“Todos bajan del ómnibus y piensan que tienen que tirar el boleto en la calle. ¡Qué barbaridad!”, decía la responsable de un comercio de la calle Agraciada donde paran todas las líneas de ómnibus mientras barrían la mugre que deja la gente que se baja de los coches justo en la puerta de su kiosco.

Desde que abrió el comercio, donde entra mucha gente a comprar algún bizcocho o algo para comer, pusieron un gran tacho de basura en el lugar para que todo el que pase pueda tirar la basura. Pero ayer de tarde, parecía que la falta de educación estaba a la orden del día, porque a lo largo de la calle Agraciada al 2100 estaba lleno de envoltorios de comidas rápidas, helados y galletitas esparcidas por la cuadra.

Los automóviles que tienen sistemas de audio incorporado y potenciado al punto que llevan parlantes como en una discoteca, generan problemas de contaminación sonora tanto para quienes van en su interior, donde seguramente a lo largo del tiempo perderán en alguna media el nivel de audición, así como también genera inconvenientes para quienes circulen a su alrededor y para las casas que deben soportar el desplazamiento del coche.

En horas de la madrugada del domingo, un coche con la música a todo volumen y potenciada por esos equipamientos de sonido propios de un boliche de la costanera, estuvo parado durante varios minutos esperando a una persona que rato después se subiría al mismo. Mientras tanto, la música sonaba tanto que impactaba en las casas linderas, lo que provocó que un hombre saliera, le golpeara la ventanilla del coche al conductor y tras un par de palabras, el joven bajó sensiblemente el volumen.

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