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Vivir el momento, sin planes y con la expectativa de conocer nuevas culturas y su gente, así es la vida de los mochileros

Salto llegan permanentemente viajeros de todas partes del mundo, casi sin enterarnos hemos recibido mochileros de Argentina, Colombia, Brasil, Francia, Alemania, Polonia, Suecia, Canadá, México, Sudáfrica, Dinamarca, Italia, Rusia, Chile, Venezuela y por supuesto, de Uruguay, quienes han sido recibidos por un matrimonio que han puesto su casa al servicio de los visitantes que llegan de tan lejos en busca de descanso y para compartir historias en un lugar que es conocido como la «Posada de los Zorrinos».

Aprovechando la visita del motoquero Salvador Klaric (entrevista publicada el pasado domingo en EL PUEBLO), Sebastian, el Terri y Micaela [1]conocimos a una joven pareja, Sebastián Baños (Avellaneda, Argentina) y Micaela Hernández (Maldonado, Uruguay), y al joven sudafricano Dylan Taljaard (Amanzimtoti, Durban), quienes compartieron su experiencia con EL PUEBLO.

- ¿Qué hacen en Salto?
Sebastián- Particularmente venimos a trabajar porque estamos parando en Paysandú, estamos visitando a los tíos de ella antes de cruzar a Argentina. Allá la policía tampoco me dejó trabajar, yo hago malabares en los semáforos, así que venimos a trabajar acá, pero lamentablemente tampoco me han dejado.

- ¿Qué pasó?
Sebastián- Estaba trabajando cerca del shopping, pasó un patrullero, me pidieron que me las tome, me frenaron, me empujaron contra el patrullero y cuando les dije que no me empujen me dijeron que podían hacerlo y meterme preso si querían. Me empezaron a patear las piernas y me pegaron una piña en las costillas.

- ¿Te dijeron por qué hicieron eso?
Sebastián- Parece que me confundieron con un vendedor de pasta base, pero eso fue más temprano, que también nos pararon en la calle para identificarnos y cuando les dije que era mochilero como tantos que habían en la vuelta, me quisieron responsabilizar por el aumento de la pasta base y de la cocaína como si fuésemos nosotros los culpables, como si ellos no supieran dónde se vende la pasta base y la cocaína. Si uno que no es de acá lo puede averiguar en un rato, me imagino que ellos deberían saberlo.

- Cuando ves que estas cosas pasan en nuestro país, ¿qué pensás?
Micaela- No importa si es nuestro país, somos personas y vamos todos por el buen camino. Vivimos tratando de no molestar a nadie, lo que buscamos es justamente todo lo contrario, conversar, conocer y compartir con la gente. No siento que es mi país cuando mi país no me deja estar en mi lugar, así que no podría sacarme cartel si me corre de mi propio lugar.

- Esto que te pasó, ¿sólo te ha ocurrido acá?
Sebastián- Lamentablemente la policía en general es igual en todos lados, no les tiene permitido pensar y analizar caso por caso sino que generalizan y meten a todos en la misma bolsa. Entonces, el que no es conocido, el que no es de ahí, tienen preconceptos y por las dudas ya te tratan como si fueses malo.

Micaela- Nosotros entendemos que estamos en la calle viviendo como la gente que capaz hace las cosas mal, pero tendrían que ser conscientes de que no somos lo mismo, así como aquel que está en su casa no todos son los mismos, también hay malas personas viviendo en un hogar, y también pasan cosas malas en hogares de gente con plata, no tiene nada que ver la situación en la que estemos viviendo, es una elección nuestra, nosotros elegimos recorrer, caminar, nosotros elegimos cruzar toda la ciudad caminando. Entonces, entendemos que la gente se ponga nerviosa porque tienen un miedo inculcado que no es cierto, pasan cosas malas así como pasan muchísimas cosas buenas, tendrían que aprender a diferenciar y aprender a conocer a la gente para darse cuenta de quién es el bueno y quién es el malo. Quizás el malo esté más cerca de lo que piensan.

- ¿Hace mucho que tomaron la decisión de ser mochileros?
Sebastián- Yo empecé a viajar a principios del 2013. Tenía mi trabajo, estudiaba en la universidad, me iba bien, pero todas las noches me acostaba y pensaba en la vida que estaba teniendo y ya sabía cómo iba a ser el resto de mi semana, el resto del mes y el resto del año, no estaba contento y me costaba dormirme porque no era feliz. Es así que un día largué todo, me tomé un avión a Perú con solo un pasaje de ida y empecé a vivir. Me cambió la vida, empecé a vivir sin expectativas y sin esperar nada, abierto a todo lo que pase y a todo tipo de experiencia.

- Los dos supieron el momento en que decidieron salir, ¿tienen pensado ya cuándo van a volver?
Sebastián- Como te digo, al no tener expectativa de lo que te va a pasar, ni siquiera sé qué va a pasar a la noche. Pero como por suerte todavía tengo a parte de mi familia en Buenos Aires, siempre que puedo voy para allá a visitarlos, pero sigo estando de viaje por más que esté en mi misma ciudad.

- ¿Qué siente tu familia cuando te ve partir?
Sebastián- Si ellos hubiesen podido elegir cómo iba a ser mi vida, seguramente no hubiesen elegido esto, pero como por suerte ven lo bien y feliz que estoy, lo aceptan y se ponen contentos. Tuve la suerte este año de estar en Uruguay desde enero, y más o menos en mayo mi madre tuvo la posibilidad de venir a visitarme cuando estaba en Maldonado…

- ¿Quedó tranquila?
Sebastián- Quedó tranquila a pesar que ella vio que yo estaba viviendo en la calle y compartiendo con la gente que vive en la calle, algo que ella nunca se hubiese imaginado, pero se fue realmente tranquila porque pudo compartir con esa gente y ver qué clase de gente era.

- ¿Y en tu caso?
Micaela- Me parece que mi familia ya se lo esperaba, y me recomendaron el cuidado de siempre, la preocupación que tienen todas las familias. Ellos están muy felices que pueda vivir esta experiencia y aprender lo que estoy aprendiendo, y todo el tiempo están esperando que les cuente todo lo que vivo y todo lo que hago, a quién conocí, a quién vi. Incluso mi papá piensa en su licencia tomarse unos días para viajar hasta donde esté yo para poder compartir también, y ojo que mi padre siempre fue un hombre bastante cerrado, criado a la antigua, conservador, pero que se dio cuenta que como su hija -que no es mala persona- salió a la calle y a la vida, pueden haber muchas personas también de la misma manera. Entonces, él también quiere ver qué se siente y nos va a acompañar cuando pueda.

- ¿Qué sigue en el mapa?
Sebastián- después de levantar algunas cosas que dejamos en Paysandú enfilamos a Buenos Aires que a fines de setiembre cumple 90 años mi abuela así que vamos a pasar el cumpleaños ahí, y ya para noviembre empezar a subir otra vez por Argentina y buscar nuevos lugares.
Micaela- Yo cumplo en enero y siempre le digo a él que quiero pasar mi cumpleaños en Perú. Pero él siempre me dice algo que es cierto, vas conociendo lugares y gente. No es la foto del paisaje, es la gente, es increíble lo que se vive. Es increíble sentir el cariño de la gente, el amor que te tienen y que podés compartir también con ellos, como en la casa que nos estamos quedando, que nos alojaron. No nos piden nada los chicos y nos dan mucho más que un techo, nos dan un hogar, estamos en familia, estamos con hermanos que nacieron de otra madre en otros países. Estamos todos compartiendo aunque en algunos casos no nos podemos entender todavía (risas) pero sabemos que nos queremos porque obramos para bien y queremos lo mejor para todos.

- ¿De quién es el perro?
Sebastián- Él no es de nadie, él nos acompaña a nosotros, viaja conmigo desde Paraguay, hace dos años, y ahora hace tres meses que estamos los tres juntos.