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Yldemaro Yarrus el hombre invitado por Canaro como bailarín de tango y lo rechazó

Yldemaro Yarrus nació el 10 de abril de 1923, según dice su Cédula de Identidad y por los documentos tendría 94 años pero él asegura que fue inscripto tarde y que en realidad tiene más de cien años.
Se lo puede ver muy bien de salud, lúcido y sentado junto a su señora Nélida Giménez en la vereda de su casa todas las mañanas.AL DORSO [1]
Entre sus anécdotas recuerda cuando Francisco Canaro lo invitó a unirse a su grupo como bailarín de tango luego de verlo bailar muy bien una noche en Concordia (Entre Ríos, Argentina). Sin embargo, no se animó a vivir una vida de viajes y eligió quedarse en Salto.
Aquí, conoció a su mujer, con quien este mes cumple 68 años de casado, formó su familia y se siente muy orgulloso de sus dos hijos, sus nietos y bisnietos.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia?
“Cuando yo tenía seis años más o menos nos mudamos para el hipódromo con la familia, íbamos a la escuela de ahí y al poco tiempo empecé a cuidar caballos. Mi primer trabajo fue de jockey, yo era muy chico, tendría 9 años pero corrí una carrera sola porque cuando estábamos por llegar a la meta y yo iba a ganar porque venía contra los palos, el otro compañero me vino a pasar y yo agarré y le di un lasazo en la cara y le corté la oreja. Yo gané esa carrera pero no se que pasó porque apenas terminó me fui a mi casa y no salí de ahí como por tres meses. Ni al boliche iba, porque ese compañero si me veía había jurado que me iba a pegar”.

Después, ¿como siguió su vida?
“Después empecé a vender verduras, venía hasta Salto todos los días. En esa época había que trabajar para mantener a la familia desde muy chico y además yo era el mayor de mis hermanos. Tenía una bruta clientela y vendí verduras hasta los 12 o 13 años”.

Tiene una anécdota con Francisco Canaro…
“Sí, es cierto. Cuando era muchachito yo era muy buen bailarín de tango. Un día, que había ido a bailar a Concordia, estaba Canaro ahí, pero yo no sabía quien era él. En un momento habló con la gente que estaba ahí y me pidió que bailara la Cumparsita con una muchacha y todos se quedaron mirando. Después me invitaron a ir con él para formar parte del grupo como bailarín en sus presentaciones. Estuvimos charlando un rato, me dijo que me pagaba una plata para estar en Francia, me pagaban el pasaje de ida y vuelta y me daba un sueldo en plata Argentina. Pero yo no quise ir, no me animé, además en esa época los aviones se caían o salías en un barco y no sabías si llegabas y él iba a viajar a Francia. Así que no pelé irme” (risas).

¿Se terminó quedando en Salto?
“Al final me quedé acá en Salto y empecé a trabajar en lo de Montanari, pero lo único que hacía era rosca y golpear el marrón para estirar las rejas. Trabajaba desde las siete de la mañana a las ocho de la noche así que duré poco ahí. Después, el viejo Di Nápoli me vino a buscar para trabajar con él y me dio una reja para hacer y cuando la terminé quedó sorprendido de lo que había hecho pero me despioné enseguida. Después trabajé casi treinta años en lo de Guzzetti Ambrosio y ahí hacía todo tipo de trabajo, lo que venía, desde arreglar un auto, un camión o lo que fuera. El primer día que llegué me dio la eléctrica y nadie sabía usarla porque había una en lo de Montanari y había visto como se usaba y yo me di maña para usarla. Después, cada vez que precisaban un herrero siempre me llamaban. También trabajé en lo del loco Casola como un año y medio y al final puse taller en mi casa. Llegué a tener 103 clientes, y hacía de todo, trabajaba solo y me terminé jubilando como patrón”.

¿Trabajó bien de forma independiente?
“Trabajé muy bien y la verdad que hice plata. Tenía el taller, esta casa que estaba para abajo porque el terreno tiene un desnivel, la levanté todita. Compré una chacra en San Antonio y cuando dejé el taller nos fuimos a vivir ahí. Después a la chacra se la regalé a mi hijo y tenía un terreno que le regalé a mi hija”.

¿Cómo formaron su familia?
“Mi señora vivía en Corralito y salió un baile en la Escuela de Nueva Hespérides y ahí nos conocimos. Había mucha gente pero ella se había interesado por mí que le hacía guiñadas desde la ventana. Después la saqué a bailar y conversamos ahí. Como ella venía todas las semanas a aprender a coser conversamos cuatro o cinco veces más y ahí le dije – yo soy así y así y así, los gustos míos son éstos y éstos, si vos estás de acuerdo en cinco meses nos casamos-”.

¿Se casaron en cinco meses?
“Pero los padres de ella nos pidieron seis meses de novio porque decían que todavía no nos conocíamos bien y no había plata como para hacer una fiesta de casamiento. Y al final, después de los seis meses nos casamos y hasta ahora estamos juntos”.

¿Cuántos años llevan juntos?
“Hace 67 años que estamos casados, criamos los hijos, hicimos la casa. El 17 de diciembre van a hacer 68 años de casados porque ella cumplió los 18 años el 7 de diciembre y nos casamos enseguida. Mi señora siempre se dedicó a los hijos y la casa y está con 87 años y yo trabajando en el taller”.

¿Se los ve muy bien de salud?
“Estamos los dos muy bien, gracias a Dios. Los dos tuvimos una operación en la vista y de vesícula y nada más. Lo que pasa que siempre comimos muy sano, muchas verduras y frutas. A los dos nos gusta la música pero cada uno tiene su propio equipo”.

¿Les queda algo por pedirle a la vida?
“Nosotros no le podemos pedir más nada a la vida, ha sido muy generosa. Así que solo nos queda agradecer por todo lo que hemos vivido y poder disfrutar de los hijos, los nietos y los bisnietos”.