“Ya sabiendo que estoy jugando los descuentos, no me cuesta saltar de la cama cuando me entero de una información que amerita salir a buscarla. Es mi vida”

Entrevista a Luis Pérez Albertoni

Luis Pérez Albertoni es un periodista que comenzó este oficio desde temprana edad y que desde hace más de 30 años es el corresponsal salteño del diario capitalino El País. En esta charla con EL PUEBLO, recuerda sus comienzos en el periodismo.
- ¿Periodista se hace o se nace?

Perfil de  Luis Pérez Albertoni Casado. Tiene 4 hijos y 8 nietos. Es del signo de Tauro. De chiquito quería ser chofer de ómnibus de la línea Lombardo que iba a Corralito, Nueva Hespérides, porque ahí vivían sus abuelos. Es hincha de Nacional. ¿Alguna asignatura pendiente? Conocer dónde nació mi abuelo, en Italia. ¿Una comida? Asado y comida de olla. ¿Un libro? “Viven”, pero prefiere leer diarios y revistas. ¿Una película? Me acuerdo de cuando iba al cine de muchacho a ver las de vaqueros. ¿Un hobby? Mirar fútbol. ¿Qué música escucha? Clásica. ¿Qué le gusta de la gente? Que exprese lo que siente y que sea solidaria. ¿Qué no le gusta de la gente? He aprendido de la vida que tenemos que aprender a aceptarnos tal como somos.

Perfil de Luis Pérez Albertoni
Casado. Tiene 4 hijos y 8 nietos. Es del signo de Tauro. De chiquito quería ser chofer de ómnibus de la línea Lombardo que iba a Corralito, Nueva Hespérides, porque ahí vivían sus abuelos. Es hincha de Nacional.
¿Alguna asignatura pendiente? Conocer dónde nació mi abuelo, en Italia. ¿Una comida? Asado y comida de olla. ¿Un libro? “Viven”, pero prefiere leer diarios y revistas. ¿Una película? Me acuerdo de cuando iba al cine de muchacho a ver las de vaqueros. ¿Un hobby? Mirar fútbol. ¿Qué música escucha? Clásica. ¿Qué le gusta de la gente? Que exprese lo que siente y que sea solidaria. ¿Qué no le gusta de la gente? He aprendido de la vida que tenemos que aprender a aceptarnos tal como somos.

– Yo diría que te hacés. En mi caso, prácticamente me crié adentro de un diario, de adolescente empecé a trabajar en la desaparecida Tribuna Salteña. Tuve la oportunidad allí de aprender todo lo que era el oficio, de hacer mis primeras armas, hacer notas sobre todo en el tema rural, como cuando íbamos a un remate en Valentín, que hoy lleva una hora, cuando salíamos a un remate íbamos de mañana y volvíamos a la noche. Eso fue un poco mis inicios de empezar a escribir…
- ¿Qué edad tenía?
– Tendría 18 años. En aquel tiempo no había un cronista especializado para cada tema, me acuerdo que el cronista que hacía deportes luego en la hora de cierre de la edición terminaba haciendo sociales o policiales o lo que fuere.
- ¿Llegó al diario por necesidad de trabajar o porque ya la tiraba el periodismo?
– Me tiraba, porque mi padre trabajó en ese medio 40 años o más, era fotógrafo. Mi padre falleció cuando yo tenía 8 años, así que había una vinculación. Y ahí empecé, fui recorriendo todas las secciones en el diario. En aquel tiempo, por el 70 y pico, la fotografía en el diario era una nota, eran tiempos que salía con un rollito de 8 o 10 fotos, que era lo que había, y 3 o 4 tenían que ser publicables. Así me fui insertando en lo que era el periodismo…
- Hay un debate eterno sobre quién es periodista, hay quienes sostienen que es solo aquel que trabaja en la gráfica, dejando de lado a quienes trabajan en la radio o en la televisión, ¿qué opina sobre eso?
– La gente que trabaja en radio y en televisión de repente tiene que hacer muchas más preguntas y está mucho más limitado en el tiempo que el periodista que trabaja para un medio escrito. Ellos tienen sus minutos o sus segundos y la imagen lo está apurando. Entonces, para mí son todos periodistas, somos todos iguales.
- ¿Qué es más importante, la academia o la experiencia?
– En mi caso fue la cancha, porque estamos hablando de 40 y pico de años atrás cuando se escribía a mano, porque no había una máquina de escribir, mucho menos grabadores. Me acuerdo cuando íbamos a algún remate, el rematador hacía declaraciones, que habíamos 2 o 3 colegas, y nos hablaba despacio para que pudiéramos apuntar porque no había un grabador, y si lo había, pesaba 10 kilos y se transportaba en una valija, con unas cintas enormes.
Pero también respeto muchísimo el profesionalismo que hoy en día está adquiriendo el ser periodista a través de la academia. Es una carrera que lleva a que el periodista o el comunicador tenga todos los conocimientos y sea un licenciado que aparecen después de recibidos, pero están teniendo ciertas dificultades para trabajar en los medios, hay problemas económicos. Una persona que tiene un título universitario y que estudió, después tiene que vivir, y hoy en día es difícil poder sustentar a una familia con el periodismo.
- ¿Cómo llega a ser corresponsal de diario El País?
– Mi relación con el diario El País se inició por julio del 85. Me llama la señora Natalie Scheck, que integra el directorio del diario y es directora de la revista Paula, en aquellos años vivía en Salto, yo no la conocía, me llama y me dice, “Pérez, yo quiero que usted trabaje con nosotros”, la verdad que me sorprendió, “quiero que usted vaya al diario”, ya tenía los pasajes en la mano, “quiero que vaya a la sección Rurales, hable con fulano, mañana lo van a estar esperando”.
En aquel tiempo El País copaba todo el interior y tenía aquel famoso eslogan, “El país se salva con el agro o con él perece”, entonces aquello era una máquina de información. Me conocían de mi trabajo en las exposiciones, en aquellos años lo que importaba mucho era la foto en las exposiciones, las cabañas eran como ahora, muy exigentes, la información también tenía que estar en el día.
Después empezaron a decirme, “hay unos temas policiales”, y después llegaron los temas políticos. Con las noticias políticas y policiales empecé otro campo que descubrí y en el que me fui insertando, algo que me llevó un gran esfuerzo porque seguir a un político en aquellos tiempos cuando venían, se enojaban por alguna pregunta. Siempre con el asesoramiento de quien era jefe de redacción o de alguna sección, ahí me fui formando.
- Cuando desde Montevideo se busca determinada noticia, suelen enviar al periodista como carne de cañón. ¿Cómo se enfrenta esa situación?
– De distintas maneras, hay por lo menos dos opciones. Una es escuchar, porque sobre todo el político al llegar un momento crucial de su campaña y cuando sale al interior, siempre va a tirar algo, sin que le pregunten. La otra es esperar a que termine un acto o alguna reunión, y preguntarle. Algunos se ofuscan, otros tienen la suficiente habilidad para esquivar o responden lo que uno quiere saber. Pero la situación más difícil es cuando el político viene, hace una conferencia de prensa con público, y el periodista siente la presión, porque si la pregunta es a conveniencia o como para desacreditar a otro, es festejada. Así que según la pregunta que se haga, te aplauden o te defenestran.
- ¿Cómo ha logrado amoldarse a estos cambios tecnológicos? ¿Cómo fue pasar de las anotaciones en la libretita en los remates a llevar la netbook a las sesiones en la Junta Departamental para que la noticia esté al instante?
– Fui linotipista en Tribuna también, así que escribía en plomo en una máquina que pesaba 1.500 kilos, con 90 teclas, aún tengo algunas señales del plomo cuando saltaba. Después seguí con una maquinita de escribir, que fue mi primera herramienta cuando ingresé a El País, una Olivetti 82, portátil, una valijita verde, que creo que aún conservo. Era lo que teníamos.
La gran dificultad era después de escribir que teníamos que llegar a tiempo a las 12 para mandar todo el material en la Onda. Si no, teníamos que ir a Antel en calle Asencio que recién se había inaugurado, para hablar por teléfono, porque no había teletipo, ni fax, no había nada. Entonces, luego de una espera de casi 2 horas para que hubiera línea, le dictaba la nota por teléfono a otra persona que estaba en la redacción de El País.
Así trabajé hasta que vino un teletipo al Hotel Los Cedros, pero nunca llegamos a usarla porque tampoco funcionó. Así que la primer tecnología que se incorporó fue el fax, todo un adelanto. Después apareció un sistema computarizado, que era por línea telefónica, que era bastante dificultoso. Luego llegamos a lo que es hoy. Todo ha sido un proceso.
- Hoy con las nuevas tecnologías los tiempos se han acortado tanto que la noticia es al instante y en forma permanente.
– Y sí, si ya antes corríamos detrás de la noticia, hoy volamos, y a toda hora. Hoy el celular termina siendo una herramienta que podemos utilizar hasta para un texto corto. Es asombroso mirando para atrás a lo que hemos llegado.
- Con estos avances tecnológicos, donde cualquiera sube una noticia a las redes sociales al instante, ¿no está en peligro la existencia del periodista?
– Desde mi manera de ver, pienso que el periodista no está en vía de extinción, por lo menos los medios y las empresas serias buscarán cómo contrarrestar ese efecto, porque es cierto, si hubo un accidente en la esquina, el vecino lo subió a Facebook o por Twitter y ya es una noticia. Ahora también, muchas veces hay que ver si es creíble lo que ese corresponsal está enviando, hay que saber distinguir si la fuente es seria, si la escena no fue montada, si ocurrió en ese momento o fue el día anterior. Así que por eso, para muchos es cierto, puede estar en riesgo su trabajo…
- Últimamente se vienen enojando mucho con los periodistas, la culpa termina siendo de quien da la información, ¿cómo maneja esto?
– Si la situación se originó y salió publicada, el que se enoja o se siente molesto tendrá que recapacitar. En mi caso, por ejemplo, nunca fui a un juzgado, a no ser para cubrir una noticia. Si alguien se ha sentido molesto, le he explicado que se comunicara con el editor, que han sido muy pocos los casos. Nunca recibí una observación o me dijeron, “mirá que pifiaste y pusiste mal esto”…
- Incluso a veces una fuente se arrepiente y enseguida aclara que él nunca dijo lo que salió publicado, atacando de esta manera la credibilidad del periodista…
– El “yo no dije” es muy común, o “interpretaron mal”. Pero hoy eso ya es más difícil porque aunque no se vea un grabador, alguien lo está grabando. Es lo que estamos viendo hoy en día, y nos estamos enterando de mucho más cosas por esas ocasionales grabaciones de audio o de video que se registran.
- ¿Cómo ha visto al periodismo salteño en este transcurrir de los años?
– Antes no había los medios como para interiorizarse permanentemente de lo que ocurría en el mundo y en el departamento. Antes había que sudar, no había las comodidades que hay hoy, muchas veces ni ventilador teníamos y había que trabajar igual con altas temperaturas. Era un esfuerzo que llevaba que al final de la jornada quien iba a hacer una nota, una foto o a cerrar el diario, era todo un esfuerzo. De alguna manera había un esfuerzo personal, hablo por las personas que conozco, había gente que arrancaba al mediodía y se iba a la 1 o a las 2 de la madrugada, y si había algún acontecimiento social, por ejemplo, y si ese evento terminaba a las 5 de la mañana, ese evento tenía que estar. Hoy es todo más automático.
- ¿Se acuerda de alguna anécdota, luego de tantos años de trabajo?
– Cuando trabajaba en Tribuna, uno de los periodistas de cierre que había, que quedábamos hasta las 3 de la mañana, no sé en qué radio –creo que fue en un radioaficionado- escuchó que encontraron vivos a Canessa y a Parrado, sobrevivientes de Los Andes. Fue una noticia que dimos en Tribuna Salteña casi en directo…
- ¿Ahí se dio el famoso “paren las rotativas”?
– Exactamente. Hubo que cambiar y sacar material, fue todo muy emotivo.
- Después de todos estos años, ¿cómo se siente con el periodismo?
– Bien, y ya sabiendo que estoy jugando los descuentos, pero es lo que me mantiene. No me cuesta saltar de la cama cuando me entero de una información que amerita salir a buscarla, no me pesa. Ha sido mi vida, y es lo que me mantiene con las mismas ganas del primer momento.







El tiempo


  • Otras Noticias...