Ya no es mágico el mundo

Cada día una librería menos

“Ya no es mágico el mundo/ te han dejado”, escribió Borges en inolvidables versos. Borges, ese que escribió también “ya no seré feliz, tal vez no importa”, pero que seguro entendería y sentiría (porque hasta soñó que el Paraíso era una biblioteca infinita), que hoy en Salto (ciudad que conoció y quiso) estamos un poco menos felices, ¡y vaya que sí nos importa! Es que Borges seguro sentiría también, hondamente, este vacío que al anunciar su cierre definitivo, nos ha dejado la librería “Mundo Mágico”, la de calle Artigas, la de frente al Ateneo. Pocos nombres tan acertados; pocas veces las palabras llegan a definir tan plenamente lo que genera la lectura de un buen libro como ese: Mundo Mágico. Realmente no se trata de un comercio que cierra; es, para la Cultura, mucho más que eso. Se trata nada menos que de un mundo de sensaciones que se termina, que poco a poco (¿o a pasos agigantados?) se diluye en este otro mundo de andar apresurado y afán materialista. Un mundo mágico está siendo devorado, sin vueltas; un mundo mágico que empezó a morirse entre nosotros con una suma de pequeñas muertes anteriores. Por mencionar algunas de esas muertes vale decir: la de Librería Salto, en la galería primero (con Lila Escanellas y Pipa Pose) y después enfrente al Teatro (con Aljanati en un tiempo, con Andrea dos Santos en otro), o de la Rodó años antes (de la familia Martínez). Claro, también quedan fuerzas para resistir la tormenta y desafiar la muerte, fuerzas que se llaman Pelón Martínez y la Ariel, Cisa y el Palacio de la Música o el Bocha y su Pirámide cerca del Hospital, amén de algún otro rincón más moderno. Pero los dedos de una mano alcanzan para contar a todos.

Mario Vargas Llosa cree, con clara convicción, que la literatura que puede leerse en forma digital es de bastante menor calidad que la impresa en libros. Dice también que no tiene pruebas para demostrarlo; es decir, más bien es una fuerte sensación. Y la compartimos totalmente. Creemos que es tanto y tan entreverado todo lo que se publica en formato digital, que constituye una verdadera “selva promiscua” (al decir del propio Vargas Llosa), donde la falta de filtros y de rigor crítico abonan un terreno demasiado fértil para el crecimiento de todo lo opuesto a la estética y demás valores que deberían estar siempre presentes en el arte del lenguaje.

“Cada vez menos gente compra libros…”
Los principales de “Mundo Mágico” han escrito: “Un 26 de mayo de 1992 abríamos tímidamente nuestras puertas. Pasaron 25 años… Este 28 de febrero las cerramos definitivamente. No es porque no creamos en la vigencia del libro. Del libro de papel. Hicimos lo que pudimos. Pero la realidad nos dice que cada vez menos gente compra libros. Aunque cada día hay más escritores. Todo el mundo escribe. Pero no hay compradores para tantos libros. Y una librería es un negocio… Aunque también necesita esa dosis de amor al libro que siempre supimos ponerle, como buenos amantes de la lectura que somos. Tratamos de conocer cada uno de esos libros que luego vendimos. Cada autor, cada tema, las editoriales, los distribuidores. Pasamos de ser una librería netamente infantil y juvenil a convertirnos también en una librería para adultos. Siempre vinculados a los docentes, también ampliamos nuestro material a libros específicos sobre educación. Y por supuesto textos escolares y liceales. Pero la tecnología nos jugó una mala pasada. Ahora los libros están en cada Ceibalita de los escolares uruguayos y en cada tablet del Plan Ibirapitá. Y en cada teléfono de cada uno de los habitantes de este país. No lee el que no quiere. Por lo tanto el libro de papel quedó relegado y las librerías van desapareciendo. Hoy nos toca a nosotros”.

Somos la generación que vio extinguirse los libros
Creo que a todos quienes tenemos algún que otro estante con libros, mirarlos nos significa pensar que cada día nos estamos quedando un poco más en ellos (o sea en tiempos remotos y recientes a la vez) y que, como seres extraños, nos vamos desgajando del mundo circundante para morir también entre sus páginas y ser, dentro de algunas décadas, objeto de estudio para los historiadores que nos vean como la generación que vio extinguirse los libros y las librerías.
Finalmente, hacemos nuestras las palabras de Rocío Menoni, maestra, narradora y especialista en literatura para niños: “El cierre de una librería nunca es una buena noticia. En este caso especialmente me llena de tristeza. Muchas gracias amigos Jorge Testa y Mary Gricelda Rodriguez Olivera por el esfuerzo y amor que durante todos estos años hicieron de ese espacio de calle Artigas un “Mundo Mágico “. (El afiche que ilustra esta página de hoy, es el que colocó “Mundo Mágico” en su apertura, allá por el 92, y lo que en él se lee fue su permanente consigna. Sin embargo, tristemente, parece que el tiempo se encamina a demostrar la sentencia de Borges, “ya no es mágico el mundo”).







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