Veterinarios alertan riesgo de aparición de la rabia canina, protección de la vacuna sería parcial

acunas ineficaces, escaso control sanitario, multiplicación de perros vagabundos y de murciélagos son los principales factores para la advertencia.
La última epidemia de rabia canina ocurrió entre 1964 y 1968. El pico máximo se vivió en 1966 con 520 animales infectados y la ocurrencia de casos humanos. La enfermedad reapareció en Rivera y en Rocha, en 1982 y 1983, respectivamente. “De rabia urbana estamos libres, teóricamente; pero no sabemos hasta cuándo”, dijo a El Observador Ariel Sáez, vicepresidente de la Sociedad Uruguaya de Veterinarios Especialistas en Pequeños Animales (Suvepa).
La incertidumbre se debe a que no se realizan campañas de vacunación masiva –la última fue en 2001– y tampoco existen controles oficiales para conocer el estatus inmunitario de la población canina.
Además, es imposible controlar el ingreso de murciélagos infectados provenientes de Argentina, donde se registran casos humanos cada pocos años, y de Brasil, donde mueren 20 personas cada año por esta causa. A esto se suma que la vacuna antirrábica no protege como debería al animal.
Murciélagos y
otros dientes
Uruguay es el hogar de 22 especies de murciélagos, pero solo una es hematófaga, es decir, que se alimenta de sangre: la desmodus rotundus. Las demás son insectívoras o frugívoras (se alimentan de frutos); las especies “buenas” como ilustró Sáez.
El problema es que se ha desforestado mucho en los países limítrofes y aquí se ha forestado mucho. Su hábitat son las cuevas, bosques y sierras. Esto hizo que aumentara el número de colonias de murciélagos “malos” y se mezclaran con los otros. “Como son muy agresivos atacan a los buenos y los enferman”, explicó el vicepresidente de Suvepa.
Para Gabriela Willat, directora de Zoonosis del Ministerio de Salud Pública (MSP), el principal eslabón para la reintroducción de la rabia urbana es el murciélago.
En 2007 se diagnosticó por primera vez rabia paresiante o paralítica en Rivera en bovinos y equinos que habían sido infectados por murciélagos.
Un año después apareció la enfermedad en murciélagos no hematófagos. De 2007 hasta 2010 aparecieron más de 300 casos. A partir de esa fecha, el ganado no se enfermó porque fue vacunado pero “sigue circulando el virus”.
Para la especialista los murciélagos riesgosos son los insectívoros porque viven en las ciudades. “Hay permanentemente accidentes con murciélagos que se desestiman porque es una mordedura mínima. No se denuncian y son de altísimo riesgo”, señaló.
En 2012, el MSP intervino en nueve mordeduras de murciélagos; mientras que se contabilizaron 2.529 mordeduras de perro. La semana pasada, una persona fue mordida por un murciélago en su propia cama.
La rabia en murciélagos insectívoros constituye un riesgo potencial para la presentación de casos de rabia en animales domésticos y en humanos. Sáez expuso este ejemplo: “En la ciudad de Minas aparece un murciélago insectívoro muerto en la calle. Un perro lo agarra, lo mordisquea; y si estaba infectado de rabia, pasa a su sistema nervioso central y puede morder una persona. Estamos muy cerca de ese riesgo”.
Un factor de riesgo importante es la cantidad de perros errantes que ni siquiera acceden a la única “defensa” posible: la vacunación. Se estima que hay 330 mil.
Un escudo roto
“Vacunar no significa proteger”, desmitificó Rodrigo Puentes, docente e investigador del Área de Inmunología del Departamento de Ciencias Microbiológicas de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República.
Su estudio sobre la respuesta inmune de caninos vacunados contra el virus de la rabia reveló que solo el 36% tenía un nivel de protección considerado aceptable por la Organización Mundial de Sanidad Animal: más de 0,5 unidades de anticuerpos por mililitro de sangre. En comparación, fue mayor la proporción de aquellos perros que habían sido vacunados pero en los que no se detectó ningún nivel de anticuerpos antirrábicos (39%).
“La vacunación es clave pero no está llegando a cubrir un mínimo aceptable de protección”, dijo Puentes.
No hay ninguna guía que planifique la vacunación. Sáez explicó que los veterinarios de los departamentos limítrofes vacunan todos los años; pero en otras zonas se administra la dosis de forma anual durante los tres primeros años de vida del cachorro y luego cada dos años. “Va en el concepto del colega”, apuntó. Pero, además, al no haber obligatoriedad, la decisión final corre por cuenta del dueño.
La directora de Zoonosis sostuvo que la vacuna debería ser obligatoria.
“En los próximos años hay que dar vacunaciones masivas a los perros”, propuso Puentes
Mordidas. En 2012, el MSP intervino en 2.529 mordeduras de perro. En el mismo año se contabilizaron nueve mordeduras de murciélago.
Lo que hay que
hacer tras una mordedura
Las mordeduras por animales son de notificación obligatoria al MSP desde 2004. Gabriela Willat explicó a El Observador que, ante un caso cometido por un murciélago infectado con el virus de la rabia, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca realiza el control del foco infeccioso a través de la vacunación del ganado y busca las colonias, el MSP busca las personas expuestas para realizar el tratamiento de vacuna antirrábica (de posexposición) y suero; mientras que la Comisión Nacional de Zoonosis vacuna a los perros y gatos en la zona. La vacuna es administrada por la Comisión honoraria para la lucha antituberculosa. Hay 27 puestos de vacunación en todo el territorio, pero el suero antirrábico homólogo está centralizado en Montevideo. Si la mordedura es de perro o de gato, se observa que el animal esté vivo 10 días después del ataque. Si está vivo, no hay riesgo. El tratamiento se realiza si el animal aparece muerto, o si no puede ser localizado. En 2012, el MSP administró 100 tratamientos antirrábicos; 15 más que en 2011. La especialista explicó que hay que capturar a los murciélagos con “actitud sospechosa”: vuela de día, aparece en el piso y luce enfermo. La forma de hacerlo es atraparlo con una caja y pasarle la tapa por abajo. Siempre hay que usar guantes.
Fuente:
El Observador.
Vacunas ineficaces, escaso control sanitario, multiplicación de perros vagabundos y de murciélagos son los principales factores para la advertencia.
La última epidemia de rabia canina ocurrió entre 1964 y 1968. El pico máximo se vivió en 1966 con 520 animales infectados y la ocurrencia de casos humanos. La enfermedad reapareció en Rivera y en Rocha, en 1982 y 1983, respectivamente. “De rabia urbana estamos libres, teóricamente; pero no sabemos hasta cuándo”, dijo a El Observador Ariel Sáez, vicepresidente de la Sociedad Uruguaya de Veterinarios Especialistas en Pequeños Animales (Suvepa).
La incertidumbre se debe a que no se realizan campañas de vacunación masiva –la última fue en 2001– y tampoco existen controles oficiales para conocer el estatus inmunitario de la población canina.
Además, es imposible controlar el ingreso de murciélagos infectados provenientes de Argentina, donde se registran casos humanos cada pocos años, y de Brasil, donde mueren 20 personas cada año por esta causa. A esto se suma que la vacuna antirrábica no protege como debería al animal.
Murciélagos y
otros dientes
Uruguay es el hogar de 22 especies de murciélagos, pero solo una es hematófaga, es decir, que se alimenta de sangre: la desmodus rotundus. Las demás son insectívoras o frugívoras (se alimentan de frutos); las especies “buenas” como ilustró Sáez.
El problema es que se ha desforestado mucho en los países limítrofes y aquí se ha forestado mucho. Su hábitat son las cuevas, bosques y sierras. Esto hizo que aumentara el número de colonias de murciélagos “malos” y se mezclaran con los otros. “Como son muy agresivos atacan a los buenos y los enferman”, explicó el vicepresidente de Suvepa.
Para Gabriela Willat, directora de Zoonosis del Ministerio de Salud Pública (MSP), el principal eslabón para la reintroducción de la rabia urbana es el murciélago.
En 2007 se diagnosticó por primera vez rabia paresiante o paralítica en Rivera en bovinos y equinos que habían sido infectados por murciélagos.
Un año después apareció la enfermedad en murciélagos no hematófagos. De 2007 hasta 2010 aparecieron más de 300 casos. A partir de esa fecha, el ganado no se enfermó porque fue vacunado pero “sigue circulando el virus”.
Para la especialista los murciélagos riesgosos son los insectívoros porque viven en las ciudades. “Hay permanentemente accidentes con murciélagos que se desestiman porque es una mordedura mínima. No se denuncian y son de altísimo riesgo”, señaló.
En 2012, el MSP intervino en nueve mordeduras de murciélagos; mientras que se contabilizaron 2.529 mordeduras de perro. La semana pasada, una persona fue mordida por un murciélago en su propia cama.
La rabia en murciélagos insectívoros constituye un riesgo potencial para la presentación de casos de rabia en animales domésticos y en humanos. Sáez expuso este ejemplo: “En la ciudad de Minas aparece un murciélago insectívoro muerto en la calle. Un perro lo agarra, lo mordisquea; y si estaba infectado de rabia, pasa a su sistema nervioso central y puede morder una persona. Estamos muy cerca de ese riesgo”.
Un factor de riesgo importante es la cantidad de perros errantes que ni siquiera acceden a la única “defensa” posible: la vacunación. Se estima que hay 330 mil.
Un escudo roto
“Vacunar no significa proteger”, desmitificó Rodrigo Puentes, docente e investigador del Área de Inmunología del Departamento de Ciencias Microbiológicas de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República.
Su estudio sobre la respuesta inmune de caninos vacunados contra el virus de la rabia reveló que solo el 36% tenía un nivel de protección considerado aceptable por la Organización Mundial de Sanidad Animal: más de 0,5 unidades de anticuerpos por mililitro de sangre. En comparación, fue mayor la proporción de aquellos perros que habían sido vacunados pero en los que no se detectó ningún nivel de anticuerpos antirrábicos (39%).
“La vacunación es clave pero no está llegando a cubrir un mínimo aceptable de protección”, dijo Puentes.
No hay ninguna guía que planifique la vacunación. Sáez explicó que los veterinarios de los departamentos limítrofes vacunan todos los años; pero en otras zonas se administra la dosis de forma anual durante los tres primeros años de vida del cachorro y luego cada dos años. “Va en el concepto del colega”, apuntó. Pero, además, al no haber obligatoriedad, la decisión final corre por cuenta del dueño.
La directora de Zoonosis sostuvo que la vacuna debería ser obligatoria.
“En los próximos años hay que dar vacunaciones masivas a los perros”, propuso Puentes
Mordidas. En 2012, el MSP intervino en 2.529 mordeduras de perro. En el mismo año se contabilizaron nueve mordeduras de murciélago.
Lo que hay que
hacer tras una mordedura
Las mordeduras por animales son de notificación obligatoria al MSP desde 2004. Gabriela Willat explicó a El Observador que, ante un caso cometido por un murciélago infectado con el virus de la rabia, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca realiza el control del foco infeccioso a través de la vacunación del ganado y busca las colonias, el MSP busca las personas expuestas para realizar el tratamiento de vacuna antirrábica (de posexposición) y suero; mientras que la Comisión Nacional de Zoonosis vacuna a los perros y gatos en la zona. La vacuna es administrada por la Comisión honoraria para la lucha antituberculosa. Hay 27 puestos de vacunación en todo el territorio, pero el suero antirrábico homólogo está centralizado en Montevideo. Si la mordedura es de perro o de gato, se observa que el animal esté vivo 10 días después del ataque. Si está vivo, no hay riesgo. El tratamiento se realiza si el animal aparece muerto, o si no puede ser localizado. En 2012, el MSP administró 100 tratamientos antirrábicos; 15 más que en 2011. La especialista explicó que hay que capturar a los murciélagos con “actitud sospechosa”: vuela de día, aparece en el piso y luce enfermo. La forma de hacerlo es atraparlo con una caja y pasarle la tapa por abajo. Siempre hay que usar guantes.
Fuente:
El Observador.