Viajando acompañado

Como cada 15 en nuestro suplemento deportivo compartimos el diario de viaje de Nicolás Godoy. El salteño que el pasado 28 de febrero partió en busca de su sueño… Recorrer América en su bicicleta «La Botija». En su viaje Nicolás ha conocido a muchas personas, algunos oriundos del lugar que visita y otros viajeros como él. En su visita por Ecuador Nico conoció a la primera uruguaya en todo lo que va de su viaje y en su diario de viaje escribió sobre ella y lo compartimos con nuestros lectores.
«Hace dos días atrás nos conocimos con Andrea Germanet, otra uruguaya en bicicleta por América, oriunda de Colonia Valdense departamento de Colonia. Ella salió de Uruguay en Agosto de 2016 con su amiga Mónica; pero a diferencia de mi ellas salieron con sus mochilas y allá por Perú se compraron las bicis. Con ella nos conocimos por redes sociales de cicloviajeros por américa, y desde que estaba en Perú nos estábamos por encontrar los tres, pero su amiga se volvió a Uruguay.
Entonces nos pusimos en contacto y como estábamos cerca en distancia, Andrea se tomó un bus desde Quito a Zumbahua, pueblo a 16 kilómetros del volcán Quilotoa. Nos encontramos y ayer fue nuestro primer día compartiendo la ruta, cuestas muy difíciles de momentos bajar de la bici y empujar, sí, a veces es imposible pedalear.
Pero como siempre el camino sorprendiendo a estos locos viajeros. En el camino pasábamos por una escuela, me detuve a mirar lo que hacían los niños, estaban armando un árbol de navidad con su maestra, cuando ven que los miraba me llaman y por supuesto que fui. Estuvimos largo rato compartiendo con esos bellos niños, charlamos, jugamos a la pelota, nos sacamos fotos y nos presentaron todos sus trabajos a base de materiales reciclados. Son 25 alumnos que van todos los días estudiar con la maestra Olga, les dan desayunos y almuerzos. Reciben ayuda de varios entes extranjeros, España, USA, algunas multinacionales y del gobierno Ecuatoriano.
Tras cuatro horas de pedal y parada en la escuela llegamos al gran volcán Quilotoa, al ver esa laguna gigante, de agua cristalina quedé mudo y agradeciendo al universo por tanto, mientras Andrea saltaba y gritaba de alegría, imposible describir esa sensación. Dejamos nuestras bicis en la oficina de información y a caminar el cráter, fueron más de 10 kilómetros de caminata llegando al pico máximo del cráter a 3930 metros sobre el nivel del mar. Entre frío, viento, nubes, llovizna logramos recorrer el largo camino, terminamos exhaustos pero felices.
Ahora venía la parte de encontrar lugar para dormir, era mucho el frío y queríamos algo con algún tipo de resguardo para poner las carpas.
En busca del tan deseado lugar Andrea pregunta en una casa que estaban construyendo y nos dieron permiso, ahí fue que armamos las tiendas y descansamos. Estábamos en un muy buen lugar pero personalmente la altura en los primeros días no me dejaba dormir, me despertaba muchas veces en la noche y tarde unos días en aclimatarme.
A la mañana siguiente a las 6 a.m comenzamos los preparativos entre café, té y pan para salir a conquistar la ruta, nos sabíamos hacia dónde íbamos…».







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