Eran las cinco de la tarde de una apacible jornada

Eran las cinco de la tarde de una apacible jornada, cuando una joven golpea a la puerta de la casa de una persona y le pregunta por unas sandalias que supuestamente tenía para vender. El hombre, sorprendido por la situación, le dice que se equivocó de persona. Pero la mujer insiste y le dice que un “cuñado” del dueño de casa, fue el que le pasó el dato, aduciendo además que las mismas tenían como origen un viaje de su esposa al exterior.
A esto, el hombre le pide que identifique a ese supuesto “cuñado” para saber de quién estaba hablando. Y la joven aduce no recordar su nombre, pero a su vez le da dos datos, el nombre de pila de su interlocutor y el domicilio al que había acudido. El sujeto, más asombrado aún, le confirma que sí, que esa persona que menciona es él, pero le reitera que no tiene sandalia alguna para la venta y que su esposa no hizo ningún viaje.
Ante la exigencia del hombre por conocer el origen de esta historia, la joven se vio obligada a telefonear a su madre para que le abriera la computadora y le dijera el nombre del contacto que allí figuraba, quien habría sido el iniciador de este confuso episodio.
Al proporcionarle el nombre de su supuesto “cuñado”, el hombre dijo desconocer de quien le estaba hablando y le advirtió a la mujer que estaba ante un presunto caso de estafa. Aunque el error fue no pedirle los datos personales a la joven que había ido hasta su casa para ver las “sandalias” que supuestamente “estaban para la venta”, antes que se retirara.

Eran las cinco de la tarde de una apacible jornada, cuando una joven golpea a la puerta de la casa de una persona y le pregunta por unas sandalias que supuestamente tenía para vender. El hombre, sorprendido por la situación, le dice que se equivocó de persona. Pero la mujer insiste y le dice que un “cuñado” del dueño de casa, fue el que le pasó el dato, aduciendo además que las mismas tenían como origen un viaje de su esposa al exterior.

A esto, el hombre le pide que identifique a ese supuesto “cuñado” para saber de quién estaba hablando. Y la joven aduce no recordar su nombre, pero a su vez le da dos datos, el nombre de pila de su interlocutor y el domicilio al que había acudido. El sujeto, más asombrado aún, le confirma que sí, que esa persona que menciona es él, pero le reitera que no tiene sandalia alguna para la venta y que su esposa no hizo ningún viaje.

Ante la exigencia del hombre por conocer el origen de esta historia, la joven se vio obligada a telefonear a su madre para que le abriera la computadora y le dijera el nombre del contacto que allí figuraba, quien habría sido el iniciador de este confuso episodio.

Al proporcionarle el nombre de su supuesto “cuñado”, el hombre dijo desconocer de quien le estaba hablando y le advirtió a la mujer que estaba ante un presunto caso de estafa. Aunque el error fue no pedirle los datos personales a la joven que había ido hasta su casa para ver las “sandalias” que supuestamente “estaban para la venta”, antes que se retirara.







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