El pasado miércoles casualmente…

El pasado miércoles casualmente quien estos escribe se trasladaba en ómnibus desde Tacuarembó a Paso de los Toros. Apenas unos kilómetros de la salida del coche, hacia su destino,  nos encontramos con un  camión volcado en la ruta 5.
A raíz del accidente la ruta se hallaba “regada” de botellas de plástico de refrescos de conocidas marcas. Muchos de los envases se hallaban destruidos, pero otros de diferentes tamaños, desde los más chicos a los de 2 litros, estaban en perfectas condiciones.
En dicho ómnibus viajaba  un numeroso grupo de maestras de escuelas del interior del departamento de Tacuarembó. Lo lamentable de esto, es que cuando notaron que alguien le alcanzó una botella de refresco al guarda, se molestaron porque no se le alcanzaba nada a ellas.
Esto es lo mas lamentable. Lo que sentí en esos momentos es que a nadie preocupaba que consecuencias había tenido el accidente, si había lesionados o incluso víctimas fatales.
La preocupación de aquellas maestras  era conseguir los refrescos, que dicho sea de paso tenían dueño y obviamente tomarlos sin autorización constituye un delito, pero más de ello pensamos: ¿que valores de responsabilidad social?, ¿de solidaridad? Podrían trasmitir estas docentes?

El pasado miércoles casualmente quien estos escribe se trasladaba en ómnibus desde Tacuarembó a Paso de los Toros. Apenas unos kilómetros de la salida del coche, hacia su destino,  nos encontramos con un  camión volcado en la ruta 5.

A raíz del accidente la ruta se hallaba “regada” de botellas de plástico de refrescos de conocidas marcas. Muchos de los envases se hallaban destruidos, pero otros de diferentes tamaños, desde los más chicos a los de 2 litros, estaban en perfectas condiciones.

En dicho ómnibus viajaba  un numeroso grupo de maestras de escuelas del interior del departamento de Tacuarembó. Lo lamentable de esto, es que cuando notaron que alguien le alcanzó una botella de refresco al guarda, se molestaron porque no se le alcanzaba nada a ellas.

Esto es lo mas lamentable. Lo que sentí en esos momentos es que a nadie preocupaba que consecuencias había tenido el accidente, si había lesionados o incluso víctimas fatales.

La preocupación de aquellas maestras  era conseguir los refrescos, que dicho sea de paso tenían dueño y obviamente tomarlos sin autorización constituye un delito, pero más de ello pensamos: ¿que valores de responsabilidad social?, ¿de solidaridad? Podrían trasmitir estas docentes?