarse respecto al músico, al hombre de teatro, etc. Sin lugar siquiera a la más mínima duda, la respuesta es no, al menos para quienes entienden al arte, ante todo, como una actividad del espíritu que, como tal y por lo tanto, no repara en calendarios ni en registros de temperatura y desconoce a qué se le llama época de escuela y vacaciones.
El anterior planteo surge ante la comprobación, año tras año, de que las propuestas artístico-culturales prácticamente mueren en Salto desde los días cercanos a la Navidad hasta avanzado el mes de marzo y, a veces, aún después (la excepción la hacen aquellas actividades vinculadas al Carnaval y algunas otras muy pero muy puntuales y escasas). Así como los artistas no cesan en su creación, tampoco cesa la avidez del público que consume este tipo de “productos culturales”, como se le suele llamar: conciertos musicales, obras de teatro, exposiciones de pintura, entre tantos otros.
Muchas veces, el argumento para esta carencia ha sido el siguiente: “son meses en los que la gente está para otra cosa”.
Sin embargo, creemos que si fuese así, no habría un público de alrededor de cuatrocientas personas cada noche dispuestas a mirar películas en el Festival de Cine que se realizó, por segundo año consecutivo, hace pocos días en Parque Solari. Y es tan solo un ejemplo. “Son muchos los salteños que se van de Salto en esta época, entonces el público sería escaso”, es otro de los argumentos que hemos oído. Creemos sin embargo que si son muchos quienes se van, también son muchos los que se quedan y, además, así como salteños visitan otros lugares, es sabido que un número importante de gente de otras ciudades llega a la nuestra. Incluso, de esos visitantes que llegan, son unos cuantos los que frecuentemente se interesan por conocer aspectos de nuestra cultura y lamentablemente hay que decirles: “no, por ser verano no hay nada”. Y además explicarles: “tenemos tal museo y tal otro… pero no abren en enero”.
Por supuesto que no desconocemos que hacer funcionar un museo, subir una obra al escenario del Larrañaga u organizar cualquier otro tipo de muestra o exposición requiere de algo fundamental que se llama “gestión”, lo que implica sencillamente gente que trabaje.
En el caso de la Intendencia, esa gente son sus funcionarios, con los que surge otro inconveniente: las licencias anuales. Pero… ¿no habrá alguna forma de prever esta situación? ¿No es posible manejar los recursos durante el resto del año para llegar al verano con personal suficiente que permita ofrecer más servicios? Lugares adecuados hay, desde el hermoso Teatro de Verano hasta los patios y jardines de algunos museos o de la Biblioteca Departamental y tantos más: parques, plazas, costaneras. Artistas dispuestos a participar seguro que también hay. Falta gestión. Y es un problema al que, aunque se sucedan distintas administraciones, parece que no se le encuentra solución.