Yo haría lo mismo

Es un tema muy difícil, porque se bifurca el camino en todo momento. Pero trataremos de dar a conocer nuestra posición, con mucho respeto y tolerancia a los que piensen diferente. El hecho de que una jueza de la ciudad de Mercedes, cuyo nombre no en vano es Pura Concepción (y Book, su apellido) haya hecho interrumpir un proceso de aborto iniciado por una mujer en el marco de la ley que la ampara, en el procedimiento denominado IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo), es una tremenda novedad que ha hecho ladrar a los perros, maullar a los gatos y hacer que todo el mundo ponga el grito en el cielo.aborto
El caso es muy complejo, porque si lo medimos desde el punto de vista legal, la acción de amparo no debería haber sido admitida por la magistrada, ya que hay una ley vigente que no deja dudas. La norma establece que la mujer puede interrumpir su embarazo dentro de las 12 semanas de gestación, debido a que el hecho es menos traumático y que lo que le llaman feto, que en realidad es la criatura que se está desarrollando dentro del cuerpo de la madre, puede ser eliminado sin intervención quirúrgica.
Pero ahora aparece el padre de ese “feto”, el hombre que lo concibió junto con la mujer ya que ella por sí sola no podría haberlo hecho, y quiere que el mismo se desarrolle y nazca, quiere ser padre, ver nacer a su hijo y promete cuidarlo y hasta quererlo. Aunque la gran barrera que tiene es que la mujer que lo está gestando y que quiere ejercer su derecho al aborto, según la ley vigente, puede decidir ella misma por lo que tiene adentro de su cuerpo sin preguntarle a quien contribuyó para que esa situación se haya dado así, sin meditarlo tanto. Ella puede decidir sobre sí misma si es un embarazo no deseado.
Acá debe quedar algo claro, como es una cuestión legal no entran los sentimientos, al menos no deberían entrar porque el fuero subjetivo de las partes se mide en el proceso con la intención manifiesta de cada uno, pero el juez no puede ser subjetivo, no puede fallar en base a su concepción religiosa, a sus valores y principios, debe fallar conforme a la ley. ¿No le gusta la ley?, bueno, levante firmas para convocar a un referéndum o promueva que un legislador elabore otro proyecto para derogar esa norma. Como juez, la verdad es una sola y es la de la ley y debe fallar entorno al precepto legal establecido.
Considero que así deben ser las cosas. Aclaro que no comparto la ley del aborto, porque considero que el mensaje que da a las mujeres jóvenes sobre todo, no está bien. Porque en cierta medida se le dice a la mujer que puede hacer lo que quiera con su cuerpo, pero al hombre se le exigen que si el niño nace cumpla con las obligaciones que tiene como padre, aunque sería buena cosa que el mismo empezara a ser considerado tal desde la concepción, involucrándose con el tema y acompañando la situación, eso haría cambiar bastante el hecho de que si la mujer queda embarazada por una cuestión de biología, solamente ella decide por todos. Porque somos muchos los padres que nos interesamos por nuestros hijos desde que el mismo es anunciado y no 24 horas después de nacido, como sostiene la ley uruguaya.
Creo somos la gran mayoría los padres que nos emocionamos cuando a las seis semanas de gestación hemos visto una bolita en la primera ecografía que se va gestando y hoy algunos años después, mantenemos ese recuerdo emocionado. Entonces me banco las críticas y el debate sobre el asunto con las mujeres que son madres y saben lo que es tener un hijo adentro de su vientre, dar a luz y criarlo, a veces solas. Pero no esas mujeres que no saben lo que es el estado de embarazo, que es algo que comprende a la pareja con mucho amor, ilusión y esperanza y hablan por algo que sentirían sin saber qué es.
Por otro lado está el tema del embarazo no deseado, que debe ser atendido porque es una realidad. Existen mujeres que, quedando embarazadas, no desean dar a luz a una criatura por varias razones y en muchos casos, no tiene que ver con la ausencia del padre ni nada por el estilo, sino por una decisión propia. Hay que tener en cuenta esa opción y respetarla. Las mujeres no son incubadoras, son una persona y su posición vaya si cuenta.
Y es allí cuando doy el debate por la acción que tomó el padre de la criatura que, acaso emocionado por ser progenitor y tener ese orgullo, manifiesta el derecho de querer serlo. El tema es que en Uruguay choca de nariz contra una ley que antepone la voluntad de la mujer por sobre todas las cosas, a decidir sobre su cuerpo y sobre la vida de una criatura, si dejarla desarrollarse hasta que nazca o terminar con ella antes. Así como también con ello, la ley habilita a que la mujer además opte por darle la posibilidad al hombre que concibió la criatura para quien esto escribe, feto para la ley, de ser padre. Y eso será lo que seguramente prevalezca en este caso, porque la ley debe estar por encima de todas estas cosas.
El hecho pasa por si esa ley es justa. Para las mujeres lo es, en función de que prioriza su interés, su deseo y procura cuidar su biología, dándoles la chance de que puedan dar a luz solamente si desean hacerlo, de lo contrario pueden optar por el proceso instrumentado por el Estado, a través del Ministerio de Salud, donde se lleva a cabo el cumplimiento de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).
En tanto que para los hombres que quieren ser padres, tienen que tener en cuenta que siempre se va a priorizar el deseo de la mujer, sin importar si son esposos, novios, amantes, o compañeros ocasionales, el derecho a tener un hijo en Uruguay pasa primero por el resorte legal de que la mujer así lo desee. Nos guste o no nos guste.
En ese aspecto, la jueza Pura Concepción, lo que hizo fue desafiar, quizás en base a sus creencias, el Estado de Derecho, por entender que esa ley que le asiste derecho a la futura madre, es totalmente injusta. El hecho es tan arriesgado, que limitó un derecho a sabiendas de que dudosamente podía hacerlo y encima pudiendo generar un perjuicio a la mujer, en el caso de que los plazos legales para dilucidar este hecho superen el que plantea la ley para continuar con el proceso de interrupción del embarazo.
En ese caso, la pregunta es, si la ley le termina asistiendo razón a la mujer y la jueza debe levantarle la prohibición para que continúe con el proceso de aborto, y los tiempos legales hicieron que pasaran las 12 semanas de gestación que es el plazo fijado por la norma para cumplir con el aborto, ¿cómo solucionamos el tema? ¿Se arriesgará a la mujer a un embarazo no deseado; es decir a que tenga un hijo que no quiere, generando un daño y un sufrimiento también y sobre todo para ese niño, o a que la mujer llegue al extremo de ir a una clínica clandestina, que siguen existiendo y a raudales, poniendo su vida en riesgo?
No hay una respuesta sola para esto. Pero si a mi me preguntan, yo respondo: más allá de que hay una ley que no podemos desconocer y que le asiste derecho a la mujer para que decida por ella misma, por lo cual la norma merece respeto, yo haría lo mismo que está haciendo ese hombre y lucharía por ser el padre de esa criatura que ayudé a gestar. Pero la ley, es la ley. Más allá de que la crea injusta, fría y egoísta, es ley y debe prevalecer ante lo que yo quiera o piense.

HUGO LEMOS







El tiempo

Ediciones anteriores

septiembre 2018
L M X J V S D
« ago    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

  • Otras Noticias...