¿No hay ordenanzas y disposiciones en esta materia?

El hombre, un conocido empresario y apreciado vecino del Cerro llegó a nuestra Redacción para mostrarnos las huellas de dos feroces dentelladas en su antebrazo derecho. Sucede, nos contó, que iba con mi señora subiendo la cuadra de 8 de Octubre, de Joaquín Suárez a Zorrilla de San Martin, cuando al pasar junto a la reja de una casa, un perro sacó su cabeza por entre la reja y me mordió.

Felizmente me largó, porque se trata de dos Pitt Bull (conocidos también como perros – toro), que según me dijeron luego en la Policía, si llegan a cerrar su mandíbula no la abren más, al punto que en algunos casos hay que meterles un hierro en la boca o amenazarlos con fuego como única forma de lograrlo.

Me pregunto, nos dice el visitante. ¿Qué hubiera pasado si quien transitaba por la vereda hubiera sido un niño del Jardin o la escuela cercana?. La mordida fue a la altura de la cabeza de un niño. Pero además, ¿no hay ordenanzas y disposiciones en esta materia?.

En materia de salud, a veces hay errores que pueden pagarse muy caro y bien pudieron evitarse, con la responsabilidad debida. Se nos cuenta el caso de un niño de escasa edad, al que se le aplicó un inyectable para determinada dolencia y luego pasó bastante mal.

Sus padres se interiorizaron ante esta reacción y había sucedido que la inyección que debía aplicarse lentamente y observando la reacción del niño, fue aplicada casi en segundos. La médica tratante dijo posteriormente, que las consecuencias podrían haber sido desastrosas. ¿Quién se responsabiliza?.







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