Hemos llamado al servicio municipal correspondiente

Vecinos de calle 25 de mayo, a la altura de Artigas, se comunicaron con EL PUEBLO, el sábado a la noche para trasmitir su malestar, por el hecho de que hace varios días que el lugar está a oscuras, debido a que varios focos de la iluminación pública no funcionan.
Hemos llamado al servicio municipal correspondiente – que precisamente está a un par de cuadras de allí – nos dicen que van a concurrir, pero van pasando los días y no lo hacen, señalaron nuestros informantes.
La venta del emblemático local del Cine Teatro Plaza en el centro de Montevideo, a un grupo religioso que habría pagado o pagaría algo así como 4 millones de dólares por el mismo, reabrió la polémica por el tema. No se trata de afectar el derecho del propietario a vender, n i tampoco el valor cultural que pudiera representar.
En Salto hay una experiencia en este sentido. Hoy, ninguna de las cinco salas de cine que llegó a tener la ciudad (Salto, Plaza, Ariel, Sarandí y Metropol), ha subsistido y todas ellas han sido destinadas a otras ocupaciones.
Lo que está en juego, o debería estar, es en qué medida la proliferación de estos grupos religiosos está dentro de lo admisible para la comunidad, un tema por supuesto nada fácil de discernir. En Salto, uno de los locales comprados por un grupo religioso, es el del ex Banco Caja Obrera, un valioso inmueble en calle Sarandí.

Vecinos de calle 25 de mayo, a la altura de Artigas, se comunicaron con EL PUEBLO, el sábado a la noche para trasmitir su malestar, por el hecho de que hace varios días que el lugar está a oscuras, debido a que varios focos de la iluminación pública no funcionan.

Hemos llamado al servicio municipal correspondiente – que precisamente está a un par de cuadras de allí – nos dicen que van a concurrir, pero van pasando los días y no lo hacen, señalaron nuestros informantes.

La venta del emblemático local del Cine Teatro Plaza en el centro de Montevideo, a un grupo religioso que habría pagado o pagaría algo así como 4 millones de dólares por el mismo, reabrió la polémica por el tema. No se trata de afectar el derecho del propietario a vender, n i tampoco el valor cultural que pudiera representar.

En Salto hay una experiencia en este sentido. Hoy, ninguna de las cinco salas de cine que llegó a tener la ciudad (Salto, Plaza, Ariel, Sarandí y Metropol), ha subsistido y todas ellas han sido destinadas a otras ocupaciones.

Lo que está en juego, o debería estar, es en qué medida la proliferación de estos grupos religiosos está dentro de lo admisible para la comunidad, un tema por supuesto nada fácil de discernir. En Salto, uno de los locales comprados por un grupo religioso, es el del ex Banco Caja Obrera, un valioso inmueble en calle Sarandí.