Llovía mucho…

Llovía mucho, el agua había desbordado la cuadra, y la calle estaba totalmente anegada. Esto precipitó la decisión del hombre que tenía que ir a su trabajo y que asiduamente lo hace en moto. Pero ahora pensó mejor y optó por tomarse el ómnibus del recorrido urbano, cuyas líneas pasan todas a una cuadra de su casa y van camino al centro de la ciudad.
Tras una espera de diez minutos, bajo la precaria protección del paraguas, pudo subirse a uno y dirigirse a destino. Sentado junto a la ventana, en un coche que ya quedaba abarrotado de gente, miraba por el vidrio empañado del ómnibus cómo la intensidad del agua paralizaba la ciudad. Hasta que en un momento determinado, comenzó a sufrir en carne propia la adversidad del clima.
Un chorro de agua comenzó a caer sobre los pasajeros, ya que entraba por una de las aberturas del coche en cuestión y esto motivó a que todos se levantaran y reclamaran al conductor del servicio que vio lo que estaba pasando y siguió viaje. Pero tras el malestar de los pasajeros, vino la respuesta del funcionario “y bueno, es lo que hay por 6 pesos, sino te gusta, podes bajarte”, le dijo a un vecino que molesto con la situación se comunicó con el diario.
En tanto, un ómnibus que acudió en auxilio de otro que se había roto cuando estaba en pleno servicio y con muchos pasajeros encima, determina la real dimensión por la que está atravesando el sector. Ocurrió que luego de cambiarse los pasajeros de coche, a este último no le funcionaba la marcha atrás, y debió esperar a que saliera el que estaba adelante para poder moverse.

Llovía mucho, el agua había desbordado la cuadra, y la calle estaba totalmente anegada. Esto precipitó la decisión del hombre que tenía que ir a su trabajo y que asiduamente lo hace en moto. Pero ahora pensó mejor y optó por tomarse el ómnibus del recorrido urbano, cuyas líneas pasan todas a una cuadra de su casa y van camino al centro de la ciudad.

Tras una espera de diez minutos, bajo la precaria protección del paraguas, pudo subirse a uno y dirigirse a destino. Sentado junto a la ventana, en un coche que ya quedaba abarrotado de gente, miraba por el vidrio empañado del ómnibus cómo la intensidad del agua paralizaba la ciudad. Hasta que en un momento determinado, comenzó a sufrir en carne propia la adversidad del clima.

Un chorro de agua comenzó a caer sobre los pasajeros, ya que entraba por una de las aberturas del coche en cuestión y esto motivó a que todos se levantaran y reclamaran al conductor del servicio que vio lo que estaba pasando y siguió viaje. Pero tras el malestar de los pasajeros, vino la respuesta del funcionario “y bueno, es lo que hay por 6 pesos, sino te gusta, podes bajarte”, le dijo a un vecino que molesto con la situación se comunicó con el diario.

En tanto, un ómnibus que acudió en auxilio de otro que se había roto cuando estaba en pleno servicio y con muchos pasajeros encima, determina la real dimensión por la que está atravesando el sector. Ocurrió que luego de cambiarse los pasajeros de coche, a este último no le funcionaba la marcha atrás, y debió esperar a que saliera el que estaba adelante para poder moverse.