¿Y si trabajaba de otra cosa?

Todos la criticamos y la condenamos. Como la historia en la que un montón de personas condenaban a una mujer porque era prostituta y para los creyentes allí surgió la frase “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. En ese momento, todos lloramos la muerte de su hijo y la queríamos tirar en la hoguera. Pero todos somos muy rápidos en juzgar las acciones ajenas, algo que jamás hacemos con nosotros mismos. madre
Ni mucho menos miramos las circunstancias que rodean los pormenores de las cosas que criticamos, nos erigimos en jueces, en personas que todo lo sabemos y que estamos por encima del bien y del mal, en seres impolutos, por lo cual podemos condenar a quienes queramos de la manera que se nos ocurra, pero después que sabemos algunas cosas, ya miramos el tema desde otro costado y los juicios de valor se apagan.
Me estoy refiriendo al caso de la mujer que por salir a trabajar en la Noche de la Nostalgia, dejó a sus tres hijos solos, al cuidado de la mayor que tiene tan solo 12 años de edad, y a su regreso, la bebé de pocos meses de vida, había fallecido de muerte súbita. Una desgracia que le pudo haber ocurrido estando ella presente o no, pero el problema, parte de él, en este caso, era que no estaba.
Y no solo que no estaba, sino que dejó a su hija de 12 años, que también requería de su cuidado y protección en horas de la noche, a cargo de la casa, y de sus otros dos hermanos de 9 y 6 años de edad, además de una bebé, algo que no está bien y que en ese caso hay un problema grave. Pero la situación no se agota allí, sino que encima de eso hay algo más que despertó la ira de los vecinos y el malestar de la opinión pública.
Es que la mujer ejerce el meretricio como forma de vida, para poder ganar dinero y alimentar a sus hijos. Y para hacerlo dejaba a sus hijos habitualmente al cuidado de otro adulto. Uno que justo esa noche no pudo estar con los niños, aunque quizás eso no hubiera bastado porque la trágica muerte hubiera llegado igual a ese domicilio.
Y entonces una vez conocida la historia, comenzó la catarata de condenas que la llevó a la mujer a ser formalizada por la justicia penal por haber cometido el delito de la omisión a los deberes inherentes a la Patria Potestad. Y la mujer se desesperó porque quizás pensando en ganarse el pan, de la forma que podía hacerlo en ese momento, no midió la consecuencia de sus actos. No me refiero a la tragedia de haber perdido a su hija pequeña, que reitero, quizás la habría perdido igual porque ante un caso así, nada puede hacerse.
Pero el hecho era que no estaba y encima, era meretriz. Y la sociedad la condena. La justicia la formaliza y además le quita sus tres hijos supervivientes, a quienes los envió al INAU, terminando de disgregar la familia, algo que a veces los jueces saben hacer muy bien, que es disgregar y terminar de romper los vínculos familiares. Aunque los niños lloraron porque no querían separarse de su madre y ese es un claro indicio de que ella no era una mala madre.
Es más, la niña de 12 años le dijo a su madre que fuera a trabajar porque entendía que había una necesidad que cubrir en el hogar, y era nada más y nada menos, que la alimentación de ella y sus tres hermanos pequeños. Sobre todo la de sus hermanitos. Quizás la niña, que tuvo la valentía de hacer de madre y padre esa noche, no sabía bien qué oficio ejercía su madre, pero aún así la apoyó, y ahora está destrozada porque no quiere separarse de ella y encima ver destruida a su vulnerable familia. Pero la justicia no entiende de sentimientos y solo se remite a un frío y vacuo texto legal que debe aplicar.
Después de conocer en profundidad el caso, me pregunté, ¿y si la mujer en vez de haber ido a ejercer el meretricio era médica y tenía que cubrir una guardia de apuro en alguna sala de emergencia? Todos se habrían apiadado de ella y le habrían dicho ‘pobre mujer, encima que trabaja miren lo que le pasó’.
Y lo que nadie se preguntó acá ¿dónde está el padre de estas criaturas? El de la niña de 12 años, el de los de 9 y 6 años, y sobre todo, el de la bebé que falleció, mientras todos dormían al cuidado de una pequeña que todavía ni siquiera puede votar, pero tuvo la hidalguía y el coraje que le falta a muchos que ya lo hacen hace años. Qué pasa con esos sujetos cuya moral están tan por el suelo que no son capaces de hacerse cargo de un hijo, reconocerlo, criarlo, quererlo y ayudar a que su formación en la vida sea buena, más allá del vínculo que puedan tener o no con la madre y al menos darles una vida mejor que la que ellos tuvieron.
¿Por qué nadie se preguntó por ellos, los padres? Porqué nadie dijo nada ante la justicia y criticó el hecho de que a la mujer la mandaron a la hoguera por ser pobre y prostituta. Porque si fuera una médica de clase media, o la moza de un restaurante que ese día no tuvo otra que ir a trabajar porque si no perdía el empleo, o una funcionaria policial que tenía que ir a atender una comisaría, nadie, absolutamente nadie, le habría endilgado nada. Porque estas cosas pasan y porque la muerte súbita, es como su nombre lo menciona, súbita, viene sin avisar.
Entonces, qué fácil que juzgamos los casos. No vemos el bosque, nos quedamos con el titular y ya opinamos sin saber. No justifico nada, pero tampoco condeno. Solo digo que en ese caso puntual, hay una clara ausencia del Estado. Porque más allá de que el Mides dijo que le daba una tarjeta para que comprara víveres estereotipados como pobre en un supermercado de segunda, con eso creen que le solucionan el problema a quienes realmente lo tienen y justifican su presencia como ministerio y los sueldos que todos les pagamos, que por cierto, no son sueldos para vivir como los beneficiarios de esa cartera.
La conclusión, es que no puede haber un Estado tan liberal que piense que le arregla la vida a la gente con dinero, abandonando a una madre de cuatro uruguayitos a su suerte, y encima si le corre mal la vida, condenarla públicamente porque ejerce el meretricio. Y ni siquiera por haberse ido de la casa esa noche a trabajar.
Las leyes que la condenaron no son del Patriarcado como lo dicen algunas feministas, sino de legisladores ausentes con la cuestión social, porque en tres períodos de mayorías parlamentarias con bancadas oficialistas que discursearon tener igualdad de género, podían haber cambiado algo para contemplar estos casos. Pero aún seguimos esperando porque les hagan responsables también a ellos, porque los gurises no nacieron de un repollo, pero para la opinión pública y para el Estado, parece que sí.

HUGO LEMOS