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«Viajar es un continuo proceso de enseñanza y aprendizaje»

Salvador Klaric es un maestro y padre de familia que hace 5 años decidió abandonar todo y tomar su moto para recorrer América. De paso por nuestra ciudad dialogó con EL PUEBLO para compartir su experiencia.

- ¿Qué lo motivó a dejar una vida tranquila para tomar la ruta en moto?
– La vida tranquila la tengo ahora (risas), no es que estaba tranquilo y que me decidí a hacer esto. No, por ahí no estaba tranquilo y ahora estoy tranquilo porque encontré que la verdadera libertad era la del espíritu y no la idea que me generaba en mi mente a través del ego, donde me daba condiciones a través de normas, creencias y valores que no servían para nada. Acá hay otra realidad, la del espíritu, donde he encontrado que la vida es hermosa y la gente es maravillosa en todos lados.

Perfil de Salvador Klaric Separado. Tiene 6 hijos y 4 nietos.  Es del signo de Escorpio. De chiquito quería viajar.  Es hincha de Nacional. ¿Una asignatura pendiente? Ir a Croacia, para conocer la tierra de su padre.  ¿Una comida? Verduras.  ¿Un libro? «Un curso de milagros» de Helen Schucman.  ¿Una película? «Jinetes del Espacio» de Clint Eastwood.   ¿Un hobby? Andar en moto.  ¿Qué música escucha? La de los 80.  ¿Qué le gusta de la gente? La solidaridad, el amor.  ¿Qué no le gusta de la gente? Nada. [1]

Perfil de Salvador Klaric
Separado. Tiene 6 hijos y 4 nietos.
Es del signo de Escorpio. De chiquito quería viajar.
Es hincha de Nacional.
¿Una asignatura pendiente? Ir a Croacia, para conocer la tierra de su padre.
¿Una comida? Verduras.
¿Un libro? «Un curso de milagros» de Helen Schucman.
¿Una película? «Jinetes del Espacio» de Clint Eastwood.
¿Un hobby? Andar en moto.
¿Qué música escucha? La de los 80.
¿Qué le gusta de la gente? La solidaridad, el amor.
¿Qué no le gusta de la gente? Nada.

Después de unos temas de salud, varios problemas del corazón y otros líos que tuve de trabajo y de empresa, porque yo tenía una empresa además de mi trabajo de docente, dejé todo eso, vendí todo y repartí entre mis hijos, tengo seis, están grandecitos todos, y les dije, «hijos, papá se va». Con cien dólares, la moto, dos mudas de ropa, que la he ido cambiando gracias a la gente, me fui a recorrer el mundo, donde me di cuenta de lo bueno que estaba esto, donde empecé a conocer el corazón solidario de las personas. Te das cuenta que pedir no es malo, pedir está bueno, cuando pedís de golpe te abrazás con la gente. Compartir un pedazo de pan, compartir cosas es maravilloso.
Fue en ese momento que empecé a encontrar un mundo de gente de todos lados, miles de personas. Hablando de la moto que es lo que más sé, en este momento hay diez mil motos dando vuelta el planeta. El 85% de esas motos viajan como yo…

- ¿Qué buscan?
– No buscamos, vamos a compartir la vida y a levantar culturas. El viajar es un continuo proceso de enseñanza y aprendizaje, así como sos maestro, el otro es también tu maestro. La idea es que cuando termine y no ande más, pienso escribir un libro sobre esto. Por ahora lo que hago es recorrer, soy muy conversador, hablo con autoridades que me escuchan, acá en Salto solo una autoridad me escuchó, para comunicarle que hay un mundo de gente que no están viendo, están dejando pasar gente maravillosa…

- ¿Con quién se ha encontrado en Salto?
– Con gente de varios países. Acá en Salto tenemos la «Posada de los Zorrinos», que es un matrimonio que abrió sus puertas para esa gente que nadie recibe, para esa gente que la policía, como pasó hace unos días en Salto, los echa y les pega. Entonces, ¿qué Salto estamos mostrando? Estamos mostrando un Salto que no existe, echamos a los pobres artesanos que muestran su arte, echamos al arte callejero que es hermoso en todo el mundo, donde otros países los reciben con los brazos abiertos, acá los estamos echando. En la Provincia de San Luis (Argentina), estaba en una plaza, donde se juntó un montón de gente alrededor de la moto, como suele pasar, el Ministerio de Turismo se enteró y vino una comitiva del Ministerio a darme el recibimiento y decirme «gracias por estar con nosotros, gracias por compartir y conocer nuestra ciudad, sos bienvenido hermano». Mientras que acá tratan de echarlos, Uruguay tiene que cambiar. Hay una realidad que pinta lo hermoso de Uruguay, están viniendo turistas –uno les dice turistas, pero son seres humanos del mundo, ciudadanos del mundo- de todas las nacionalidades y nadie los está viendo. Así que despertemos a una realidad hermosa que está pasando en Salto. Es el momento de hacerlo, y eso es lo que trato de comunicar.

- ¿Qué países ha visitado?
– No tengo una meta fija de hacer tanta cantidad de kilómetros ni de ir muy lejos, simplemente viajo. En Argentina estuve un año y medio recorriendo de sur a norte y de oeste a este, estuve en más de 300 pueblos y ciudades, pero eso es nada para lo que en realidad es Argentina. Recorrí toditas las provincias y todo pueblo que pude encontrar, hablé con todas las municipalidades que me quisieron escuchar. En Chile estuve otro montón de meses más. Además estuve en Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil y por supuesto recorrí varias veces Uruguay. Ahora la idea es volver a Paraguay, porque me encantó, además a Paraguay le debemos mucho con lo que le hicimos con la Triple Alianza, además de que ahí fue donde murió nuestro Prócer. Cada vez que voy a Paraguay pido perdón y agradezco que sean lo que son… La idea es seguir luego a Perú, Ecuador, Colombia y llegar a México. ¿Cuándo? No sé, no tengo problema de tiempo, vivo el ahora.

- ¿Hubo algún momento que pasó mal y le hizo replantear su viaje para volver?
– La única vez que me cuestioné fue en la Patagonia argentina, que es muy dura, es rebelde de verdad. Los vientos, el frío, la nieve, el hielo, las montañas, el desierto, la nada. Hay muy poca gente en la Patagonia, aunque ahora hay más gente que hace treinta años. Pensemos que Argentina tiene 45 millones de personas, en Santa Cruz, Tierra del Fuego y Chubut hay un millón y medio de personas. Entonces, fue maravilloso estar ahí, pero claro, hubo un momento que me sentí mal, porque lloraba dentro del casco, también lloro cada vez que me voy de un pueblo y cuando me despido de los amigos, pero lloraba dentro del casco, la moto se caía, ahí en la Patagonia el viento da vuelta los micros, da vuelta camiones, así que fijate lo que puede llegar a hacerle a la moto, es un papel. Y estar en la nada, en el desierto, donde los celulares no funcionan, estás en la nada de la nada solo y sin poder marchar.
Ahí en un momento sentí que no podía seguir y que tenía que llamar a mis hijos para decirles que me volvía a Uruguay porque no aguantaba más. Llegué a un pueblo, a San Julián, conseguí una Telefónica y hablé a Uruguay con mi hijo mayor, «no aguanto más, me vuelvo, que venga una grúa y que se lleve la moto, no me importa nada, no quiero saber más nada», y mi hijo me dice, «papá, vos sos nuestro orgullo, tenés que seguir, yo te mando plata y te quedás unos días en un hotel a descansar», y cuando me dijo eso, «plata no quiero!», y ahí como que me volvió la cosa, me senté en el cordón de la vereda y pensé, «vuelvo a la ruta», y volví.

- ¿Qué le gusta más, conocer gente o lugares y paisajes?
– La gente. Los lugares van a estar, las termas de acá van a seguir estando, el cerro y la montaña van a seguir ahí el año que viene, pero este encuentro con amigos es único, no se va a repetir nunca más, este momento es irrepetible, nunca más se va a vivir, no me quiero perder la posibilidad de compartir un mate con mis amigos. Si me dan a elegir entre ir a las Termas del Arapey y quedarme a tomar un mate con un amigo, que las termas esperen, yo me quedo con este amigo porque acá hay historias, hay amistad, hay amor y cultura de verdad. Los lugares están y me gustan, saco fotos, todo bien, pero si tengo que elegir, me quedo con los amigos, con las familias y sus historias, las leyendas de los pueblos que te cuentan en cada lugar.
Hay cosas que nunca hay que preguntarle a un moto viajero cuando te lo encontrás, nunca le pregunten de dónde viene, a dónde va, lo lejos que fue ni la cantidad de kilómetros que hizo ni la moto que tiene. Primer cosa que tienen que hacer es saludar, porque es un ser humano, no es un robot. Saludarlo y preguntarle cómo está, cómo está tu moto, porque no saben de dónde viene esa persona y por ahí viene con ganas de un abrazo porque está extrañando, por ahí quiere compartir algo calentito, por ahí quiere una charla o necesita una sonrisa o de un lugar dónde armar su carpa, por ahí viene con algún problemita en la moto.
Luego de cumplir con esos requisitos, ahí sí, invítenlo a tomar una cerveza y vamos a hablar de la ruta, de motores, de fierros, pero primero, saludá. Eso es lo que la gente tiene que saber, lo demás es relativo.

- ¿Ya pensó cómo serán las primeras páginas de su diario de motocicleta?
– Si, voy a contar cómo comencé, por qué lo empecé a hacer, cuál era la situación que estaba viviendo.
Tenía un montón de problemas de salud, líos en la cabeza, de trabajo, el tema del dinero me afligía, todo eso me complicaba la vida, y me fui.
Resulta que me di cuenta que la moto no tenía nada que ver porque a los problemas me los llevaba conmigo, y que estuviera a dónde estuviera, el problema seguiría conmigo igual, que no lo solucionaba con viajar.
Entonces de golpe descubro que la libertad estaba en mi espíritu, y empiezo a cambiar la visión porque había otra forma de ver esto, y empecé a ver la vida de otra forma y sentir la verdadera libertad.

- Aquellos que aún no sabemos eso, ¿tenemos que hacer ruta para conquistar nuestra libertad?
– No, no, porque está en tu interior. Vos podés ser muy feliz en tu casa, en tu trabajo, en tu negocio, en tu empresa, podés ser muy feliz dónde estás, no necesitás viajar para ser feliz, la felicidad no tiene nada que ver con los viajes.
Uno tiene la opción, uno decide. Después que me pasó lo que me pasó, me dije que tomaba esto como una misión, no estoy buscando la felicidad, ahora lo que hago es compartir lo que ya estoy sintiendo, voy a contarle a la gente que ser feliz es fácil, que se puede ser feliz, que vos podés ser feliz en tu trabajo, en tu empresa, podés ser feliz con tu familia, y si querés viajar, viajá, pero la felicidad no pasa por la cantidad de kilómetros, la felicidad está acá adentro (señala el pecho). Esto es maravilloso, tengo que contarle a la gente que es posible ser feliz.

- ¿Estamos perdiendo la oportunidad de ser felices?
– Claro, pero además está al lado tuyo, no está afuera, está en tu interior.
Los cambios vienen por acá (vuelve a señalar el pecho), y luego cambia la visión de lo que estoy viendo. Cuando esto ocurre y empiezo a ponerle amor a las cosas, me doy cuenta que ahí se produce el milagro.

- ¿Qué mensaje nos deja?
– Que son una hermosa gente y que despierten a una realidad que tienen todos los días, la de la gente maravillosa que está viniendo a visitarlos y no se están dando cuenta. Que la policía no los eche, que primero pregunte quiénes son, dialoguen con ellos, y tengamos un lugar en Salto para recibir a esta gente maravillosa, tengamos un lugar donde puedan contar sus historias y compartir la cultura de sus pueblos, es momento de hacerlo, porque si no, que me disculpen los políticos, se les va a ir al carajo todo, porque cada vez somos más los viajeros en el mundo.